Opinión

Putin, Izkia, Biden, Boric: la novela mundial

“Así me entero de los grandes temas nacionales: hay una gran pelotera porque Izkia fue a comprarse ropa al Casa Costanera, acusan al futuro primer mandatario de partir de vacaciones en avión privado y se especula en torno a una nueva fuerza política formal, la de los amarillos. Estas sí que son noticias”.

Lo de la inminencia de un conflicto que podría conducirnos a una Tercera Guerra Mundial en Chile es tan poco relevante como la novela “Nada”.Lo de la inminencia de un conflicto que podría conducirnos a una Tercera Guerra Mundial en Chile es tan poco relevante como la novela “Nada”.
Lo de la inminencia de un conflicto que podría conducirnos a una Tercera Guerra Mundial en Chile es tan poco relevante como la novela “Nada”.

Aislada en el Golfo de México, navegando pero a la antigua; o sea, en medio del mar pero sin internet, me enfrasco en la lectura del único libro a mano: “Nunca”, la más reciente novela de Ken Follet, celebrado autor británico de “Los pilares de la tierra”. Cuando se incendió Notre Dame en 2019, Follet se lució con su reflexión en torno a la pérdida de la cúpula de la más famosa catedral gótica del mundo, escrita a dos meses del hecho a pedido de sus editores franceses y cuyas ventas fueron destinadas a su reconstrucción.

Ahora el inglés se enfrasca en una historia actual y absolutamente vigente: los prolegómenos de la más absurda conflagración atómica mundial a partir del enfrentamiento de Estados Unidos, China y ambas Coreas, más Japón, que se cuela al final. La novela es mala, mala. Maqueteada, casi infantil. Los fanáticos de Follet sostienen que no es posible que sea obra suya. Sea como sea, lo concreto es que al leerla en las condiciones que lo hice, con una única conexión al mundo –las noticias de Fox y ABC–, al parecer cada vez más inminente invasión de Rusia a Ucrania, con una serie de líderes que se parecen mucho a los que imagina Follet, asustan. Y mucho.

“La Primera Guerra Mundial empezó con un asesinato en Sarajevo, que no era un lugar muy importante; el asesino era un nacionalista serbio, que tampoco era un movimiento muy destacado. La víctima era el sobrino del emperador. Fue un incidente relativamente menor y sin embargo fue el punto de ignición. Y entonces me pregunté ¿puede pasar de nuevo? Una tercera guerra mundial, no por un accidente nuclear o un presidente loco, sino por una secuencia de eventos”, explicó Ken Follet a propósito de su novela. Y, como se dice siempre, la realidad es igual que la ficción, pero mejorada. Hoy los líderes de las naciones en conflicto son Rusia, que, como dice en televisión un senador republicano, económicamente es un país que equivale al estado de Texas.

Los personajes en conflicto son Putin, un hombre de 68 años, que no se considera un zar, sino un trabajador, pero tiene la personalidad y el poder de un zar y que está convencido de que Rusia y Ucrania son una sola. Angela Merkel dijo en una ocasión que a Putin le servía provocar miedo con acciones desproporcionadas, porque “siempre ha tenido una imperiosa necesidad de demostrar quién es el más fuerte”. Machista, achorado, como la mayoría de los chicocos, además tiene que reventarle su contendor inmediato, Volodimir Zelensky, presidente de Ucrania desde 2019. Comediante, guionista y abogado, antes de ser electo con una arrolladora mayoría, este joven líder de 44 años siempre fue partidario de que su país se integrara a la OTAN, cuestión que hoy no comparten Putin ni tampoco los rebeldes ucranianos separatistas pro rusos, alentados obviamente desde el Kremlin por Vladimir.

El otro actor en este volátil escenario es Biden, el mandamás de la otrora indiscutible primera potencia mundial, el casi octogenario Joe, que no tiene un liderazgo claro, sino que se enfrenta a una país cada vez más fragmentado, con problemas de inflación y pandémicos, aunque ahora sus cifras sean mucho más alentadoras que las chilenas. Como dice Follet, es la seguidilla de pequeños eventos los que pueden encender la mecha. Y en esa seguidilla estamos.

Al llegar a puerto, al dejar la navegación a la antigua, pisar tierra firme y lograr la navegación actual, por internet, vuelvo a Chile virtualmente. Así me entero de los grandes temas nacionales: hay una gran pelotera porque Izkia fue a comprarse ropa al Casa Costanera, acusan al futuro primer mandatario de partir de vacaciones en avión privado y se especula en torno a una nueva fuerza política formal, la de los amarillos. Estas sí que son noticias. Lo de la inminencia de un conflicto que podría conducirnos a una Tercera Guerra Mundial en Chile es tan poco relevante como la novela “Nada”.

Ximena Torres Cautivo

Periodista y escritora.+ info

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