Opinión

Ni KGB ni Gestapo

Estamos en presencia de un intento de instaurar una institución de soplonaje, que por la forma liviana como está regulada expondrá a las empresas a ser víctimas de chantaje, extorsión, vendettas y un largo etcétera.  

Hoy nada impide que se hagan denuncias y que sean anónimas (...) El punto es premiar al denunciante, y hacerlo sin ponderar si participó o no en los hechos denunciados, y sin considerar si está o no amparado con el secreto profesional. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Hoy nada impide que se hagan denuncias y que sean anónimas (...) El punto es premiar al denunciante, y hacerlo sin ponderar si participó o no en los hechos denunciados, y sin considerar si está o no amparado con el secreto profesional. AGENCIA UNO/ARCHIVO

En mi calidad de presidente de la Comisión Tributaria de la Cámara Nacional de Comercio (CNC), me correspondió asistir al Congreso para exponer lo que significará la Reforma Tributaria para el país. Traté de ser lo más claro posible en el poco tiempo que tuve. Lo hice poniendo énfasis en los cambios que considero más significativos. Así fue, por ejemplo, que indiqué que hay numerosas empresas Pymes, que siendo Pymes porque tienen ingresos menores a las 75.000 UF, no califican legalmente como tales, por tener que sumarles a sus ingresos los que registran sus propietarios. Precisé que hay empresarios que pierden los beneficios establecidos para las Pymes, porque su inversión no la hicieron como personas naturales sino por medio de una sociedad, y la ley impide clasificar a esa sociedad intermedia como Pyme, si el 35% de sus ingresos provienen de otra sociedad (sea o no Pyme). Junto con agregar que la Reforma propuesta por el gobierno no se hace cargo de esto, subrayé que hoy con la normativa vigente, el emprendedor paga harto más que un trabajador dependiente por la misma riqueza, y que esa diferencia es aún más significativa cuando se compara su situación con un contribuyente que no es Pyme, aunque sea dueño de una Pyme. Señalé y con un ejemplo que esa diferencia se torna aún más dramática cuando se revisa lo que propone la Reforma Tributaria. 

Posteriormente expliqué lo que implica el impuesto al diferimiento. Agregué que eso afectaría el ahorro y la inversión, y que castiga al empresario que hace bien las cosas. Manifesté que los dineros de las empresas están invertidos en ella misma o en el mercado (bancario, de capitales o inmobiliario), y que cualquiera que éste sea, se traduce en réditos que benefician al país como un todo.  Luego quise centrarme en otros cambios, pero por tiempo me fue imposible. Sólo me quedé en su enunciado, subrayando que, aunque parecía una buena idea beneficiar a las Pymes con una tasa de interés menor a la que pagan las otras empresas que están en mora, consigné que a la CNC le gustaría que se estableciera un tope en el cobro que el Estado realice. Sugerimos un máximo de 50% sobre el capital reajustado. Finalmente, y remarcando que quedaba poco tiempo, señalé que la idea del denunciante anónimo era una propuesta que me parecía atroz, propio de la Gestapo y la KGB.

Bastó esa referencia para que el diputado del Partido Comunista Boris Barrera, solidarizara con las víctimas del régimen nazi (sin mencionar las de la KGB), y que el ministro de Hacienda, exigiera cuidar el lenguaje. No se consideraron las propuestas que la Cámara Nacional de Comercio planteó, algunas de ellas bastante relevantes, ni las observaciones correctivas formuladas. El foco se puso en la referencia que hice a la Gestapo y la KGB. Indudablemente ambas autoridades tienen razón en que no puede compararse la situación que vivieron las víctimas de los regímenes totalitarios nazistas y comunistas con la situación que puedan vivir los contribuyentes que son denunciados por infracciones tributarias. Fue un error ejemplificar con ellos. No fue mi intención hacerlo. Sólo quise remarcar lo odioso que es que las empresas tengan o puedan tener dentro de ellas, a alguien que pueda recibir un premio por denunciarlos. Hoy nada impide que se hagan denuncias y que sean anónimas. Mucha gente lo hace. La página del mismo SII permite hacerlo. El punto es premiar al denunciante, y hacerlo sin ponderar si participó o no en los hechos denunciados, y sin considerar si está o no amparado con el secreto profesional.

En Estados Unidos, la solicitud para obtener esta recompensa requiere que el “soplón” (Whistleblower) complete un formulario, en el que debe describir cómo tomó conocimiento de la información, y describa completamente la relación presente y pasada que haya tenido con el denunciado, declaración que además está sometida a la pena de perjurio. Se exige además para otorgar el premio o recompensa, que el monto denunciando exceda los USD2 millones de dólares cuando son empresas, y si son personas naturales las denunciadas, que su renta bruta supere los USD200.000. Nada de eso establece el proyecto analizado. En síntesis, estamos en presencia de un intento de instaurar una institución de soplonaje, que por la forma liviana como está regulada expondrá a las empresas a ser víctimas de chantaje, extorsión, vendettas y un largo etcétera.  
 

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