Opinión

Un presidente para tiempos complejos

Sea quien sea, el próximo Presidente debe hacer lo imposible por recuperar las confianzas y el carácter republicano que primó durante las últimas décadas en el país. Debe intentar devolverle la fuerza a nuestra institucionalidad y no jugar con las expectativas e incertidumbres de las personas, inversionistas y empresas.

La segunda vuelta presidencial tendrá lugar este domingo 19 de diciembre. AGENCIA UNO/ARCHIVO
La segunda vuelta presidencial tendrá lugar este domingo 19 de diciembre. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Por:  Erick Rojas

Hace poco más de dos años nuestro país estuvo a punto de caer en un nuevo quiebre institucional de consecuencias insospechadas.

Afortunadamente, la mayor parte de las fuerzas políticas encontraron una salida democrática a la revuelta y firmaron el acuerdo constituyente. Un proceso inédito en la historia republicana chilena que tiene expectante a las chilenas y chilenos, y que siguen atentamente las principales democracias del mundo.

Como todo cambio, el proceso constituyente abriga expectativas y esperanzas y, al mismo tiempo, genera muchas incertidumbres y preocupaciones.

Si el aplastante resultado del Apruebo motivó el espíritu refundacional en gran parte de nuestros constituyentes, los resultados de las últimas elecciones parlamentarias deberían ayudar a encauzar el debate hacia una Constitución más inclusiva y representativa.

En las últimas elecciones los votantes reafirmaron que quieren cambios, pero cambios con responsabilidad, que nos permitan avanzar en las materias sociales urgentes y recuperar nuestra debilitada institucionalidad.

Por suerte, el nuevo tablero político en el Congreso, sin mayorías absolutas, debería obligar al diálogo y a los acuerdos; aplacar el clima de polarización y el populismo que reina en el actual Parlamento y que tanto daño le ha hecho a nuestra democracia. Y, por lo tanto, ayudar a que las reformas necesarias se hagan con un mayor grado de responsabilidad. Ojalá nuestros honorables estén a la altura de lo que el país necesita y abandonen el populismo.

El próximo domingo se realizarán las elecciones presidenciales más trascendentales en décadas. Las chilenas y chilenos no votaremos solamente por el próximo Presidente, sino que votaremos por el modelo político, económico y social que nos regirá en el futuro.

Se definirá entre un candidato que nos ofrece cambios algo más tímidos sobre el modelo actual y que genera una promesa de estabilidad, y otro que plantea cambios más radicales que, si bien se han atenuado en los últimos días, sigue preocupando profundamente a algunos sectores.

Por cierto, el resultado de las elecciones de este domingo también incidirá en el trabajo de la Convención y, por lo tanto, en la propuesta de nueva Constitución que votaremos en septiembre.

Un debate polarizado podría derivar en una propuesta de cambio más radical, por ejemplo, en el régimen de Gobierno y al Sistema Parlamentario, que después podríamos lamentar.

Y es que avanzar a un régimen Presidencial atenuado, a un esquema semipresidencial o parlamentario, sin un Congreso a la altura podría tener graves consecuencias. Si hoy el hiperpresidencialismo no es capaz de frenar las reformas populistas, nada lo hará si se le quita la iniciativa exclusiva de gasto al Presidente y se le entrega al Parlamento, por ejemplo.

Por otra parte, el próximo Presidente tendrá, además, el tremendo desafío de llevar la fiesta en paz y volver a unir a un Chile fracturado, lo que no es nada fácil en tiempos de populismo y polarización.

Le tocará, probablemente, administrar una crisis económica, derivada de un frenazo en el consumo ante el término de las ayudas estatales y de los retiros del 10%; situación que se puede agravar con la profundización de la salida masiva de capitales extranjeros que hemos visto en los últimos meses.

Por lo tanto, sea quien sea, el próximo Presidente debe hacer lo imposible por recuperar las confianzas y el carácter republicano que primó durante las últimas décadas en el país. Debe intentar devolverle la fuerza a nuestra institucionalidad y no jugar con las expectativas e incertidumbres de las personas, inversionistas y empresas.

Necesitamos un líder que logre que volvamos a conversar, a escucharnos y, reconociendo nuestras diferencias, a avanzar en lo que nos une para seguir construyendo entre todos un Chile mejor. En suma, necesitamos un Presidente 2.0 para los tiempos complejos y desafiantes que se nos vienen.

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