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17 de Junio de 2013

La primera escuela budista de Chile

“El Simce apela a los contenidos mínimos, que el Estado cautela así que no hay argumentos pedagógicos para que estén fuera de la escuela. No hay contradicción”, explica el sostenedor de este proyecto.

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En los tiempos en que la educación es la madre de todas las batallas políticas, ha nacido la Escuela Francisco Varela, un experimento educacional que vincula el aprendizaje con el budismo, en un concepto regido por una ética antes que por alguna metodología.

En su primer año tienen 110 alumnos y clases desde los dos años hasta cuarto básico. El promedio es de 18 alumnos y dos profesores por sala. Crecerán hasta séptimo el año que viene y ya tiene agotadas las reservas de plazas. Cuesta 135 mil pesos mensuales, una de las matrículas más baratas para un colegio de alta calidad, una medida considerada imprescindible para evitar la elitización, y mantenerla asequible a cualquier familia que piense en colegio particular pagado para sus hijos.

El éxito inmediato de la Escuela Francisco Varela ha tomado casi por sorpresa a sus mentores, entre ellos Mauricio Fredes, socio principal de la Vinoteca, y practicante budista, el sostenedor “altruista”, que la ha creado -en su espacio Dharma Kaya- y financiado.

El director, Leopoldo Muñoz De la Parra, explica el origen de este concepto: “hablamos de una escuela de nuevo tipo porque sus preceptos son éticos más que metodológicos, y porque creamos una escuela que promoviera la búsqueda de la felicidad”, una señal de su vínculo con el budismo.

Es una escuela construida multiculturalmente, desde la perspectiva del budismo que practica Fredes y gente como Muñoz, que viene desde el mundo de la educación o desde la academia. Se convocaron a desarrollar una escuela de “nuevo tipo”, en un espacio de meditación budista, el Dharma Kaya, que ya existía, y la levantaron desde preceptos distintos a los que se usan: “hablamos del hacer con sentido, toda vez que se perdió el sentido de la escuela, que el niño aprende cosas que no sabe para qué le sirven”, explica Muñoz en su austero despacho.

“El problema de la educación no es metodológico sino de sentido de su acción. Buscamos una escuela que tenga sentido en su hacer”.

 

La conexión Varela

En la Escuela Francisco Varela (EFV), la educación es entendida como un derecho y no como bien de consumo y el niño es entendido como sujeto de derecho y no como sujeto de mercado, contradiciendo la lógica marcada por las políticas públicas gubernamentales.

En las deliberaciones hechas durante la gestación, pensaron en tomar el nombre de Francisco Varela (1946-2001) el científico chileno, compañero de ruta de Humberto Maturana,  que se asoció al Dalai Lama en las primeras reflexiones de esta mirada del mundo que tiende puentes entre la ciencia occidental y la espiritualidad oriental. Mirando a Varela, sembraron la semilla de la escuela.

Inicialmente, la familia de Varela no sabía de la existencia de este proyecto, así que fueron buscando la cercanía con la familia hasta reunirse con Amy Cohen -su viuda-, y su hijo Gabriel.

Hablaron, meditaron juntos e hicieron esta alianza para promover la meditación, el yoga infantil y una mirada a estos colegios. La escuela se ha ganó rápidamente el derecho al nombre con la aprobación de la familia.

La propuesta “Varelística” explica el camino de las redes y rechaza la idea del conocimiento centrado en el ser humano, entendiendo, en cambio, la adquisición del conocimiento como una suerte de redes que terminan en un árbol del conocimiento, por decirlo en bruto.

 

El antecedente “reggiano”

No sólo de budismo se alimenta la EFV. Uno de sus referencias viene del método inspirado por Loris Malaguzzi, en la Reggia Emilia italiana, ligado a escuelas municipales, que aboga para que este tipo de escuelas sean un derecho de la libertad de pensamiento, y que los niños tengan esa consideración.

La EFV se pretende ir asociando a estas formas dinámicas, esas expresiones de escuela, como “La ciudad de los niños”, promovida por Francesco Tonoucci, el proyecto que promueve que los niños entre los 10 y 16 años tengan un espacio en los municipios, de manera de poder poner arriba de la mesa sus problemas, sin tutelaje de los adultos.

 

La diversidad 

La jornada se inicia a las 8.30, con un espacio de media hora “de quietud, para que los niños calmen su cuerpo, su mente y su voz. En cada sala hay un cojín para que cada niño tenga su actitud de tranquilidad, que en ellos se acerca al yoga”.

“Los padres pueden meditar antes de irse al trabajo, y aquietar sus conceptos, que son creación de la mente”, según la percepción budista. En las distintas etapas de la jornada hay períodos de profundización, útiles para dar forma al modelo de asignaturas. Cada  curso tiene un profesor y un tallerista. La lista de talleres impartido es abundante: kundalini yoga, cine, radio, filosofía, fotografía, telar, teatro, escalada, grabado, música, kayak, meditación, grabado, huerto, artes visuales, ciencias, danza, cocina, inglés o intervención de terapia floral, etc.

La EFV, ubicada en Peñalolén, y que dispone las vacaciones en los ciclos estacionales: una semana en otoño, otra en invierno, otra en primavera,

mantiene el propósito de respeto al medio ambiente. Los niños tienen espacios físicos para practicarlo. Huertos, por ejemplo. Y consumirán su cosecha de tomates, acelgas o pimientos.

Otro propósito fundacional es su apertura a la diversidad y a la inclusión. Recibe niños Down, niños Asperger, niños con necesidades educativas especiales, una posición nada fácil. “El budismo aporta la pluricultura, la aceptación del otro. Éticamente, somos porfiados”, dice Leopoldo Muñoz, educador de párvulos de la U de Chile, y hasta ahora profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la U de Chile.

 

La relación con el sistema

Tuvieron que construir sus relaciones institucionales porque no pretenden ser un gueto o una burbuja.  Presentaron su proyecto educativo  y cumplieron toda la formalidad. Y cumplirán los hitos del sistema, como la prueba SIMCE, aunque tienen una posición sobre este tema.

“El Simce apela a los contenidos mínimos, que el Estado cautela así que no hay argumentos pedagógicos para que estén fuera de la escuela. No hay contradicción”, explica el sostenedor.

Pero promoverán una escuela con Quinto Medio, que pueda entregar un grado técnico, relacionado con Educación Ambiental, por ejemplo. O con Ecoturismo: “queremos generar una escuela que promueva un instituto tecnológico, al estilo de las antiguas escuelas de artes y oficios, que permita entregar una herramienta para defenderse y levantarse en la vida”, dice el director.

El trabajo cotidiano de los alumnos no está organizado a partir de las asignaturas sino de proyectos. En el proyecto de cada grupo transitan sus materias, la matemática, el lenguaje, la ciencia. Eso es lo que llaman el “hacer con sentido”.

Cómo los “procesos de evaluación cualitativa”, que pueden llevarse a un modelo cuantitativo para convalidar con el ministerio y para las personas que se miden por esos principios. Se construyó un informe trimestral de diagnóstico y evaluación que establece los conocimientos no solamente los intelectuales sino también las conductas, comportamientos, sociabilidad, un desarrollo propio, que configura el Método de esta escuela. Esos parámetros permiten homologar la equivalencia con los conocimientos, “evaluamos procesos no resultados”.

 

El aprendizaje sanador

Andrea Muñoz, madre de Sayén, alumna de Cuarto, lleva al terreno concreto estas teorías: “estoy totalmente satisfecha, mi hija está realmente feliz, volvió a ser la niña que era antes de entrar a la educación, una niña libre, sin trancas, sin nudos. Si no la hubiera cambiado acá creo que ella habría seguido arrastrando trancas o bloqueos”. Muñoz explica que este método ha devuelto a su hija la energía por el aprendizaje: “está aprendiendo cosas que nunca había podido. Sin presión, con una contención y amorosidad que yo creí que sólo existía en la familia. Y no quiero hacerle más publicidad porque no quiero que llegue tanta gente”.

 

 

Mauricio Fredes, empresario, sostenedor y practicante budista: “Es budista porque no piensa en el beneficio particular”

¿Cómo es el modelo de la Escuela?

Estoy dispuesto a aportar tiempo, recursos y dinero a un proyecto deficitario en términos del mercado. Para que el colegio no sea un privilegio de unos pocos que lo pueden pagar, buscamos un valor de la mensualidad que permita financiar parte de los sueldos de los profesores, y la otra parte también lo pone el sostenedor como si el Estado se hiciera cargo de los sueldos y de la capacitación de los profesores. Ése es el modelo.

¿Cuál es su evolución desde los negocios a la creación de este colegio?

Este colegio tiene distintos tipos de reivindicaciones. Una, importante, es la reivindicación social y política, del derecho a la educación. Una segunda tiene que ver con el abuso, con el autoritarismo de cómo se plantea la educación entre los adultos y los niños, que no solamente tiene que ver con los colegios sino con la vida global.  Esta tarea que los niños tienen que hacer a partir de lo que los adultos les dicen y los adultos no reconociendo nada de los que los niños quieren o necesitan, y cómo pueden hacerlo. Esa reivindicación también está planteada en esta escuela.

Uno espera que el dueño de la Vinoteca se gaste sus dineros en un avión privado, no un colegio deficitario. 

Quizá esa lógica ha cambiado y tiene que ver con lo mismo que hace que ahora los candidatos presidenciales están planteando cosas que hace poco tiempo era impensable, como que hubiera educación gratuita para todo el planeta, no solamente fin al lucro, o que haya alternativas a las Afps privadas, o Isapres, o una Asamblea Constituyente.

Esas razones no explican su decisión de crear esta escuela.

Hay un montón de cosas instaladas en la mente de las personas que dice que los empresarios tiene que ser poco menos que unos conchaesumadres, y creo que los empresarios esencialmente terminan convirtiéndose en unos conchaesumadres precisamente porque no desarrollan un aspecto distinto a emprender negocios y hacerlos. No hablo sólo de la espiritualidad, también puede ser solidaridad, criterio de realidad, de autocrítica. Los mismos del que carecen los militantes revolucionarios de los últimos 30 años, en términos de que su conducta como militante no tiene nada que ver con su conducta como ser humano, como padre de familia, como vecinos. Todo está tan parcializado que estás acostumbrado a ser una parte, nada más. En eso suena muy raro lo que hacemos aquí.

 

¿Y, cómo es el vínculo con el budismo?

Es budista porque es altruista, no piensa en el beneficio particular de su dueño ni de su director y porque su finalidad es la de dar educación, que va a permitir sabiduría, conocimiento y felicidad, en su más amplio sentido. Eso es lo que este sostenedor plantea para las personas, para los seres humanos. Para los que se acerquen al budismo en cualquiera de sus sentidos, aquí hay una escuela de inspiración budista, en la que practicar el amor, la compasión, la ecuanimidad, que son principios básicos. Y para aliviar la ignorancia como mecanismo de eliminación de sufrimiento.

 

 

Hernán Díaz, neurobiólogo, encargado pedagógico: “La nota es también el estado de ánimo del alumno”

 

¿Cuál es un factor de distinción de esta escuela?

La distinción es que aumentamos el número de variables de observación de cada estudiante, de modo de hacer una aproximación cuantitativa de cada una de esas variables, pero como son muchas el esquema final es una aproximación global. Es cuantitativo en lo micro y cualitativo en lo macro.

 

¿Cómo miden el avance de cada alumno?
Se puede medir desde la caligrafía hasta si es capaz de asociar conceptos más complicados. Son variables para el profesor y el propósito final es trasladarlas a los padres. En matemáticas hay muchas variables: una cosa es que reconozca los números, otra cosa es que pueda operar con los números, otra es que pueda imaginarse números en abstracto. En una libreta de notas tradicional tú tienes un 5 en matemáticas. Ese cinco significa muchas cosas y muchas veces los padres no saben lo que significa y otras veces los profesores tampoco. Nosotros desmenuzamos ese cinco, que es una nota final pero el padre sabe cuales son los componentes de ese cinco. Lo que determina la nota al final es también el estado de ánimo del alumno.

 

Se supone que este tipo de escuelas tiene padres más involucrados. 

Hay una diferencia cuando los padres pueden poner a sus hijos en la escuela que ellos quisieran, pero este factor inicial suele desdibujarse en el tiempo.

Se vuelve a la idea inicial de que ya tengo los niños tranquilos en un colegio y ya puedo despreocuparme y nosotros tenemos que recordar ese interés. Parece ser que no se da de manera natural esta sociedad padres-escuela. Si se olvida esa sociedad se nos desarma la estructura de nuestro modelo pedagógico, así que debemos recordarla.

Este modelo implica otro contrato entre padres, alumnos y colegio.

El modelo habitual no entrega educación sino conocimientos específicos sobre cómo ganarte la vida. La base neurálgica de la educación es entregar a los hijos a cambio de conocimiento, pagar por eso y se acaba la historia. Ese es el contrato. En la EFV el contrato es otro. Es también una escuela para los padres, que comparten esta suerte de laboratorio con todos los implicados.

 

 

Claudia Valenzuela, profesora: “Amamos el proyecto”

“Hay varios aspectos que me hacen sentir feliz en mi trabajo. Uno es que siento una horizontalidad importante entre los que dirigen la escuela y los profesores, eso me hace sentir relajada y libre, nadie te va a reprochar si un día te sientes cansada y decidiste simplemente  descansar  en vez de “avanzar” pues existe la confianza de que vas a cumplir con todas tus responsabilidades. En un ambiente así te concentras en lo que realmente es relevante.

Además, si te sientes feliz en lo que haces se lo transmites a los niños y ellos también se sienten felices. A mí los papás me han dicho “se nota que te encanta lo que haces y lo pasas bien”. Eso me emociona y me da mucho gusto.

Aunque haya tiempos definidos para todo, hay flexibilidad para poder administrarlos y eso te asegura que lo que va a hacer va a ir en concordancia con lo que el niño necesita. Si percibo que los chicos necesitan más descanso se los doy o si de repente están demasiado concentrados en lo que está haciendo ellos mismos toman la decisión de “pasar de largo” hasta el siguiente descanso”.

 

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