Opinión

¿Salvavida?

El problema de ella no es que apoye una opción. Su problema es que lo haga argumentando que con la victoria del apruebo resulta más fácil conducir las transformaciones que necesitamos.

Bastó sin embargo que asumiera Bachelet, pero ahora con el apoyo del Partido Comunista para que Chile comenzara a decaer. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Bastó sin embargo que asumiera Bachelet, pero ahora con el apoyo del Partido Comunista para que Chile comenzara a decaer. AGENCIA UNO/ARCHIVO

Aunque no es novedad que el actual presidente se contradiga, ya que es parte de su sello el que lo haga, resulta grave por decir lo menos que en vez de gobernar y hacerse cargo de los problemas que nos aquejan y que son muchos, se dedique hacer campaña a una opción, que legítimamente puede tener, pero que no representa a todos. Repugna y mucho; que lo haga con cargo a recursos que pertenecen al Estado, que proceda sin ningún recato, y que además ningún órgano de control lo frene. 

No es que la movilización de Boric y su entorno, defina la votación de septiembre. Por el contrario, tal como ocurrió en el Plebiscito del SI y el NO, la intervención descarada del poder gubernamental seguida del uso también descarado de recursos públicos generó como ahora, molestia en mucha gente. Además, que los que votarán rechazo, lo harán por razones que ellos consideran sustantivas, las que en el último tiempo en vez de debilitarse se han acentuado, y no solo por las malas decisiones del gobierno en materia económica, sino que además y principalmente porque la mayoría de los que votarán apruebo, quieren que inmediatamente de concluida esa votación, el Congreso por medio del Senado, que entre paréntesis el texto elimina, se avoque a hacerle cambios. La gente que no es tonta, se pregunta ¿qué modificaciones harán y en qué tiempo?, ¿se eliminara lo que no gusta y que motiva a votar rechazo, o precisamente eso se dejará?. Es obvio que si gana el apruebo, y eso lo saben quiénes así argumentan, será imposible modificar lo sustantivo del texto que se votará. Sólo podrán hacerse cambios, pero menores. Si se impone el rechazo en cambio, la discusión partirá de cero, pero por el Congreso, que es quien tiene el Poder Constituyente según el texto que aplicaría. 

Resulta sorprendente que algunos políticos tengan tanta animosidad, resentimiento y odiosidad contra lo que denominan rabiosamente como la derecha, que consideran que esta votación es sobre ellos y su Némesis, en circunstancia que saben o deben saber que es una votación sobre si quieren o no regirse por la Constitución que hizo la Convención Constituyente.

Muchos que votaban y seguirán votando por la izquierda o la centro izquierda, consideran legítimamente que el texto que se votará es malo. Hace al Estado un ente todopoderoso y limita de un modo radical las libertades ciudadanas. Consideran que está bien que el Estado sea social, y que se obligue a priorizar a los que menos tienen. Pero no están de acuerdo, en que eso se haga contra la libertad y los derechos del resto. Reconocen que lo único que permitió que Chile saliera de la pobreza es el crecimiento económico, y que éste se logra con libertad económica y propiedad privada. Tanto así que, tras sucesivos gobiernos de centro izquierda, Chile llegó a ser primero en ingreso per cápita en América Latina. 

Bastó sin embargo que asumiera Bachelet, pero ahora con el apoyo del Partido Comunista para que Chile comenzara a decaer. Por lo mismo, no debiera sorprender que Bachelet a diferencia de los otros presidentes, se manifestara en favor del apruebo. Está en su ADN. Es cosa de repasar su historia y recordar como corrió a saludar a Fidel Castro, la forma en que se refería a Chavez, y la admiración que siempre profesó por  el dictador comunista de la Alemania Oriental, Eric Hoenecker. El problema de ella no es que apoye una opción. Su problema es que lo haga argumentando que con la victoria del apruebo resulta más fácil conducir las transformaciones que necesitamos. Resulta paradójico que lo haga quien no solo reside en países que jamás tendrían algo parecido a lo que ella quiere para Chile (USA y Suiza), sino que además quien como presidente impulsó reformas radicales que no tuvieron ningún problema con la Constitución de su mentor, tanto para ser aprobadas como implementadas tal como se lo recordó y muy bien en un tuit doña Mariana Aylwin - Ley de aborto, votación de extranjeros, cambio del sistema binominal, dos reformas tributarias sucesivas, y un largo etcétera -.
 

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