Opinión

“¡Sí, profe, se escucha!”

Ser docente es innovar, recrear y repensar en un contexto cambiante y con estudiantes cada día más diversos. Para que, en un futuro, como profesores, no tengamos que enfrentarnos a una clase con todas las cámaras apagadas y desde donde resuena una voz que nos conteste: “¡Sí, profe, se escucha!”.

Se deben impulsar procesos de innovación que signifiquen explorar, experimentar e inventar nuevas metodologías y mecanismos con sentido de realidad. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Se deben impulsar procesos de innovación que signifiquen explorar, experimentar e inventar nuevas metodologías y mecanismos con sentido de realidad. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Por:  Ana Luz Durán

En el ámbito educativo, ser innovadores es un tremendo desafío que muchas veces asociamos principalmente a la incorporación de tecnologías en el proceso de enseñanza y aprendizaje. Ese es un primer error. Cómo no recordar las anécdotas de Gabriela Mistral cuando decían que ella era una innovadora porque salía al patio con los estudiantes, ampliando la tradicional sala de clases.

La innovación implica fortalecer capacidades en las escuelas y liceos, pero también en la educación superior en sus distintas modalidades, para mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje. Esto nos lleva a impulsar procesos de innovación que significan explorar, experimentar e inventar nuevas metodologías y mecanismos con sentido de realidad y contexto para lograr aprendizajes. 
 
Tenemos que ser capaces de medir y evaluar esas innovaciones para que sean posibles de escalar y ampliar a diversas realidades. Ese es uno de los principales desafíos, que la acción o estrategia implementada y que el logro de resultados sea replicable en distintos momentos y situaciones con efectos similares.

Existen ciertos factores que median en este proceso y que son necesarios de considerar, tales como: la autonomía relativa de los estudiantes para asumir con mayor responsabilidad su proceso educativo; un adecuado uso de las tecnologías al proceso educativo con resultados; inmediatez en la comunicación entre profesores y estudiantes y un componente emocional más difuso dado por la falta interacción física que complica la identificación de trastornos emocionales.

Hoy estamos volviendo a la sala de clases tradicional, pero no somos los mismos, porque hemos vivido experiencias de aprendizaje a distancia que tienen aspectos positivos. El BID (2021) nos plantea un nuevo perfil docente que combina el uso de tecnologías, pero con un desarrollo socioemocional importante a través de la relación docente-estudiante, la gestión y organización del aula en ambientes de aprendizaje adecuados y habilidades transversales.

Ser docente es innovar, recrear y repensar en un contexto cambiante y con estudiantes cada día más diversos. Para que, en un futuro, como profesores, no tengamos que enfrentarnos a una clase con todas las cámaras apagadas y desde donde resuena una voz que nos conteste: “¡Sí, profe, se escucha!”.
 

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