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El nuevo síntoma de la variante Omicrón: dolor de espalda

Este malestar puede perdurar tiempo después de haber superado el SARS-CoV-2.

A los ya conocidos síntomas como el dolor de cabeza, fatiga, dolor de garganta y de estómago, ahora se sumó el dolor de espalda. AGENCIA UNOA los ya conocidos síntomas como el dolor de cabeza, fatiga, dolor de garganta y de estómago, ahora se sumó el dolor de espalda. AGENCIA UNO
A los ya conocidos síntomas como el dolor de cabeza, fatiga, dolor de garganta y de estómago, ahora se sumó el dolor de espalda. AGENCIA UNO

A más de dos años del comienzo de la pandemia del COVID-19 y una serie de variantes, un nuevo síntoma apareció con la última cepa de Omicrón.

A los ya conocidos síntomas como el dolor de cabeza, la fatiga, dolor de garganta y de estómago, ahora se sumó el dolor de espalda.

En un comienzo, pocos enfermos contagiados asociaron este dolor con al COVID-19, pero ya se lo considera un síntoma frecuente en los pacientes.

Tipos de dolor de espalda

Quienes han contraído el virus en los últimos tiempos señalaron sentir intensos dolores musculares (lumbares y en la parte cervical y de los omoplatos) que se diferenciarían de los dolores propios de la contractura porque se sienten dentro de la espalda.

Según indicaron los estudios relacionados al Ómicron, este malestar se trataría de una hiperestesia que es la hipersensibilidad del organismo y se manifiesta como un dolor que impacta en todo el cuerpo.

Los expertos explicaron, si uno toca a la persona que sufre hiperestesia, no pasa nada, pero si presiona sus manos sufren un dolor agudo en músculos, huesos y piel.

Junto a ello, informaron que este nuevo dolor puede perdurar tiempo después de haber superado el SARS-CoV-2.

Lynch, directora de una organización benéfica de Belfast, en Irlanda del Norte, indicó a Business Insider que desarrolló también otros síntomas, como la fatiga y la niebla mental. Pero el dolor de espalda fue, con diferencia, el peor.

"Era horrible. Realmente limitaba mi movilidad", contó.

Según dijo, le costaba meterse y salir de la cama o bajar las escaleras. No podía levantar a sus hijos pequeños, de 2 y 4 años. A los pocos días de estar enferma, se levantó de su silla después de una reunión importante, paralizada por el dolor. 

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