Opinión

Preguntas de política exterior

“¿Cómo se explica querer sentar en la mesa a Daniel (Ortega, no Jadue), a Nicolás, a Díaz-Canel, dictadores y representante de dictaduras reconocidas como tales, aunque sea a regañadientes incluso por el mismo que promueve invitarlos?”

"¿Será buena idea cuestionar de un tirón toda la política exterior de Estados Unidos así como así?" AGENCIA UNO/ARCHIVO
"¿Será buena idea cuestionar de un tirón toda la política exterior de Estados Unidos así como así?" AGENCIA UNO/ARCHIVO

Fue una semana singular. Quedamos a cargo de Izkia. El Presidente viajó en gira oficial a Norteamérica, el país se dividió entre fans –más–, detractores –menos– y observadores desinteresados, gente más ocupada de parar la olla, irse temprano para la casa no sea que por el camino te vayan a emboscar y de no agarrarse un virus estacional. 

Yo, que estoy entre el masivo grupo de los terceros, fui juntando preguntas que me surgieron a partir de las redes, atentas a cada uno de los pasos presidenciales. 

¿Resultado? 

Interrogantes diversas y poéticas, dignas del Libro de las Preguntas de Neruda, que revisité, inspirada. Les comparto algunas de las que recogí: 

¿Cómo se explica querer sentar en la mesa a Daniel (Ortega, no Jadue), a Nicolás, a Díaz-Canel, dictadores y representante de dictaduras reconocidas como tales, aunque sea a regañadientes incluso por el mismo que promueve invitarlos? ¿Sería igual de grato y adecuado para la democracia tener instalados en las reuniones de la Cumbre de las Américas a Augusto (Pinochet), a Rafael (Videla) y a Gregorio (Álvarez), como dijo en su alocución el secretario general de la OEA, Luis Almagro, respondiendo de soslayo a los reclamos del presidente híp (st) er crítico? ¿Será buena idea cuestionar de un tirón toda la política exterior de Estados Unidos así como así? ¿A dónde van a parar las exhortaciones grandilocuentes? ¿Quedan en el éter y luego las recoge la paloma de la paz? ¿No se supone que la diplomacia es una dama de pasos delicados, de escarceos amables, dueña de una discreta educación? ¿Será lo mismo ser Lagos que laguna? ¿Qué monarquía occidental se embandera con amapolas? ¿Por qué el circular con un andar de viejo y giros inesperados sobre sí mismo a la hora de ceremonias y fotos? ¿Por qué es tan dura la dulzura del corazón de las certezas? ¿Y no es tan dulce, sino testaruda y llevada de su idea la abundancia de certezas? ¿Por qué no oír más y hablar menos? ¿Hay en el cielo de Boric un único sol? ¿O no hay sol? ¿O hay dos? ¿Por qué se mueve sin querer, por qué no puede estar inmóvil? ¿Lo haría mejor en Londres, en el congreso de los paraguas? ¿El inglés y el francés se le dan fácil? ¿Y el chino mandarín y el chamicuro? ¿Son los chilenos políglotas, expertos en lenguas y pronunciaciones para andar criticando las ajenas? ¿Y cómo te pasa inadvertida la presencia y proximidad de alguien al que acusas de ausente y exhortas con voz inflamada de pasión para luego recular? ¿”Dónde está la cerveza”? ¿Lloras rodeado de risa o de pena recordando cuando la canciller te pasa un papelito con dos líneas? ¿Habría sido pertinente (palabra de moda) estar enterado de que el señor de los océanos hace rato se llama John Kerry y que el mundo existía antes de la revolución de los pingüinos? ¿O hay en ello una tremenda estrategia antiimperialista? ¿Cuánto vive un pingüino Adelaida? ¿Kerry sabe? ¿Quién manda más: la señora peruana del segundo piso o la muy seria de la Cancillería? ¿Quién puede convencer al mar para que sea razonable? ¿Su mamá? ¿Debe la duda seguir a la convicción como una sombra? ¿Puede el ideal del yo, que dice don Carlos, oculto en el yo ser el responsable de los errores persistentes? ¿A dónde van la lágrimas que asoman extraviadas y convertidas en duros guijarros por la nariz de tanto en tanto? ¿Tendrá consecuencias hurgarse la nariz en público? 
 

Ximena Torres Cautivo

Periodista y escritora.+ info

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