Opinión

Un preámbulo es la visión país

La Constitución no es algo transitorio aunque evolucione, como tampoco es un manual de instrucciones. Es un marco filosófico para la convivencia cívica, y desde ese lugar hay que tener en claro qué es un preámbulo y su relevancia.

No nos queda otra opción que interpretar y evaluar libremente, y con actitud crítica pero positiva, los contenidos propuestos en la nueva Constitución. AGENCIA UNO/ARCHIVO
No nos queda otra opción que interpretar y evaluar libremente, y con actitud crítica pero positiva, los contenidos propuestos en la nueva Constitución. AGENCIA UNO/ARCHIVO

En estos tiempos de oquedad, de oscuridad y de distracción, a veces es necesario poner claridad a la velocidad. Esta etapa de confusión, lógica en toda instancia de evolución social, está contaminada por una campaña proselitista basada en la imbecilidad programada de quienes intentan imponer una verdad revelada, provocando el enfrentamiento inútil que exacerba las emociones destructivas de una sociedad que prefiere escuchar a falsos traductores en lugar de leer un proyecto y sacar sus propias conclusiones.

En tal sentido habría que preguntarse si estábamos preparados para abordar este proceso sin un “entrenamiento político” previo. Pero ya estamos en el baile, entonces bailemos.

Es preciso considerar que todo proceso constituyente es un espacio de reflexión y aprendizaje que exige rigor y relevancia,  por lo que no era recomendable abordarlo desde la inmediatez con la que se está llevando a cabo. 

La importancia que implica redactar una Nueva Constitución que signifique un cambio necesario y posible para el país, no solo merece darse un plazo más holgado para poder pensar y acordar diferentes posiciones, sino que además hubiese sido razonable haber tomado un tiempo y una distancia más amplia para iniciar el proceso constituyente, el que está obviamente influido por el pasado reciente del estallido social que genera un círculo reforzador del revanchismo por un lado, como también una actitud reaccionaria del otro lado de esta grieta social que tristemente parece ensancharse. Qué triste hablar de lados.

Pero el presente nos plantea que el proceso está en marcha y finalizando, por lo que no nos queda otra opción que interpretar y evaluar libremente, y con actitud crítica pero positiva, los contenidos propuestos en la nueva Constitución. Y como todo debe abordarse desde el principio, vamos a detenernos en el preámbulo.

De acuerdo a lo que planteó como propuesta el constituyente Baradit, ese preámbulo debiese estar “cargado” de historia de siglos pasados y de historia reciente al mencionar el 18 de septiembre de 1810 y al remarcar el 19 de octubre de 2019 como hitos fundamentales en la vida política de Chile.

Claramente, ambas fechas tienen significados profundamente diferentes,  generando reacciones distintas desde los pueblos originarios que no se ven representados en la independencia, a otras reacciones que provienen de quienes no consideran al estallido como un hecho representativo. La propuesta de Baradit era un panfleto.

La Constitución no es algo transitorio aunque evolucione, como tampoco es un manual de instrucciones. Es un marco filosófico para la convivencia cívica, y desde ese lugar hay que tener en claro qué es un preámbulo y su relevancia.

Un preámbulo no es una revisión histórica sino que, en esencia, es la definición de una visión país, una visión que como toda aspiración parte de entender una situación conflictiva, a la que deben incorporarse los valores que sostienen a una sociedad para resolver esos grandes temas con una mirada hacia delante.  Por lo tanto, un preámbulo debiese ser un relato en el que no se discute el pasado, sino una alternativa esperanzadora y, en definitiva, un porvenir.  

Un preámbulo es una síntesis de lo que se espera de un país en el que se quiere vivir, y por lo tanto debe ser el integrador del espíritu de todas las leyes que constituyen esa ley fundamental que es la Constitución. Un preámbulo debe plantearse la libertad, la equidad y las bases para el desarrollo social que asegure un futuro de convivencia. Un preámbulo, debe ser tan simple pero tan sólido que permita ser recitado de memoria por todos y todas, porque es la visión que nos debe unir.

Tomémonos el tiempo. Respiremos y miremos a nuestro alrededor. Quizás podamos hacer una gran poesía unificadora en este país de poetas.

Guillermo Bilancio

Consultor en Alta Dirección.+ info

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