Opinión

Todos asistimos a la graduación de Flavio

Aunque ha tenido etapas en que ha logrado arrendar una pieza, hoy vive “en situación calle”, como él dice. En una carpa, en las inmediaciones del hospital Barros Luco. También nos cuenta que es bueno en matemáticas y que quisiera ser contador. Y que está decidido a lograrlo. 

Y es lógico que todos quieran premiar el esfuerzo de Flavio, pero el problema es que hay otros 50 mil Flavios que requieren ayuda profesional, permanente, dedicada y adecuada a sus diversas y complejas problemáticas sociales, familiares, económicas de aprendizaje.
Y es lógico que todos quieran premiar el esfuerzo de Flavio, pero el problema es que hay otros 50 mil Flavios que requieren ayuda profesional, permanente, dedicada y adecuada a sus diversas y complejas problemáticas sociales, familiares, económicas de aprendizaje.

Conocí a Flavio y a Sylvia, su apoderada, el lunes pasado. 

Buscábamos a un joven que encarnara la situación de los estudiantes que, con tremendo esfuerzo y contra los más feroces vientos y mareas de la exclusión social, intentan terminar su trayectoria educativa en escuelas o programas de reingreso de Fundación Súmate. Flavio se graduó el viernes de tercero y cuarto medio en la Escuela Betania, en La Granja, donde, además, obtuvo el premio al Espíritu Súmate. 

Su historia y su personalidad nos impactaron. Acompañado de Sylvia, que es la psicóloga de la escuela, además de su tutora, el joven de 19 años nos contó que cuando tenía 7, su mamá los dejó, a él y a sus 7 hermanos. Desde entonces y hasta ahora ella tiene problemas graves de consumo de drogas y Flavio la ha borrado de su vida. Cuando tenía 9, el padre también se fue. Flavio, que es de los hermanos mayores, se puso a trabajar como vendedor ambulante. Ha tenido problemas de consumo, pero desde hace tres años, cuando llegó a la Escuela Betania, empezó a ordenarse, con los ires y venires propios de los niños, niñas y jóvenes que están desescolarizados, rezagados en su aprendizaje, que han vivido episodios de violencia o estado en conflicto con la justicia, que llegan a escuelas como Betania, derivados desde el Sename (hoy Mejor Niñez) o de otros programas o servicios que se ocupan de la infancia y adolescencia vulnerada. 

Aunque ha tenido etapas en que ha logrado arrendar una pieza, hoy vive “en situación calle”, como él dice. En una carpa, en las inmediaciones del hospital Barros Luco. También nos cuenta que es bueno en matemáticas y que quisiera ser contador. Y que está decidido a lograrlo. 

Flavio es el chico que andábamos buscando para que asistiera con Liliana Cortés, la directora de Fundación Súmate a una audiencia con el ministro de Educación, Juan Antonio Ávila. También iría Geraldine, otra alumna de una escuela de reingreso de Súmate, la padre Hurtado de Renca. A ella la habíamos conocido meses atrás, recién electa presidenta del Centro de Alumnos del establecimiento, y nos había impresionado su lucidez y decisión para superar el círculo del delito en que ha vivido. 

El @profMarcoAvila, como se hace llamar en Twitter el ministro, mencionó en redes la visita dentro de sus actividades del día martes pasado. El propósito de la audiencia era sensibilizarlo sobre lo complejo que resulta encantar a los niños, niñas y jóvenes con el sistema escolar y lograr que vuelvan a las aulas, cuando el financiamiento es o sobre la base de fondos concursables o de subsidios que se quedan dolorosamente cortos, y está sujeto a los cambiantes criterios de las autoridades de turno. El mismo ministerio había comentado la semana pasada que en 2021 se matricularon 50 mil personas que no asistieron a clases este año. Queríamos que el profe Ávila les pusiera cara a esos jóvenes excluidos en las personas de Flavio y Geraldine, dos casos de éxito, porque, teniendo todo en contra, están resueltos a retomar sus estudios. 

El viernes le ofrecimos a Tele13 que asistiera a la graduación de Flavio, luego de preguntarle a él mismo si estaba dispuesto a exponer su situación. Su historia impactó a la audiencia, la que, como suele pasar, se dividió entre los conmovidos sensibles y los justicieros implacables, llenos de críticas y soluciones mágicas desde el desconocimiento. En Facebook alguien averiguó y filtró la cuenta RUT de Flavio con la mejor intención, y así empezaron a llegar donaciones, suponiendo que la plata lo soluciona todo. Otros proponían “parches” creativos, como que durmiera en la escuela. Algunos querían “adoptarlo” y llevárselo para sus casas. El ministro profe volvió a tuitear sobre Flavio, diciendo “yo estuve con él”. 

Lo dramático es que nadie está de verdad con él y, menos, con los 50 mil que no fueron a clases este año pese a haberse matriculado. A muy pocos les importa que la exclusión educativa y las organizaciones como Súmate que trabajan día a día por devolverles su derecho a la educación a los niños, niñas y jóvenes, cada año, deban hacer gala de creatividad para ser vistos por el gobierno, por los parlamentarios, por la empresa privada. Todo para conseguir esos esquivos recursos, que deberían ser adecuados a la tremenda tarea que significa re encantar a un niño o niña que ha sido marginado y excluido de un sistema escolar rígido que se deshace del problemático.  

El Talmud sostiene que quien salva a una persona, salva a la humanidad entera, lo que es cierto. Y es lógico que todos quieran premiar el esfuerzo de Flavio, pero el problema es que hay otros 50 mil Flavios que requieren ayuda profesional, permanente, dedicada y adecuada a sus diversas y complejas problemáticas sociales, familiares, económicas de aprendizaje. 

Hagamos todos ahora algo en serio por ellos. Para que puedan concluir sus 12 años de escolaridad teóricamente obligatorios, como hizo Flavio contra viento y marea.  
 

Ximena Torres Cautivo

Periodista y escritora.+ info

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