Opinión

Paquete ambiental en Estados Unidos

Aunque bastante desapercibida, como todas las buenas noticias, Estados Unidos ha dado una gran noticia al mundo. ¡Se puede, claro que se puede! AGENCIA UNO/ARCHIVO
Aunque bastante desapercibida, como todas las buenas noticias, Estados Unidos ha dado una gran noticia al mundo. ¡Se puede, claro que se puede! AGENCIA UNO/ARCHIVO

Hace unos días se produjo un evento político trascendente en Estados Unidos que fue opacado mediáticamente por el allanamiento de la mansión del expresidente Trump, pero que corresponde rescatar y analizar.

Tras meses de discusión y entrampamiento en el Senado, y cuando parecía que la iniciativa ya fracasaba, en un giro bastante imprevisto para el público general y la mayoría de los analistas, el gobierno de Biden lograba mayoría para uno de sus proyectos estrella, lo que se conoce como el proyecto de ley de reducción de la inflación. Este paquete con recursos por USD700.000 millones tiene disposiciones sobre el clima, la salud y los impuestos. Su título se refiere a la inflación porque el paquete apunta a disminuirla de dos maneras fundamentales: reduciendo los costos energéticos y sanitarios para las familias y ayudando a reducir el déficit. Pero lo más significativo tiene que ver con el medio ambiente como lo veremos.

El proyecto partió el senado en dos, con los 50 senadores republicanos en contra, lo que lamentablemente no fue una sorpresa. El triunfo fue posible porque finalmente se logró convencer y compensar con concesiones a 2 senadores demócratas díscolos, a los que se sumó el voto dirimente de la vicepresidenta Kamala Harris.

Esta es una gran victoria del presidente Biden en momentos en que su liderazgo estaba fuertemente cuestionado, además en un contexto de marasmo político y creciente deterioro económico, con las elecciones de mitad de período a la vuelta de la esquina (8 de noviembre) y en las cuales es muy probable que el gobierno pierda su mayoría parlamentaria, dejándolo a la merced de la oposición en su segunda parte. El resultado no solo revitaliza políticamente al presidente, también lo deja con un programa multimillonario de transformaciones que podría constituirse en uno de los elementos principales de su legado, además de mejorar su opción en las próximas elecciones legislativas.

Parece extraño que un triunfo se deba al alineamiento de los propios sin conseguir votos republicanos, pero como están los tiempos de polarizados, esto no debe desmerecerse. Lo que era natural ya no es evidente. Dentro del complejo y revuelto marco doméstico y mundial, esto es una reivindicación de la política como medio para generar cambios relevantes. Un ejemplo de que se puede avanzar a pesar de todo, combinando negociación y más negociación sin ceder a la desesperación o al ofuscamiento, con presión ciudadana. Hay que decir que, en ese sentido, especialmente los jóvenes agrupados en grupos ambientalistas fueron fundamentales para mantener el tema en agenda y lograr que los senadores rebeldes recapacitaran.

Con la victoria en el Senado, el proyecto irá a ahora a la Cámara de Representantes, donde los demócratas tienen mayoría y no debiera haber problemas para su aprobación y consecuente promulgación.

El proyecto de ley, que considera USD370.000 millones de inversiones climáticas, ofrece una serie de créditos fiscales para las personas que se pasen a fuentes de energía más limpias, como los vehículos eléctricos y los paneles solares en los tejados. Estos incentivos entrarán en vigor en 2023  y, según los expertos, supondrán una reducción del 40% de las emisiones de efecto invernadero respecto de los niveles de 2005 para finales de esta década.

También se prevé que las inversiones generen unos 9 millones de puestos de trabajo en el país, creando, no solo un vasto sector de manufacturas y servicios ambientales, también impulsando la cultura de apoyo a la acción climática. Y el proyecto invierte USD60.000 millones para ayudar a las comunidades afrodescendientes y de bajos ingresos que durante décadas han servido de vertedero de las infraestructuras de combustibles más sucias y peligrosas. Se trata de un aumento sin precedentes de la financiación federal para la justicia medioambiental.

En momentos en que abundan los signos del cambio climático con las olas de calor en el hemisferio norte y su secuela de incendios y sequía - el Rin apenas se puede navegar por su histórico bajo nivel actual  y en el Reino Unido se ha declarado oficialmente la sequía en algunas partes de Inglaterra, con los hogares enfrentando restricciones en el uso del agua y la agricultura amenazada por la pérdida de parte importante de sus cosechas - y hay un retroceso en los compromisos de descarbonización producto de la crisis energética y económica, Estados Unidos da una potente señal, sacudiéndose de su imagen de contribuyente principal e indolente al calentamiento global.

La aprobación del proyecto de ley contribuirá en gran medida a que este país cumpla con sus obligaciones en virtud del acuerdo climático de París, y le proporcionará una nueva influencia y legitimidad para convencer a otras naciones de que hagan lo mismo. En combinación con los recientes avances en materia de política climática en todos los países, este proyecto hace que sea menos probable (aunque todavía estamos peligrosamente cerca) que lleguemos a un punto de no retorno en materia climática. También podría consagrar a la presente década como aquella en la cual se produzca una notable aceleración en el despliegue de las energías renovables.

Este laborioso, arduo, dramático y estrecho triunfo pudiera ser un punto de inflexión en los esfuerzos por adaptar nuestros sistemas productivos y de vida a la emergencia ambiental. Ha quedado en evidencia una vez más los formidables obstáculos que enfrenta esta transformación, con poderosos grupos de interés, particularmente ligados a los combustibles fósiles, que están resistiendo con todo el cambio. La ejemplificación de su poder en Estados Unidos es que ningún senador republicano, ninguno, votó favorablemente el proyecto.

En este caso los actores estelares del triunfo fueron el presidente Biden, casi octogenario, el líder de los senadores demócratas Chuck Schumer, 72 años, y una pléyade de ciudadanos movilizados, con una alta proporción de jóvenes. Un amplio arco intergeneracional con un sentido de propósito y determinación, clave para cualquier transformación.

Aunque bastante desapercibida, como todas las buenas noticias, Estados Unidos ha dado una gran noticia al mundo. ¡Se puede, claro que se puede!

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