Opinión

Seis meses de la "operación especial"

Vladimir Putin parece tener el control absoluto de Rusia y de sus tropas, pero es imposible que los miles de soldados caídos no tengan un efecto interno en algún momento. No se pueden barrer los muertos bajo la alfombra y mantenerlos ahí por siempre.

Seis meses de la "operación especial"

Han trascurrido seis meses desde el aciago 24 de febrero cuando las tropas rusas iniciaron lo que Putin denominó eufemísticamente “operación especial” para camuflar su ilegítima invasión a Ucrania, alegando una serie de absurdas razones, desde proteger a los ruso parlantes del genocidio ucraniano, hasta derrocar a un régimen nazi. Este hecho ha generado sin duda graves consecuencias a nivel global, algunas de las cuales se extenderán por años. Las alianzas, las visiones del mundo y los mercados energéticos se han puesto a prueba mientras Europa ha vivido su mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial.

Pero revisemos distintas dimensiones de este conflicto, partiendo con la guerra misma. Cuando se produjo la invasión, Putin estaba convencido de que en cuestión de días iba a caer el gobierno ucraniano y que sus tropas serían recibidas como salvadores. Con esa perspectiva, Ucrania se hubiera convertido en un estado vasallo de Rusia, partiendo por la eliminación de su democracia (tan peligrosa para su gobierno dictatorial), y sumando sus riquezas a la órbita rusa. Occidente también pensó que sería un conflicto breve, en atención a la masiva superioridad militar rusa.

Como sabemos, Putin se equivocó rotundamente en su visión, partiendo por desconocer la conciencia nacional ucraniana, que fue la misma que movilizó a su población para oponerse a los invasores y que hizo fracasar el plan inicial de una rápida victoria y de una consecuente fagocitación del país.

Lo que iba a ser una guerra breve se está convirtiendo en una guerra de desgaste. Tras el frustrado intento ruso por conquistar la capital Kiev y la segunda mayor ciudad Járkov, Putin optó por una campaña en el Este, regiones ya parciamente controladas por las milicias pro rusas.

Actualmente, alrededor de un 20% de Ucrania está bajo control ruso, fundamentalmente en el Este y el Sur, donde los rusos tienen el dominio de toda la costa del Mar de Azov y buena parte de la ribera ucraniana del Mar Negro, con la excepción del histórico puerto de Odessa.

Los avances rusos en el Este han sido lentos y la línea del frente está básicamente estancada, mientras en el Sur, Ucrania ha iniciado lo que se espera sea una gran ofensiva para recuperar la ciudad de Jersón.

Los cerca de USD10.000 millones de ayuda militar estadounidense a Ucrania han ayudado sin duda a Kiev a contener a los rusos en la mayoría de los frentes y están complicando la ofensiva de Rusia en el Donbás, pero no es suficiente para expulsar a los rusos, los que cuentan con una artillería superior y un suministro abundante.

El presidente ucraniano y su estado mayor apuestan por desalojar a los rusos de Jersón antes de la llegada del invierno, entendiendo que en esa cruda estación las maniobras militares se verán seriamente restringidas por las condiciones climáticas, permitiendo a los ocupantes fortalecer sus defensas. De triunfar en ese objetivo, además de recuperar una plaza estratégica, sería un gran aliciente para las tropas ucranianas y un golpe sicológico para los rusos. El presidente Zelenski aspira también, con ese eventual éxito táctico, a asegurar la continuidad del apoyo occidental, demostrando que Ucrania podría ganar la guerra.

Más allá de las expectativas ucranianas, todo indica que la línea del frente no se moverá significativamente en los próximos meses, especialmente si no hay cambios sustantivos antes del invierno, y desde esa perspectiva, el alargue podría convenir más a los rusos porque con el frío boreal podría venir un debilitamiento del apoyo occidental a Ucrania, forzando a este país a pactar una paz que favorezca buena parte de las condiciones de Rusia.

El número oficial de víctimas civiles, recogido por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, contabiliza casi 6.000 muertos desde el comienzo de la guerra, en lo que la organización admite que es probablemente un recuento considerablemente inferior a la realidad.

En cuanto a las bajas militares, ambos países han ocultado las cifras, por lo que se manejan cifras emanadas de agencias de inteligencia. Según estas, habrían muerto entre 20.000 y 45.000 soldados rusos, mientras que los ucranianos tendrían un número de muertos que oscilaría entre la mitad y dos tercios de las bajas rusas.  

El gobierno ucraniano estima que al menos 140.000 casas, apartamentos y otros edificios residenciales han sido destruidos en la guerra hasta ahora, dejando a 3,5 millones de personas sin hogar.

La agencia de la ONU para los refugiados, ACNUR, ha contabilizado más de 11 millones de cruces de fronteras hacia la Unión Europea desde Ucrania en el transcurso de la guerra, pero también ha visto a 4 millones de personas dirigirse en la otra dirección. Es poco probable que este cambio sea una tendencia permanente, ya que los funcionarios advierten que la guerra en curso y los fríos meses de invierno podrían hacer que más personas se dirijan al oeste para ponerse a salvo.

Las sanciones contra Rusia, si bien han causado daño y lo seguirán haciendo en el futuro, no han logrado forzar a ese país a negociar un fin de la guerra. Aunque se prevé que la economía rusa se contraiga un 6% este año, y más de 1.000 empresas extranjeras han abandonado o reducido sus operaciones en el mercado ruso, EEUU y la UE subestimaron la capacidad de Moscú para sostenerse financieramente. El rublo es hoy más fuerte que antes de la guerra. Rusia sigue vendiendo petróleo y gas natural a un ritmo constante, obteniendo más de USD337.000 millones en ingresos por petróleo y gas este año, lo que supone un aumento del 38% respecto a 2021.

Al escenario en el campo de batalla ya reseñado, se suman la transformación geopolítica, la amenaza de una catástrofe alimentaria y la crisis energética y su fuerte impacto económico.

Respecto de lo primero, si el propósito de Putin era debilitar a la OTAN que alegaba se había instalado en sus fronteras, entonces obtuvo todo lo contrario, con Finlandia y Suecia en proceso de incorporación en esta alianza. También sacudió a Alemania, que está procediendo a rearmarse, después de décadas de bajos presupuestos en defensa.

En cuanto al tema alimentario, en atención a la condición de granero del mundo que ostentan ambos países en guerra, la disminución de su producción y exportaciones, en especial de Ucrania, ha presionado a un alza importante de precios a nivel global. Esto sumado al impacto del cambio climático en curso que está afectando la producción de casi todos los principales países agrícolas, más la delicada situación financiera que atraviesan muchas economías y especialmente las altamente dependientes de la importación de alimentos, amenaza con generar desde hambrunas hasta estallidos sociales, sumando más presión a los flujos migratorios.

Finalmente, todos hemos sido testigos de cómo han subido los precios de la energía y su efecto en la inflación. Esto ha sido lo que más ha impactado en Europa y existe temor de no contar con suficiente energía para el invierno que se aproxima. Es en este ámbito en el cual Rusia apuesta a romper la unidad de la UE, lo que redundaría directa e indirectamente en el debilitamiento de la capacidad militar de Ucrania, forzándola a negociar la paz con una Rusia en posición de ventaja territorial.

Seis meses después del inicio de esta invasión, es imposible prever cómo terminará la guerra, pero Putin no está menos comprometido con sus objetivos militares hoy que en febrero. Lo que sí puede decirse con certeza es que ha desatado muchos males, incluyendo la pérdida de miles de vidas humanas, y que la responsabilidad recae principalmente en su persona.

Vladimir Putin parece tener el control absoluto de Rusia y de sus tropas, pero es imposible que los miles de soldados caídos no tengan un efecto interno en algún momento. No se pueden barrer los muertos bajo la alfombra y mantenerlos ahí por siempre.
 

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