Opinión

Violencia de género en las escuelas y la urgencia del feminismo

A lo largo de estos años, con activistas y organizaciones sociales, hemos visto cómo las demandas del movimiento feminista en educación no avanzan como quisiéramos, una de ellas la Educación Sexual Integral, proyecto de ley que construimos con diversas organizaciones y que responde a muchas de las interrogantes que hoy se manifiestan.

La transformación educativa contra la violencia machista requiere abordarla de manera integral. @RAWPIXEL/FREEPIKLa transformación educativa contra la violencia machista requiere abordarla de manera integral. @RAWPIXEL/FREEPIK
La transformación educativa contra la violencia machista requiere abordarla de manera integral. @RAWPIXEL/FREEPIK
Por:  Emilia Schneider y Rosario Olivares

Con pesar vimos lo ocurrido el pasado jueves en el Liceo Lastarria, escenas que nos remontan a mayo de 2016, cuando las estudiantes del Liceo Javiera Carrera marcharon hacia el INBA reclamando contra los cánticos machistas que sus compañeros gritaban en las marchas estudiantiles. “Piden igualdad y calidad, pero al momento de marchar gritan sin pensar”, decían las estudiantes. Lo lamentamos, porque luego de esa movilización, el feminismo tomó cada vez más fuerza en el movimiento estudiantil, lo que tuvo uno de sus puntos más altos el 2018, el año donde las denuncias por acoso y abusos sexual se hicieron cada vez más visibles.

Del 2016 a esta parte, han sucedido diversos hitos, algunos de ellos avances significativos, pero también hay profundas deudas, fundamentalmente con el sistema de educación escolar. Las movilizaciones que reunieron la educación con el feminismo permitieron que se establecieran direcciones y subdirecciones de género en las universidades, que se incluyeran ramos y cátedras en estas temáticas, que se revisaran mallas curriculares, que se reconociera el nombre social de las personas trans antes de la Ley de Identidad de Género, que se volviera de interés masivo la demanda por Educación Sexual Integral, y que algunos colegios monogenéricos pasarán a ser mixtos o plurigenéricos.

En relación a este último punto, es evidente que no bastaba con que los colegios dejaran de ser solo de “hombres” o de “mujeres”, las formas del patriarcado tienen un fuerte arraigo en las comunidades educativas, y no se combaten sin políticas educativas, ni siquiera por la creación de un protocolo ante violencia de género y discriminación, aunque ni con esta herramienta cuentan muchas de nuestras escuelas, colegios y liceos. La transformación educativa contra la violencia machista requiere abordarla de manera integral, tomando en cuenta desde las relaciones comunitarias dentro de los espacios educativos hasta cómo se constituye el espacio pedagógico y sus contenidos.

Las feministas ligadas a la educación, estudiantes y profesoras, lo hemos manifestado. Mallas curriculares de formación docente inicial que contemplen estas temáticas, capacitación para las, les y los trabajadores de la educación, revisión y modificación del currículum escolar que permita hacernos preguntas respecto de la estructura de cómo se entiende el conocimiento -tenemos avances en epistemologías feministas que dan cuenta de esto hace años-. Para esto último, necesitamos un examen crítico del conocimiento, porque este se ha “constituido, elaborado, transmitido, impuesto y legitimado desde el poder masculino”, como bien decía Julieta Kirkwood, y esto por supuesto, ha tenido profundas consecuencias en nuestras salas de clases.

Con todo, lo que necesitamos hoy tiene muchas más complejidades que el género, pero sabemos que sin duda el sistema educativo lo puede comenzar a abordar en este nuevo ciclo de transformaciones. Ya no podemos seguir mirando la educación desde lo binario. Personas trans, no binarias y de género fluido habitan nuestra escuelas y liceos siendo víctimas de violencia. También lo hacen personas migrantes y de pueblos originarios, ad portas de ser nuestro país un Estado plurinacional. Superar la segregación de clase también es una barrera que debemos atravesar, no más escuelas para pobres y para ricos, necesitamos una educación pública y democrática a la altura del nuevo Chile que soñamos.

A lo largo de estos años, con activistas y organizaciones sociales, hemos visto cómo las demandas del movimiento feminista en educación no avanzan como quisiéramos, una de ellas la Educación Sexual Integral, proyecto de ley que construimos con diversas organizaciones y que responde a muchas de las interrogantes que hoy se manifiestan. Y no partimos de cero, ha habido mucho trabajo estos años, investigaciones y conocimientos que sabemos han circulado por universidades y colegios de manera voluntaria y muchas veces solitaria. Ahí creemos que hay una riqueza tremenda.

Celebramos la votación de la Convención Constitucional en materia de derechos sexuales y reproductivos que incluye la ESI. Un avance del movimiento feminista que nos permite mirar con esperanza el futuro. Un futuro donde el centro sea la vida digna, donde niñas, niños, niñes y adolescentes puedan ser educados en espacios seguros y libres de discriminación. Sabemos que queda mucho por delante, este es un paso importante pero por sí solo no basta, y sobre todo, debe concretarse en el sistema educativo y no quedar en letra muerta, para que nunca más nuestras estudiantes tengan que salir a defender un derecho tan fundamental como una vida libre de violencia. 

Por Emilia Schneider y Rosario Olivares


 

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