Opinión

Para que de verdad sea un feliz Día del Niño

Si queremos que la Constitución sea participativa, debemos ver cómo los niños y adolescentes puedan participar de ella. En ello existe un imperativo moral que debe subsanarse para garantizar la total representatividad en la casa de todos. Sólo de esta manera podremos decir en propiedad que es y será un feliz Día del Niño.

Este domingo 8 de agosto de celebra un nuevo Día del Niño en el país. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Este domingo 8 de agosto de celebra un nuevo Día del Niño en el país. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Por:  Harry Grayde

Cuando por estos días en Chile se celebra el Día del Niño, la efeméride bien permite reflexionar sobre qué estamos realizando como sociedad para reconocer a nuestra infancia como sujetos plenos de derecho, es decir, cómo logramos reconocer su participación como individuos activos de cambio dentro de todos los espacios sociales en los que se desenvuelven: la familia, la escuela y la comunidad.

En esa línea, podemos decir que este 2021 celebramos un mejor Día del Niño que el año anterior, toda vez que pronto ha de promulgarse una muy postergada Ley de Garantías y Protección Integral de los Derechos de la Niñez y Adolescencia, normativa frenada por el Ejecutivo, veto que, finalmente y felizmente, fue declarado inadmisible por la Cámara de Diputados, dando por finalizada su tramitación.

Con esta Ley de Garantías, niñas y niños podrán contar con una educación y salud garantizada. Se permitiría la existencia de un sistema de alerta y atención preventiva de las violencias que emergen en los hogares. La comunidad escolar podrá apoyar a las familias ante la presencia de situaciones conflictivas, sin judicializar su solución. También se podrá apoyar a los adultos significativos de la niñez en estrategias de cuidado, crianza y resolución de conflictos sin violencia. Adicionalmente, se podría extender el programa “Chile Crece Contigo” en cuanto a cobertura amplia en servicios y edades (incorporando la adolescencia), que sea el eje estructurante de los servicios que el Estado le presta a su ciudadanía infantil.

Asimismo, la normativa debiese permitir contar con un Estado que tendría como mandato que todos sus ministerios y servicios mancomunaran esfuerzos intersectoriales, trabajo y presupuesto en pro de la niñez -de toda la niñez- independientemente de su origen social, de su nacionalidad, condición de salud, entre muchos otros factores.

La Ley de Garantías debiera permitir contar, además, con organismos territoriales especializados a cargo de hacer los seguimientos en los lugares georreferenciados por alto hacinamiento y situación de pobreza, y también aquellos que han presentado violencia intrafamiliar, negligencia parental u abandono en todos los estratos sociales, con objeto de generar medidas que, ante la coyuntura de la emergencia sanitaria, prevengan y protejan a la niñez frente a determinaciones de la autoridad, como las extensas cuarentenas que han debido enfrentar niños y niñas en el último tiempo.

Lo anterior, sin duda, constituye una buena noticia. Pero si de verdad queremos que el Día del Niño sea feliz, falta todavía más.
Nos sumamos al llamado de la Defensoría de la Niñez y de organizaciones de la sociedad civil de enfatizar en la imperiosa necesidad de que la Convención Constitucional permita la participación de niños, niñas, adolescentes y jóvenes (NNAJ) en la redacción de la Carta Fundamental.

No hay que perder el foco de que fueron niños y jóvenes quienes gatillaron este proceso constituyente y serán los niños quienes vivirán de lleno en el nuevo Chile que consagrará la Carta Fundamental. Si queremos que la Constitución sea participativa, debemos ver cómo los niños y adolescentes puedan participar de ella. En ello existe un imperativo moral que debe subsanarse para garantizar la total representatividad en la “casa de todos”. Sólo de esta manera podremos decir en propiedad que es y será un feliz Día del Niño.

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