Opinión

Santa Cristina: el thriller argentino del momento

Cristina no es ni de cerca Evita. Evita, para los enemigos de Perón era “esa mujer”, más peligrosa muerta que viva, por el fervor mítico que despertó su figura y aún hoy es un baluarte pop. 

Cristina de santa no tiene nada y el fallido atentado no la vuelve inocente. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Cristina de santa no tiene nada y el fallido atentado no la vuelve inocente. AGENCIA UNO/ARCHIVO

Sigo las novedades del supuesto magnicidio fallido de la vicepresidenta de Argentina como si fuera una serie de Netflix… aunque mejor que una serie de Netflix.

Me ayudan a entender la bizarra trama dos periodistas de allende Los Andes: el gordo Jorge Lanata y el flaco Luis Majul. Al primero lo veo los domingos en “Periodismo para Todos” y al segundo en “La Cornisa”. Ambos  programas se pueden seguir online en Youtube y dan la perversamente tranquilizadora sensación de que el pasto aún es más verde acá que en la casa de los vecinos.

Majul –que como todo el mundo considera que un atentado es una cuestión condenable– observó recién que, post evento, la vice “se activó en modo Santa Cristina. Y a sus cualidades histriónicas le agregó el toque místico. Ese touch milagrero y sobrenatural que tanto seduce a los peronistas que consumen circo a falta de pan”.

El circo de Cristina Fernández viuda de Kichner ha incluido curas villeros, monjas civiles, conversaciones con el papa Francisco, peticiones para que recen por ella, rosario en el cuello y un look enteramente blanco. Lanata, por su lado, tras condenar el ataque, ha denunciado que “ser víctima no la convierte en santa”.

Gracias a Dios, sería apropiado decir, los argentinos no han comulgado con esa enorme rueda de carreta y, de acuerdo a los sondeos de opinión, el 88% no cree que el atentado deba interrumpir el juicio en que el fiscal a cargo pidió 12 años de cárcel para Cristina Fernández por corrupción. Los Kichner le adjudicaron casi todas las obras viales del país a un fresco que era amigo de ellos y luego les llegaban maletas llenas de billetes en “agradecimiento”. Un senador ultra kichnerista trató de subirse por el chorro post atentado, diciendo: “¿Queremos paz social? Paremos el juicio de Vialidad”, cuadrado con el delirante afán de que Cristina postule a la presidencia de Argentina en 2023 y no se vaya tras las rejas, que es lo que corresponde.

Siete de cada diez personas en Argentina no consideran que el ataque a la vicepresidenta haya sido motivado por discursos de odio, como sostiene la propia y sus seguidores. Y, por si esto fuera poco, el rechazo a la figura de Cristina sigue tan alto como antes del ataque, sobre el 70%.

Ella, sin embargo, se tiene fe e intenta cultivar en el pueblo un culto como el que desató en su época “Santa Evita”.

A 27 años de ser escrita, “Santa Evita”, la investigación novelada de otro gran periodista, Tomás Eloy Martínez, es lectura imprescindible para entender las contradicciones y desencuentros de la Argentina. La novela narra los surrealistas ires y venires del cuerpo embalsamado de Eva Duarte, la patrona de los descamisados, la mujer de Juan Domingo Perón. La que dijo (aunque nunca lo dijo): “Volveré y seremos millones”. La que tenía al campesinado de su país con el alma en un hilo cuando enfermó: temían que junto con su último suspiro se acabaría el mundo.

“Santa Evita” fue velada durante 12 días, en los que medio millón de personas besaron su ataúd y 18 mil coronas de flores coparon el edificio funerario donde estaba su féretro. Eso, mientras al Vaticano llegaban cartas y cartas dando cuenta de sus milagros, y el peronismo pedía que fuera canonización fast track, en su lecho de muerte. Entre 1952 –año de su muerte– y 1954, la Santa Sede recibió 40 mil cartas narrando hechos milagrosos protagonizados por Santa Evita.  

Cristina no es ni de cerca Evita. Evita, para los enemigos de Perón era “esa mujer”, más peligrosa muerta que viva, por el fervor mítico que despertó su figura y aún hoy es un baluarte pop. Cristina de santa no tiene nada y el fallido atentado no la vuelve inocente. Vale recordar la espontánea frase que se le escapó a otro político santificado, Pepe Mujica, cuando dijo: “Esta vieja es peor que el tuerto”, aludiendo el difunto ex presidente del ojo extraviado.
 

Ximena Torres Cautivo

Periodista y escritora.+ info

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