Opinión

Polonia y el asilo contra la opresión

No todo lo que brilla es oro. En los últimos años, Polonia ha recibido un importante flujo de  ucranianos; ahora las atrocidades de la guerra abrirán esa llave al máximo. Pero, actualmente, las cifras hablan de casi 700 mil haciendo los trabajos peor pagados que los polacos no están dispuestos a realizar.

La brutalidad de un líder nacionalpopulista ha forzado a personas inocentes a migrar.La brutalidad de un líder nacionalpopulista ha forzado a personas inocentes a migrar.
La brutalidad de un líder nacionalpopulista ha forzado a personas inocentes a migrar.

Polonia ha declarado que tendría capacidad para dar refugio a un millón de ucranianos y que incluso podría llegar a albergar a 4 millones. Y no se ha quedado en las palabras: desde la caída de los primeros misiles rusos en Kiev, abrió su frontera, permitiendo entrar a todos los que huyen de ese monstruo grande que pisa fuerte, la guerra, sin exigencias de papeles, PCRs negativos y ninguna otra absurda traba burocrática, dadas las lamentables circunstancias. También han ofrecido asilo otros países vecinos, como Rumanía y Hungría. Pero el caso de Polonia ha sido celebrado en redes sociales por los que han visto el horror que representa para millones de personas inocentes la agresión armada de Putin, “el zar” de la Rusia moderna. 

No todo lo que brilla es oro, aunque qué bien que en un momento histórico tan duro para más de 44 millones de seres humanos afectados directamente –la población de Ucrania–, su vecino ofrezca recibir a los que huyen, declare que hay posibilidad de dar empleo a un millón de personas e instruya a los ayuntamientos locales para que habiliten albergues y reorienten sus recursos a este fin. Eso, mientras las organizaciones de la sociedad civil se disponen a apoyar a los refugiados con diferentes tipos de ayuda, y las Iglesias y la empresa privada plantean respuestas de albergues y laborales para los que llegan.

En los últimos años, Polonia ha recibido un importante flujo de trabajadores ucranianos; ahora las atrocidades de la guerra abrirán esa llave al máximo. Actualmente, las cifras oficiales hablan de casi 700 mil haciendo los trabajos básicos y peor pagados que los polacos no están dispuestos a realizar. Eso, mientras los números extraoficiales llegan a los dos millones. Con un crecimiento anual de 5% y una bajísima tasa de desempleo, el gobierno polaco, que es de extrema derecha, conservador y de inclinaciones xenofóbicas, ha privilegiado a los ucranianos, con los que tiene afinidad religiosa –ambos pueblos son cristianos: ortodoxos, los ucranianos, y mayoritariamente católicos apostólicos, los polacos–, cultural y racial, por sobre los musulmanes. 

En la Polonia actual, los temporeros, los obreros de la construcción, quienes prestan servicios domésticos, son mayoritariamente ucranianos. Son lo que los bolivianos a los chilenos, cumpliendo tareas estacionales y cíclicas, a los que se han sumado haitianos, colombianos y venezolanos de manera masiva. Ahora, la brutalidad de un líder nacionalpopulista ha querido que esa precariedad se acreciente, forzando a personas inocentes a migrar, tal como –aunque con cuentagotas– lo viene haciendo desde hace décadas el dictador Nicolás Maduro en Venezuela. La diferencia dramática entre lo que sucede hoy en Ucrania con lo que pasa en Venezuela es que la diáspora europea se debe a una invasión armada por parte de Rusia y la venezolana es a causa de la narco corrupción de una dictadura liderada por un incompetente que aplaude a Putin, mientras mata de hambre a su propio pueblo. La otra gran diferencia es que en América no ha habido acciones conjuntas destacables de solidaridad de los países involucrados en la migración de venezolanos. Por el contrario, a excepción de Colombia, que por su vecindad inmediata, ha dado cobijo, todos tratan en endilgarle el problema a otro. De que la gente pase y se vaya bien lejos con su pobreza.

Quienes hemos estado recientemente en Colchane, epicentro del problema migratorio venezolano en Chile, podemos dar fe de los palos de ciego que son las ayudas humanitarias aisladas y precarias de los pocos que intentan hacer algo. De la inexistencia de una política migratoria a la altura de la tragedia. De la falta de visión para lograr que se junten el hambre con las ganas de comer, que es lo que está haciendo sin dilaciones y con fría eficiencia Polonia con los que escapan sin más equipaje que el terror desde Ucrania.

Ximena Torres Cautivo

Periodista y escritora.+ info

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