Opinión

Quinto retiro y la política del chipeo

Algunos dirán que el gobierno está recibiendo de su propia medicina, ya que tanto el Presidente como sus ministros ex parlamentarios votaron a favor todos los retiros anteriores. No obstante, la función esencial de los parlamentarios es velar por el bien común y un nuevo retiro solo contribuirá a empobrecer a los más vulnerables y  a la clase media.

Las mociones parlamentarias para un quinto retiro nos recuerdan que la profundidad de la crisis social y política que atraviesa Chile es mucho más profunda de lo que se cree. AGENCIA UNO/ARCHIVOLas mociones parlamentarias para un quinto retiro nos recuerdan que la profundidad de la crisis social y política que atraviesa Chile es mucho más profunda de lo que se cree. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Las mociones parlamentarias para un quinto retiro nos recuerdan que la profundidad de la crisis social y política que atraviesa Chile es mucho más profunda de lo que se cree. AGENCIA UNO/ARCHIVO

La RAE define chipear como “pagar al contado” y sin ser una institucionalidad formal, es la institucionalidad informal, o de facto, que se ha tomado el congreso, probablemente la institucionalidad más neoliberal de las últimas décadas.

El estallido social del año 2019 fue algo que los políticos y los partidos no vieron venir, por más que hayan estado a la vista los factores que engendraron la crisis y muchos después de la guerra hayan sido generales, la verdad es que fue un evento que nadie se esperaba. Por lo mismo, tampoco había opciones sobre la mesa de cómo abordarlo y proponer redactar una nueva Constitución que reparara todos los males fue la mejor salida institucional a la que se llegó.

Sin embargo, con el proceso constituyente andando, con los partidos políticos en el suelo y con la crisis del COVID-19 permitiendo mayor flexibilidad fiscal, la mayoría de los parlamentarios optó por el camino propio, buscando popularidad a través del chipeo de dinero ajeno y qué mejor que echar mano a los fondos para la jubilación. A fin de cuentas, los clientes-ciudadanos entendían esos dineros como suyos y a libre disposición, los parlamentarios no debían hacerse responsable de los efectos adversos como la mayor inflación, o las menores pensiones futuras, y el gobierno ya había claudicado en la misión de gobernar.

El triunfo del presidente Boric parecía traer aires nuevos, más allá de las críticas razonables a su proyecto, había logrado reencantar a parte importante de la población con la política, esa cargada de emisiones y simbolismos, más que de números y tecnicismos. No obstante, las mociones parlamentarias para un quinto retiro nos recuerdan por un lado que, la profundidad de la crisis social y política que atraviesa Chile es mucho más profunda de lo que se cree, dado que transformar clientes en ciudadanos toma tiempo y, por lo tanto, chipear dinero seguirá siendo atractivo. Y, por otro lado, que cuando la política se reduce a la lucha por el poder sin pensar en el bien común, donde todo vale con tal de tomar el poder, se entra en un círculo vicioso del cual es muy difícil salir bien.

Algunos, con justa razón, dirán que el gobierno está recibiendo de su propia medicina, ya que tanto el Presidente como sus ministros ex parlamentarios votaron a favor todos los retiros anteriores y, de no ser por la actitud valiente de la ex senadora Carolina Goic ya tendríamos un cuarto retiro a cuestas. No obstante, la función esencial de los parlamentarios es velar por el bien común y un cuarto retiro solo contribuirá a empobrecer a los más vulnerables y a la clase media, dado que sus salarios cada vez podrán comprar menos bienes, ya no podrán acceder a créditos hipotecarios y sus pensiones futuras serán peores que las actuales.

Lo peor de todo es que el futuro no se ve mucho más auspicioso, toda vez que una corriente importante dentro de la Convención Constituyente promueve iniciativas que agudizan los problemas anteriormente señalados. Específicamente, a través de normas que debilitan a los partidos políticos y subsidian movimientos de independientes que juegan a no ser políticos siéndolo, y mediante normas como la que elimina el Senado, dejándonos a merced de parlamentarios que cada tres años están dispuestos a vender a la mamá con tal de ser reelectos. El Senado en este sentido da un balance y visión de largo plazo al desacoplarse de las elecciones de gobierno en el corto plazo.

Jorge Valverde, 

economista
 

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