Opinión

¿Pondremos, finalmente, a los niños primero?

Todavía es posible priorizar a los niños en la política pública. Un primer paso sería a través de la anunciada reformulación del Plan Paso a Paso. Es de esperar que en el diseño del nuevo listado de medidas se hayan considerado los efectos que cada una de ellas tendrá en el bienestar y desarrollo de niños y adolescentes, y que esta vez las escuelas sean lo último en cerrar y primero en abrir.

"Además, en los debates en torno a todas las elecciones, especialmente en las primarias presidenciales, ni la infancia ni la educación parvularia o escolar han sido considerados como un tema relevante". AGENCIA UNO/ARCHIVO
"Además, en los debates en torno a todas las elecciones, especialmente en las primarias presidenciales, ni la infancia ni la educación parvularia o escolar han sido considerados como un tema relevante". AGENCIA UNO/ARCHIVO
Por:  Pía Turner

El 2018, luego de una campaña presidencial en la que “Los niños primero” fue una de las premisas más repetidas, se publicó el Acuerdo Nacional Por la Infancia, firmado por representantes de casi todo el espectro político, y generando las expectativas de que comenzaría un período en el que el bienestar de niños, niñas y adolescentes sería una prioridad en la política pública. Por desgracia, a casi tres años del Acuerdo, esa expectativa no se ha cumplido, y en el área de la educación se ha evidenciado con crudeza.

Proyectos de ley derivados o relacionados al Acuerdo, como los de Sala Cuna Universal, Ley de Equidad en la Educación Parvularia y Kínder Obligatorio, que apuntaban a avanzar en el derecho a la educación para todos los chilenos, han sido rechazados por la oposición, o están estancados en el Congreso, sacrificados por la contienda política.

Con respecto a otras medidas incompletas del Acuerdo, como la creación de una Política Nacional de salud mental infantil, es razonable esperar que el estallido social y la pandemia hayan impedido al Gobierno dedicarse totalmente a ellas. Sin embargo, en las políticas diseñadas durante estos dos últimos años, los niños tampoco han estado primero, lo que se ha notado especialmente en el Plan Paso a Paso, que no le da prioridad a la educación presencial y la relega al grupo de actividades consideradas como no esenciales. Cabe recordar que, para muchas familias con hijos menores de 18 años, los establecimientos educacionales son una de las presencias más importantes y constantes del Estado en sus vidas, ya que es a través de ellos que sus hijos reciben la mayoría de las prestaciones sociales a las que tienen derecho, y que esa es una de las razones por las que los organismos internacionales han establecido que las escuelas deben ser lo último en cerrar y lo primero en abrir.

Al problema en el Paso a Paso se suma el que, por su lado, diputados de oposición han presentado dos proyectos de ley para atrasar la apertura de colegios, aportando en línea contraria a lo que sería una priorización de la educación e infancia.

Complementariamente, en los debates en torno a todas las elecciones de este año, especialmente en las primarias presidenciales, ni la infancia ni la educación parvularia o escolar han sido considerados como un tema relevante. De hecho, los organizadores del debate de Chile Vamos del lunes recién pasado ni siquiera consideraron que ameritaba preguntar sobre ello. El martes, en el debate de Apruebo Dignidad, se habló solamente de los procesos de admisión al sistema escolar. Así, pareciera que “Los niños primero” fue más una moda que una convicción real.

Ahora bien, todavía es posible -y urgente- priorizar a los niños en la política pública. Un primer paso sería a través de la anunciada reformulación del Plan Paso a Paso, que podría publicarse hoy. Es de esperar que en el diseño del nuevo listado de medidas se hayan considerado con mucho cuidado los efectos que cada una de ellas tendrá en el bienestar y desarrollo de niños, niñas y adolescentes, y que esta vez las escuelas sean realmente lo último en cerrar y primero en abrir.

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