Opinión

Una Constitución preconcebida

No es ya momento de derramar lágrimas sobre lo que pasó: estamos en los descuentos. Tenemos que juntarnos y actuar en forma contundente: establecer bases inamovibles que la Constitución debe tener sí o sí, publicitarlos por todos los medios a disposición y exigir rotundamente su inclusión en el texto de la Carta Magna.

Se trata de lograr una Constitución aceptable o de hacerla rechazar mediante voto popular. AGENCIA UNO/ARCHIVOSe trata de lograr una Constitución aceptable o de hacerla rechazar mediante voto popular. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Se trata de lograr una Constitución aceptable o de hacerla rechazar mediante voto popular. AGENCIA UNO/ARCHIVO

Mientras el nuevo año avanza, se está escribiendo lo que se pretende sea la nueva Constitución de la nación. 

Cuando los partidos votaron y el pueblo aceptó en gran mayoría la creación de una Carta Magna, los únicos que se fijaron disciplinadamente quiénes serían los redactores, fueron los comunistas y el ala izquierda del Frente Amplio. Llenaron las bancas con su gente, mayormente ignorante sobre qué es una Constitución, pero ya preparados para asesorarlos, guiarlos en su concepción.

No es ya momento de derramar lágrimas sobre lo que pasó: estamos en los descuentos y el contenido que votan cada día es estrepitosamente anti-chileno, atenta contra nuestra dignidad, intenta separar al país en varias pequeñas naciones independientes, debilitar poderes centrales de tanta importancia como la justicia, la conducción central, un Gobierno con poderes nacionales, un legislativo bicameral. Los representantes de menos del 20% de la población indígena (cuyo 80% vive en áreas urbanas) que manejan la Convención están pretendiendo trasformar al país en algo incontrolable, en áreas independientes con sus propias leyes , fronteras y mini-constituciones, justicias sui generis. Es una calamidad, una locura que la gente aparentemente no registra, no se da cuenta.

Es tiempo que nosotros, la gente sensata  y pensante –somos centenares de miles– tome al toro convencional por las astas y le tuerza la dirección desquiciada hacia la que está avanzando. Debemos, y tenemos que ya juntarnos y actuar en forma contundente: establecer bases inamovibles que la Constitución debe tener sí o sí, publicitarlos por todos los medios a disposición –hay centenares – y exigir rotundamente su inclusión en el texto de la Carta Magna.

La irrestricta intocabilidad de la propiedad privada material e intelectual. El derecho irrestricto a la innovación, el emprendimiento. La férrea unidad de la Nación, como República Chilena, indivisible y que rige bajo la misma ley. Un régimen bicameral como tienen todos los países democráticos para asegurar que las leyes sean sensatamente discutidos y aprobados. Un Poder Judicial independiente, un Banco Central ídem. La irrestricta libertad de prensa, medios, expresión grupal e individual.

En las elecciones primarias y finales hemos tenido equipos integrados por grandes estadistas, economistas, políticos y profesionales. Esa gente existe y está indignada por lo que pasa. Pero no hace nada. ¿Cuándo haremos algo para nuestro propio futuro? ¿No podemos acaso organizarnos para dar un golpe contundente del timón a lo que se cuece en la Convención? ¿Somos corderos acaso camino al matadero? Tenemos absolutamente todos los medios a disposición para difundir nuestras ideas. Y lo que haríamos sería completamente legal, no choca con ninguna ley, pues el ciudadano puede expresar sus opiniones libremente aún. De nosotros depende que siga así.

Reunámonos. Organicémonos. Es el último momento para ello. Somos muchos que de una u otra manera quisimos impedir lo que nos espera, desde las primarias de la centroderecha hasta los finales resultados presidenciales. Se trata de lograr una Constitución aceptable o de hacerla rechazar mediante voto popular. Alea iacta est: ¿quién recogerá la primera piedra?

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