Opinión

Volteretas

Cuando la gente quiere lo imposible, solo los mentirosos pueden satisfacerlo (Thomas Sowell)

Pero todo sea por cumplir el objetivo. No le importa, que el texto sea malo, y que aumente la incertidumbre que tanto ha dañado al país. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Pero todo sea por cumplir el objetivo. No le importa, que el texto sea malo, y que aumente la incertidumbre que tanto ha dañado al país. AGENCIA UNO/ARCHIVO

Es cierto que los políticos son esencialmente adaptables, y que por lo mismo pueden parecer más mentirosos que el resto. Es muy difícil que el gobernante de turno, reconozca que la economía está en bajada y que lo está como consecuencia directa de sus decisiones. Normalmente culpará a la situación internacional, la que hoy ayuda mucho como excusa. Está la guerra en Ucrania, la Pandemia, y el conflicto en ciernes que existe entre la República de China (Taiwán) y la República Popular de China. Sin embargo, no hay ser un genio para admitir que si bien los países, especialmente cuando son chicos, como es el caso de Chile, sufren las consecuencias externas, también es cierto que esas situaciones complejas siempre han existido, y muchas veces representan una oportunidad.

En otras palabras, es cierto que una parte de la inflación responde a la situación externa, pero también es cierto que otra y no menor, es efecto directo de las políticas del actual gobierno. Partiendo por una Reforma Tributaria que pretende recaudar más que la propuesta por Bachelet (4,1% versus 3,5%) con modificaciones que no solo no ponen el acento en combatir la informalidad que pega en menor recaudación (porque no pagan impuestos) y en mayores gastos (porque quienes operan en ese mercado no registran ingresos) sino que además profundiza la inequidad que hoy ya existe (con el impuesto nuevo a las rentas del capital), toda vez que por una misma riqueza, los contribuyentes que ya pagan más, aumentarán y radicalmente su carga impositiva. En vez de atraer el ahorro y los capitales, la Reforma propuesta lo ahuyenta, como si molestaran. Lo hace con la tasa de diferimiento y con el impuesto al patrimonio. También con los cambios al royalty, que harán que la principal fuente de riqueza de Chile deje de serlo. Pero eso a los actuales gobernantes no les preocupa. Su foco está en imponerse en septiembre. Están 100 por ciento jugados con el apruebo, sin importarles que de imponerse el país caerá indefectiblemente en la última división. Nunca más saldremos del hoyo. Eso pasará porque el Estado que no produce y solo gasta aumentará radicalmente su tamaño. No habrá Reforma Tributaria que aguante. Menos existirán los bolsillos. Pasaremos a depender de los banqueros, y de inversionistas extranjeros, que impondrán sus reglas. Tendrán el poder del dólar. No habrá clase media como hoy. Todos seremos pobres, salvo los amigos del poder. Pero eso, a muchos no les importa, o si les importa no lo creen, porque están obsesionados con un sueño falso, y como no faltan los mentirosos que se aprovechan de eso, caen indefectiblemente en el juego.

Solo para confirmar el cuadro que hoy existe, y que está caracterizado por la contradicción y mentira normalizada, me permito recordar que mientras el 26 de abril de 2022, el Presidente Gabriel Boric expresó que «El gobierno tenía el deber de garantizar a ambas posiciones, tanto del Apruebo como del Rechazo”, y expresar el 02 de mayo, que su mandato era darles garantías a ambas opciones, ambas legítimas, y que no había otra, consignó el 28 de junio que su trabajo era tener una carta fundamental que no sea como la actual que nos dividía. Aunque sin parpadear denostó la opción de rechazar, al establecer que si esa opción se imponía regiría una constitución que nos dividía, como si el nuevo texto nos uniera, agregó contrariando el propio texto que prometió cumplir y hacer cumplir, que si se imponía esa opción, esto es, el rechazo, debía iniciarse un nuevo proceso constituyente, sabiendo o debiendo saber, que si eso ocurre el poder constituyente lo detentará el parlamento, y serán ellos los que definan la forma de modificar la constitución que seguiría rigiéndonos. Inmediatamente después de haberse desplegado en conjunto con todo su equipo político por todo el país, entregando el borrado nuevo, y firmando ejemplares, cambia nuevamente de opinión, y declara que todos quienes lo apoyan, ya no están por aprobar que era la única opción que él mismo declaró existía, sino que estaban por aprobar pero para modificar. No dice qué cosas van a modificar, ni en qué tiempo, ni tampoco que votos son los que tienen para hacerlo. Lo hace nuevamente sabiendo o debiendo saber que, si el texto termina aprobado, resultara imposible modificarlo. Mucho más que la constitución actual si se impone el rechazo. Pero todo sea por cumplir el objetivo. No le importa, que el texto sea malo, y que aumente la incertidumbre que tanto ha dañado al país. El gobierno, parece en verdad un conjunto de niños, queriendo ganar como sea. No les importa el costo, ni menos que quienes terminen pagándolo sean los que menos tienen.
 

Más Noticias

Más Noticias