Opinión

¿Será porque las mujeres pobres son más pobres que los hombres pobres?

Sale el encargado (o encargada) de las propuestas para abordar la pobreza y la desigualdad, temas que gatillan el estallido social que nos condujo al actual momento político, que dan sentido a las banderas y propuestas de Gabriel Boric, y entra al comité político la joven periodista y activista feminista, Antonia Orellana, a velar por los derechos de las mujeres.

En Chile y en todo nuestro continente, la pobreza femenina es mayor que la masculina y la pandemia ha acentuado esa diferencia. AGENCIA UNO/ARCHIVO
En Chile y en todo nuestro continente, la pobreza femenina es mayor que la masculina y la pandemia ha acentuado esa diferencia. AGENCIA UNO/ARCHIVO

No encuentro otra razón que esta verdad meridiana –las mujeres pobres son más, y mucho más, pobres que los hombres pobres–, para sacar al ministro de Desarrollo Social y Familia del famoso comité político del nuevo gobierno y meter a la de Mujer e Igualdad de Género. 

Sale el encargado (o encargada) de las propuestas para abordar la pobreza y la desigualdad, temas que gatillan y explican el estallido social que nos condujo al actual momento político, que dan sentido a las banderas, discursos y propuestas de Gabriel Boric para terminar con los abusos, el abandono y la angustia de los más carenciados, y entra la joven periodista y activista feminista, Antonia Orellana, a velar por los derechos de las mujeres. Lo hace como un símbolo más de un gobierno que se declara pro mujer y que, con mayoría femenina en el gabinete recién designado, con el hito real –este sí lo es– de instalar por primera vez a una mujer en el Ministerio del Interior, la popular Izkia, está sobrado de evidencias de su sensibilidad feminista.

Pero feminismo no es necesariamente lo mismo que preocupación por la pobreza y la desigualdad, además de la infancia vulnerada y de la política indígena, que han sido históricamente los otros temas propios de esta cartera. En 2019 –año del estallido–, una campaña de la oenegé española Manos Unidas con el lema “La mujer del siglo 21 no es como te la imaginas. Ni independiente, ni segura, ni con voz”, recordaba que una de cada tres mujeres de hoy no es como pensamos. Que dos tercios de las mujeres a nivel mundial batallan cotidianamente por superar el hambre, la suya propia pero sobre todo las de sus hijos. Hambre real, no metafórica. No de reivindicaciones ideológicas, sino de pan.  

En Chile y en todo nuestro continente, la pobreza femenina es mayor que la masculina y la pandemia ha acentuado esa diferencia que se explica en los menores sueldos, en la obligación cultural del cuidado (no sólo de los hijos, también de los padres, de las personas mayores, de las con discapacidad), en la proliferación de los hogares uniparentales con jefatura femenina, en la precariedad de las actividades de sobrevivencia a las que pueden acceder las mujeres. Por esto, ojalá, los énfasis de la nueva ministra, su equipo y en definitiva del nuevo gobierno estén puestos más en lo social que en lo reinvindicativo filosófico. Que Antonia haya sido incluida en el equipo que toma las decisiones centrales y estratégicas del nuevo gobierno, porque hará algo por las más pobres de todos, que son las mujeres pobres y sus hijos. Eso para mí debería explicar su presencia en ese selecto grupo político. Ojalá no sea por lo que afirman los analistas políticos más duchos: que su nombramiento vendría a asegurar el control del comité político por quienes están dentro de su coalición de origen: Apruebo Dignidad.

Jeannette Vega, la doctora más añosa, más bachemelena, con expertise en salud pública más que en políticas sociales, de filiación PPD, no calzaría con este objetivo y por eso hacía mucho más sentido tener a una militante de Convergencia Social, el partido del Presidente Electo, para armar el comité político con todas las fuerzas que deben estar representadas. Otros aseguran que el influyente grupo que se reúne tradicionalmente los lunes incluye simplemente a los más amigos del Presidente Electo, excluyendo, eso sí, a Mario Marcel, que fue más bien un nombramiento pragmático-estratégico. En definitiva, ahí estarán Izkia Siches, ministra del Interior; Camila Vallejo, ministra Secretaría General de Gobierno; Giorgio Jackson, ministro Secretaría General de la Presidencia; Mario Marcel, ministro de Hacienda; y Antonia Orellana, ministra de la Mujer y de la Equidad de Género. Esperemos que esta última designación no sea por amistad, ni por estrategia política, sino porque el flamante gobierno que debuta en marzo sabe que las mujeres pobres son más pobres que los hombres pobres y hay que trabajar por cambiar esa situación y mejorar la precariedad social y la desigualdad en que viven ellas y sus hijos. 

 

Ximena Torres Cautivo

Periodista y escritora.+ info

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