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Juan Carlos Jobet, el brazo derecho de Hinzpeter

La opinión sobre Jobet en Palacio es unánime. Y afuera también. Es el niño bonito del Ministerio del Interior y “el escudero de Hinzpeter”. Y mientras algunos coetáneos son cuestionados por su falta de experiencia en el servicio público -debilidad que el asesor de Interior comparte-, a él todos lo destacan. Incluidos personajes cercanos a la Concertación.

Juan Carlos Jobet, el brazo derecho de Hinzpeter
Por Andrea Pérez Millas 2 de febrero de 2011

“En política no se tiene que ser, se tiene que hacer”. Juan Carlos Jobet estudiaba un MBA y un Master en Políticas Públicas en Harvard cuando un profesor le dijo esas palabras. Era la frase con la que David King inauguraba uno de sus cursos en la universidad de Massachusetts, pero ninguno que Jobet hubiera tomado. Aún así, se acuerda de esa línea a diario. Y de que “en política hay que apasionar con racionalidad”; otra de sus frases favoritas.

 Cercanos al jefe de asesores del ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter –que entró al gobierno como jefe de gabinete- dicen que él, al menos, tiene el potencial para hacerlo. Que es “un negociador hábil y de muy rápida reacción, ágil para responder lo que se demanda”. Funcionarios de La Moneda que trabajan de cerca con Jobet se apresuran, además, a separarlo del rebaño: “claramente, se hace una diferencia entre el resto de los jóvenes que han entrado al gobierno y él”.

 Partiendo del minuto en que Hinzpeter lo contactó. Jobet estaba de vacaciones en Pucón con su familia, y el ahora ministro lo llamó el domingo siguiente a las elecciones a las 8.30. Lo despertó para decirle que lo quería en el equipo, y ese miércoles, Jobet tomó un avión a Santiago. El jueves se integró a Interior. A pesar de su falta de redes -aunque fuera hijo de la periodista y ex directora de la revista Paula y ex co-fundadora de la Capital, Celia Eluchans, y Juan Carlos Jobet Sotomayor-, su trabajo en Asset y su interés por las políticas públicas ya lo tenían fichado en el gobierno desde la campaña.

 La opinión sobre Jobet en Palacio es unánime. Y afuera también. Es el niño bonito del Ministerio del Interior y “el escudero de Hinzpeter”-, y mientras algunos coetáneos son cuestionados por su falta de experiencia en el servicio público -debilidad que el asesor de Interior comparte-, a él todos lo destacan. Incluidos personajes cercanos a la Concertación.

 También en RN, partido en el que milita desde agosto del año pasado. Se inscribió junto a sus amigos Roberto Izikson –director de estudios de la Secom- y Hernán Larraín Matte –asesor del Segundo Piso-, consciente de que es un paso necesario para hacer carrera en el servicio público.

 En conversaciones con sus cercanos en el Ministerio, Jobet ha reconocido que “es difícil llegar a los partidos”. Que es algo que tiene que hacer. Y en Antonio Varas no tienen problema con ayudarlo. “Juan Carlos ha manifestado, al igual que Herrnán (Larraín Jr.), su intención por pelearse una diputación en el futuro -dice Cecilia Pérez, vicepresidenta de RN-. Y nosotros estaremos siempre felices de apoyar a los mejores candidatos”.

 Sus cercanos, sin embargo, no lo ven en el Parlamento. “Juan Carlos no se imagina siendo diputado, no por ahora. Le gusta armar equipos, delegar tareas, hacer planes”. Se lo imaginan más cómodo en algún municipio o en el Ejecutivo. Colaboradores de Palacio comentan, incluso, que sus planes van un paso más allá. Que quiere generar un impacto aún más grande en la política nacional, y eso –bien lo sabe Jobet- no se logra desde una asesoría ministerial.

 Por eso, quiere armar un think tank. Con políticos jóvenes y liberales; esos que hoy llenan varias oficinas en La Moneda. Según sus cercanos, a Jobet -como a varios- le molesta que la política “está muerta” y que “las decisiones las están tomando muy pocos”. Pero por ahora, tiene sólo las intenciones. Con una jornada laboral de 12 horas diarias, pocos tienen tiempo para crear el próximo semillero de talentos de derecha.

 Sin embargo, ese ritmo de trabajo es más tranquilo que cuando asumió como jefe de gabinete de Hinzpeter, en marzo del año pasado. Cuando la mitad del país estaba destruida o inundada. Quienes trabajan con él, aseguran que fue en esa etapa –la de la emergencia- en la que se afirmó en su cargo. Y eso lo empoderó para tomar decisiones claves en conflictos posteriores, como la toma de terrenos en Isla de Pascua, la huelga de hambre mapuche y las protestas en Magallanes por el alza del gas.

 Un funcionario de Interior es tajante a la hora de definir la importancia de Jobet en la cartera. Tanto, que ni siquiera necesita completar la oración. El joven le habla al ministro al oído, y él lo escucha. “Rodrigo dice: ‘si Jobet dice que sí…’”. No en vano, el asesor de 35 años está en los tres “directorios” que crearon en el Ministerio, para hacer más eficiente la gestión de distintos organismos dependientes de la cartera: el de la Onemi, el del Conace y el de la Unidad de Víctimas del Ministerio del Interior.

 Otro de los temas que mantiene ocupado al RN –ahora que no tiene que enfrentar ningún conflicto de la magnitud de las protestas en Magallanes- es la construcción de un edificio en Teatinos con Moneda, donde se reorganizarán todas las oficinas que le responden a Interior. La idea, según funcionarios involucrados en el proyecto, es “unificar los equipos de trabajo y devolverle la nobleza a La Moneda, que es un palacio”. Y ningún palacio acoge servidores y estantes llenos de libros y pocas consultas.

 Quienes conocen de cerca a Jobet, destacan justamente su pasión por la lectura. Georges de Bourgignon, su jefe en Asset entre 2000 y 2006 –y luego en 2009-, dice que ése es uno de los motivos por los que se decidió a contratarlo. “No tenía premios, pero sus credenciales académicas eran muy buenas. Se veía una persona súper inteligente, que combina muy bien la parte humanista con la parte numérica. Es súper lector y culto, pero también muy bueno con los números”.

 Aunque le gusta la ficción –algo de Paul Auster, Haruki Murakami y J. M. Coetzee-, en la librería Metales Pesados del Centro Cultural Palacio La Moneda lo recuerdan como un consumidor frecuente de libros de filosofía política y La guerra de Galio, de Héctor Aguilar Camín. Y de que se los recomienda a sus amigos de Palacio. En su oficina, dicen,  tiene también un libro de Karl Marx, junto a textos de Edgardo Boeninger, Norberto Bobbio, Edmund Burke  y “The Centre-Left and New Right Left Divide”, de Steve Smith.

 Todos libros útiles para cualquiera con ambiciones políticas, pero insuficientes para alguien con la próxima tarea de Jobet en Interior: abordar el tema de la delincuencia. El cambio de cargo -de jefe de gabinete a jefe de asesores- lo liberó de llevarle la agenda diaria a Hinzpeter y de papeleo burocrático, pero su trabajo sigue abarcando tantos temas –y todavía de manera no muy concreta- como antes. Y sentado en la misma oficina.

 Desde los discursos del ministro hasta la Onemi; pasando por la Subdere, el Conace, la descentralización, la imagen del Ministerio y los temas políticos –aunque en el Segundo Piso aseguran que, en esa área, “nunca se ha metido en temas de Presidencia”. Jobet tiene que cubrir todos esos aspectos, y ahora debe encargarse de un tema pendiente en Interior: la delincuencia. Ante sus más cercanos ha reconocido que es uno de los que menos sabe, y por eso se está asesorando por Catalina Mertz, de Fundación Paz Ciudadana y experta en prevención.

 Miembros de la Comisión de Seguridad de la Cámara de Diputados están de acuerdo con Jobet. Según el PPD Felipe Harboe, “sin duda” el tema de la delincuencia es el más débil del Ministerio. “El gobierno está al debe en esa área: las cifras de temor todavía son preocupantes, y creo que la tasa de denuncias ha bajado. La tarea de gobierno –que, en parte, es la de Jobet- es muy grande, porque todo lo que prometió en campaña tiene que cumplirlo. Y, hasta el momento, no se ha cumplido nada”.

 Colaboradores de Jobet en el Ministerio dicen que ésa será su primera prioridad cuando vuelva de sus vacaciones en Cachagua, donde está junto a su señora, Luz María Díaz de Valdés, y sus hijas de dos y cuatro años. Una tarea cuesta arriba, considerando la opinión que tiene de él otro de los integrantes de la Comisión, el PS Carlos Montes: “la verdad es que a él ni siquiera lo identifico, ni siquiera sé quién es. Hay que esperar para ver”.

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