Opinión

Reúso de aguas grises en tiempos de escasez hídrica

Queda preguntarse si a corto plazo nos veremos obligados a asumir el costo de su implementación, no solo pensando en ser amigables con el medio ambiente, sino sobre todo al pensar en extender la vida útil de este preciado recurso.

La mega sequía, presente en la última década, afecta principalmente a la zona central del país. AGENCIA UNO/ARCHIVO
La mega sequía, presente en la última década, afecta principalmente a la zona central del país. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Por:  Marco Díaz

El último informe sobre el Cambio Climático señala que nuestro país vive una gran sequía debido al déficit de precipitaciones. A la fecha, 172 comunas cuentan con decreto de escasez y las últimas comunas decretadas pertenecen a la Región de Los Lagos.

En estos diez años, el consumo de agua potable disminuyó en 1,5 m3/cliente/mes, unos 50 litros/día, equivalente a una llave de jardín abierta por casi tres minutos.

A pesar de la escasez hídrica, aún existe un uso irracional para riego de áreas verdes, dejando escurrir el agua sin control, mientras que, en contraste, hay municipios con iniciativas dignas de replicar, tecnificando el riego y plantando especies de bajo requerimiento.

Frente a esta realidad, el reúso del agua gris es una alternativa con gran potencial, las cuales son, según La Ley N°21.075, “aguas servidas domésticas residuales, provenientes de las tinas de baño, duchas, lavaderos, lavatorios y otros, excluyendo las aguas negras”. Estas aguas pueden habilitarse para uso urbano (riego de jardines y recarga de inodoros), recreativo, ornamental, industrial y ambiental, aunque no son aptas para consumo humano, riego de frutas y hortalizas que crecen a ras de suelo, establecimientos de salud, balnearios y fuentes ornamentales, donde hay riesgo de contacto con personas.

Sin embargo, la piedra de tope para su masificación es el alto estándar de calidad que requieren los efluentes por donde escurren estas aguas grises, lo que encarece su operatividad. Aunque, por otro lado, en el caso de las viviendas, las exigencias con respecto al diseño, operación y mantención son menores, no exigiendo el monitoreo y control diario.

Entonces, queda preguntarse si a corto plazo nos veremos obligados a asumir el costo de su implementación, no solo pensando en ser amigables con el medio ambiente, sino sobre todo al pensar en extender la vida útil de este preciado recurso.

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