Opinión

Vuelta a clases, ponerse al día

Los estragos educativos de la pandemia en los niños y niñas del país probablemente tomen años para hacerse notar del todo, debemos llegar a tiempo. Es necesario un trabajo de diagnóstico y nivelación de aprendizajes de los estudiantes que se vieron perjudicados, para que retomen un correcto proceso educativo junto a sus pares.

Este miércoles 2 de febrero se dio inicio oficial al año escolar 2022, con asistencia presencial obligatoria. AGENCIA UNO/ARCHIVOEste miércoles 2 de febrero se dio inicio oficial al año escolar 2022, con asistencia presencial obligatoria. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Este miércoles 2 de febrero se dio inicio oficial al año escolar 2022, con asistencia presencial obligatoria. AGENCIA UNO/ARCHIVO

Para muchos estudiantes en nuestro país, ayer fue su primer día de clases presencial después de dos años. Primer día cargado de emociones causadas por el reencuentro con sus compañeros, profesores y toda la comunidad en general. Este esperado regreso nos obliga a observar cuáles fueron y son los efectos de mantener en gran parte el sistema educacional detenido por un tiempo prolongado; y cómo enfrentar sus consecuencias.

Cuando sólo llevábamos un año de pandemia, las cifras daban cuenta del enorme daño que se estaba ocasionando en la educación escolar. Según un estudio de Acción Educar, en 2020 se produjo la caída en cobertura en el nivel de básica más grande en la historia de Chile: 20.400 niños y niñas salieron del sistema educativo. Si actualizamos los datos con lo ocurrido en 2021, el panorama sólo empeoró.  

En el caso de parvularia, los números también preocupan. Si en 2019 hubo 804 mil inscritos en sala cuna y nivel medio, en 2021 la matrícula disminuyó un 11,5%, alcanzando solo los 711 mil. Es más, la cobertura total alcanzó una tasa menor a la evidenciada en 2014, retrocediendo cerca de siete años de aumento sostenido. 

Pero más allá de los números, ¿qué significa una disminución en la cobertura? Si en algo hubo consenso durante la discusión sobre la vuelta a clases presenciales -debate que esperemos sea solo un mal recuerdo- es que quienes no acceden a una educación formal en edad temprana tienen serios problemas en su desarrollo cognitivo y que la educación online no reemplaza a la presencial. Lejos de las aulas formales, los estudiantes no sólo vieron afectados sus aprendizajes, sino también su salud mental, sociabilización y nutrición.

Solo por dar algunos ejemplos, según el Diagnóstico Integral de Aprendizajes (DIA) de la Agencia de Calidad de la Educación (2021), la crisis sanitaria ha generado una baja en los resultados de aprendizaje en Lectura y aún más en Matemáticas, escenario que empeora aún más desde 6° Básico. Además, han aumentado las brechas entre los estudiantes de alta y baja vulnerabilidad, especialmente en los más mayores. En cuanto a lo socioemocional, el DIA de 2020 arrojó que más de un 54% de los encuestados se sentía “con menos ganas de hacer cosas” y sobre el 55% se declaró “aburrido”. 
Lo anterior da cuenta de la alarmante situación en la cual se retoman los distintos servicios educativos este año. Pensando en esto, urge hacerse cargo principalmente de tres focos. 

Primero, el actual Ministerio de Educación tuvo como misión principal reabrir las escuelas -no podemos olvidar que Chile fue incluso pionero en poner a los docentes como prioridad para la vacunación-, objetivo que fue en gran medida logrado durante el segundo semestre de 2021. Sin embargo, la resistencia por parte de algunas autoridades municipales y la, muchas veces, confusa bandera de lucha del Colegio de Profesores para frenar la apertura, produjo que no todos los establecimientos recibieran a sus alumnos o bien que muchos padres decidieran no enviar a sus hijos al colegio. En otras palabras, el gran desafío ahora es que efectivamente los estudiantes asistan a clases y, en ningún caso, retroceder.  

Segundo, los estragos educativos de la pandemia en los niños y niñas del país probablemente tomen años para hacerse notar del todo, debemos llegar a tiempo. Es necesario un trabajo de diagnóstico y nivelación de aprendizajes de los estudiantes que se vieron perjudicados, para que retomen un correcto proceso educativo junto a sus pares. En ese sentido, el futuro ministro de Educación ya adelantó que sería uno de sus objetivos, ahora hay que ver cuál será el plan para lograrlo. 

Tercero, y quizás el más angustiante, ir en búsqueda de aquellos que dejaron el sistema educacional. El gobierno entrante tiene el enorme desafío de identificar a los desertores o posibles desertores, y acompañarlos en su reincorporación al sistema. Este último punto es muy complejo, ya que además de que no recibir educación formal tiene consecuencias inmediatas, su calidad de desertores implica que no se encuentran en el sistema y, por ende, el identificarlos ya es un reto por sí solo.
 

Rodrigo Román

Investigador de Acción Educar+ info

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