Opinión

Presidenciales y discapacidad: ¿elecciones inclusivas? 

La discapacidad no fue tema en ninguno de los debates y los candidatos no visibilizaron ni profundizaron en sus propuestas de discapacidad. Finalmente, en las elecciones mismas no se establecieron las condiciones básicas para lograr la participación electoral de todo el padrón.

Llamamos a los candidatos presidenciales a seguir construyendo propuestas programáticas que vayan en apoyo de los casi 3 millones de personas que viven en nuestro país con algún tipo de discapacidad. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Llamamos a los candidatos presidenciales a seguir construyendo propuestas programáticas que vayan en apoyo de los casi 3 millones de personas que viven en nuestro país con algún tipo de discapacidad. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Por:  Esteban Burgos y Shlomidt Shields

Constantemente las personas en situación de discapacidad (PeSD) quedan indirectamente excluidas en los procesos de participación política, ya sea por las normativas poco efectivas para garantizar el acceso al sufragio, el escaso o nulo abordaje político-programático por parte de los candidatos, o bien con una mínima presencia en cargos representativos.

Al fin conocemos los resultados de la penúltima elección de este año y frente a tanto análisis político posterior, creemos necesario destacar lo ocurrido en las urnas en materia de discapacidad. Esto, porque llama la atención que una vez más las personas en situación de discapacidad son desplazadas indirectamente de este proceso, porque si bien no se les niega explícitamente la posibilidad de participar, si se activan señales de exclusión.

Primero, la discapacidad no fue tema en ninguno de los debates y los candidatos no visibilizaron ni profundizaron en sus propuestas de discapacidad. Finalmente, en las elecciones mismas no se establecieron las condiciones básicas para lograr la participación electoral de todo el padrón, incluyendo a las PeSD. Sobre esto último, fuimos testigos de los problemas asociados a la normativa vigente que permite que estas puedan ser asistidas por otra persona, pero impide el ejercicio de sufragio autónomo dentro de la cabina, debido a que esta no tiene la altura y/o el tamaño que permita un acceso “inclusivo”.

De igual manera, fuimos testigos del tiempo en horas que debían esperar para poder sufragar, porque en locales de más de un piso se esperaba que terminaran de votar las personas que estaban en la fila de la mesa, para bajar a recepcionar el voto de la persona con movilidad reducida.

Respecto de los resultados, esta vez contamos con al menos 12 candidatos con discapacidad que postularon a los distintos cargos, entre ellos, se destacaba a la candidata Paulina Bravo, abogada ciega del Distrito 10 y Yazmín Lorca, contador auditor sorda que se postuló a diputada por el Distrito 6, pero en general la mayoría de estas candidaturas obtuvieron bajas votaciones en sus listas y ninguna de ellas resultó electa. Pero no todas las noticias fueron malas, ya que se eligió por primera vez en la historia de nuestro país a una senadora ciega, se trata de Fabiola Campillay, quien perdió la vista y el olfato durante noviembre del año 2019 y fue electa con la primera mayoría en la Región Metropolitana.

Por último, aún no tenemos certezas estadísticas respecto a las proporciones de votos de personas en situación de discapacidad que se repartieron entre los distintos candidatos, pero confiamos que el 64% de las PeSD que declaró participar regularmente en elecciones lo hizo por la candidatura que mejor representó sus demandas y les otorgue más dignidad para vivir. Para eso, hacemos un llamado a los candidatos presidenciales de la segunda vuelta a seguir conversando y construyendo propuestas programáticas que vayan en apoyo de estos casi 3 millones de personas que viven en nuestro país y que tienen algún tipo de discapacidad.

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