Opinión

Váyanse a la mierda

Acá en Chile, donde estamos ad portas de la cuarta dosis, hay quienes –pocos, por suerte– siguen esgrimiendo razones truchas o definitivamente insensateces para no resguardar su propia salud y, de paso, la salud de todos.

Váyanse a la mierda
Váyanse a la mierda
Por:  Ximena Torres Cautivo

No se los mandó a decir con nadie. Emmanuel Macron, el Presidente de Francia, que probablemente irá a la elección este fin de año aunque aún no lo confirma, les dijo a quienes se resisten a vacunarse contra el COVID que se fueran a la mierda.

Literalmente.

Macron utilizó la palabra “emmerder”, que se traduce como “hundir en excremento” y significa “molestar” o “hacer pasar un mal rato”. Agregó que “en democracia, los peores enemigos son la mentira y la estupidez” y se manifestó decidido a expulsar a los no vacunados de todos los espacios públicos del país, exigiéndoles certificado de inmunización y no sólo PCR negativo. Eso, mientras el mundo padece los efectos del virus más contagioso hasta ahora conocido, la variante ómicron, que ha superado al sarampión en su velocidad de incubación.

Los analistas dicen que Macron hizo una inteligente jugada política al tirarse directamente y sin eufemismos contra los que ocupan camas de hospital y saturan los servicios sanitarios, retardando o impidiendo la atención de los enfermos de cáncer, por ejemplo. Y que su hastío e indignación reflejan el sentir de la mayoría de la población.

Acá en Chile, donde estamos ad portas de la cuarta dosis, hay quienes –pocos, por suerte– siguen esgrimiendo razones truchas o definitivamente insensateces para no resguardar su propia salud y, de paso, la salud de todos. He escuchado desde específicas razones médicas hasta delirantes teorías conspirativas de gente cercana que ha terminado gravemente enferma y con secuelas lamentables para negarse a algo que es de palmario sentido común (y cuánto se han lamentado de haber sido tan insensatos).

Este fin de semana me impactó el que se dejara participar en una competencia en Pucón a la triatleta nacional Bárbara Riveros sin que tuviera su esquema de vacunación completo, poniendo en riesgo a todos los demás participantes y a la masiva concurrencia que presencia el evento. En Australia, en cambio, el Open se cerró para Novak Djokovic y no se le dejó competir pese a ser el poderoso número uno del mundo. No hubo excusa posible ni ministra permisiva posible.

Así deben ser las cosas, cuando está en juego la vida de todos. Las excepciones, en situaciones de bien común, donde debe prevalecer el bienestar universal, no existen. La salud de todos pesa más que las particularidades personales. Y si no estás de acuerdo, quédate en casa. Jódete en solitario.

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