Opinión

Pensar social

La libertad proviene de la convivencia y esta de contar con puntos de encuentro. Hoy es un vacunatorio y ojalá que pronto sean las escuelas, los hospitales, los juzgados, los espacios en los que nos podamos encontrar, sin privilegios.

En el norte y en sur, todos pusieron el brazo y recibieron la vacuna sin distinción (Agencia UNO/Archivo)
En el norte y en sur, todos pusieron el brazo y recibieron la vacuna sin distinción (Agencia UNO/Archivo)
Por:  Guillermo Bilancio

Chile se ha ubicado en el centro de la escena en la lucha contra el COVID-19, gracias a la ejemplar implementación de su modelo de vacunación. En este punto, la transversalidad fue el eje. En La Pintana y en Las Condes, en el norte y en sur, todos pusieron el brazo y recibieron la vacuna sin distinción, sin privilegios, sin vacunatorios “vip”. Un claro ejemplo de lo que se logra practicando la convivencia, no la inclusión. Porque en Chile nos cansamos de hablar de inclusión sin darnos cuenta qué, al promoverla, no hacemos otra cosa que reconocer la desigualdad.¿Quién, a dónde y por qué incluir? ¿Acaso hay alguien con el poder de incluir? Si es así, la democracia no la estamos entendiendo bien.

Pero volvamos al ejemplo del éxito de la vacunación y allí surge la pregunta: ¿Por qué no repetir este suceso en todos los ámbitos en los que se necesita un Estado presente y donde se respira un país para todos? Diseñar y construir ese país exige definir un objetivo superior, al que no debemos confundirlo con los pilares para lograrlo.

En estos últimos 40 años se diseñó un país en el que el crecimiento económico era objetivo, sostenido en el individualismo, en la acumulación proveniente de un capitalismo obsoleto, en el orden establecido desde una élite que decidía (y  decide) ese orden. Algunos dirán que nos fue bien, pero sabemos que un televisor comprado en cuotas no es un indicador válido para definir el bienestar.

En el mundo que vivimos, pleno de ambigüedad, de restricciones que en algunos casos llegan a la opresión, donde se mezcla la abundancia con las carencias, debemos pensar en cómo lograr que los ciudadanos sean un poco mas libres y para eso será necesario construir espacios de convivencia que permitan evolucionar y progresar para integrar. No para incluir. Y si pensamos la libertad responsable como objetivo superior, se deben considerar y trabajar sobre los factores clave para lograr ese ideal buscado.

Por supuesto que el capitalismo expansivo es el que va a brindar el crecimiento económico necesario en una sociedad moderna, pero de nada sirve si no consideramos tres pilares fundamentales de una democracia también moderna, donde los dogmas le dejan paso a la integración de ideas. Respeto por los DDHH, compromiso con la dignidad y el empleo, justicia social en términos de educación, salud y justicia, son los pilares esenciales para lograr convivencia y paz social.

Y en esos tres pilares, nuestros indicadores son bajos. La discriminación que llega a situaciones de violencia social, el abuso de quienes detentan el poder económico y la falta de un Estado presente y sólido, son los grandes temas por resolver en un diagnóstico que ya conocemos “de memoria” pero, quién sabe porqué motivo, nunca le damos respuesta con acciones políticas concretas. Porque es política y no gestión la que resuelve ese conflicto superior y eterno entre “nosotros y ellos”, el dilema eterno producto de la mezquindad social. Porque es la política, la que condujo la gestión de vacunación como un proceso para practicar la democracia social.

La libertad proviene de la convivencia y esta de contar con puntos de encuentro. Hoy es un vacunatorio y ojalá que pronto sean las escuelas, los hospitales, los juzgados, los espacios en los que nos podamos encontrar, sin privilegios.

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