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La historia de la esforzada expedición que recuperó los restos de “Fiona”, la ictiosauria de la Patagonia chilena

Durante un mes, ocho expertos trabajaron en un glaciar para desenterrar el fósil de “Fiona”, la única hembra preñada del período cretáceo registrada en el mundo.

Judith Pardo, la científica que lideró la recuperación de una ictiosauria. UNIVERSIDAD DE MAGALLANES.
Judith Pardo, la científica que lideró la recuperación de una ictiosauria. UNIVERSIDAD DE MAGALLANES.

En un lugar inhóspito de la Patagonia chilena, ocho investigadores enfrentaron desafíos y dificultades durante un mes y vivieron muchas historias para contar. 

Durante marzo y abril, un grupo liderado por la paleontóloga Judith Pardo trabajó en la zona del Glaciar Tyndall con una única misión: hacer excavaciones y lograr recuperar el fósil de Fiona, la única ictiosauria preñada del período cretáceo existente en el mundo. Las temperaturas extremas y las condiciones adversas no hicieron que los expertos desistieran y la persistencia los llevó a un gran logro para la ciencia.

La excavación fue parte de un proyecto de la Universidad de Magallanes. La primera expedición del grupo ocurrió en octubre de 2021, cuando los expertos hicieron un viaje al glaciar para identificar qué ictiosaurio iban a excavar. Además de Pardo, distintos investigadores, en su mayoría mujeres, fueron parte del trabajo.

Las científicas se quedaron por 31 días en un campamiento, a diez horas de distancia del lugar más cercano hasta donde se podría acceder en vehículo. Las máquinas más pesadas fueron transportadas en helicópteros y el resto del campamento se trasladó caballo. 

Judith recuerda que fueron jornadas desafiantes. “Es un sitio muy remoto. El clima de la Patagonia es muy frío, estuvimos con -9ºC y más encima oscurece más temprano durante el otoño e invierno, así que tenemos menos horas para trabajar”, relata.

En conversación con EL DÍNAMO, la paleontóloga explicó en detalle sobre cómo funcionaba el campamento y contó sobre un episodio que, aunque ahora parezca chistoso, en el momento preocupó al grupo. “Estábamos en carpas, no hay un refugio en este lugar. Este año también hubo una gran cantidad de ratones allá. ¡Casi se tomaron el campamento, nos querían desplazar! Entraban en las carpas, a mí me mordieron la cabeza. Menos mal que duermo con gorra. A un compañero le mordieron la mano, sangró bastante”, recuerda.

Las tareas diarias y las necesidades básicas fueron otro gran desafío. Para hacer un baño, por ejemplo, fue necesario sacrificar una carpa para que funcionara en su interior. El grupo excavó un hoyo en la tierra, enterró un balde y arrojaban un tipo de cal para descomponer los excrementos. Hasta para lavar la loza tuvieron que adaptarse. No se usaba detergente, solamente agua y tierra.

El grupo de científicos se quedó por un mes trabajando en la Patagonia chilena. UNIVERSIDAD DE MAGALLANES. 

Los días de lluvia eran días perdidos. “En la roca, cuando llueve, la localidad se vuelve muy resbalosa. Es imposible caminar. Entonces, los días de lluvia no salíamos para trabajar por seguridad, pero siempre llevábamos en la mochila crampones si nos tocaba lluvia inesperada”, contó la investigadora.

La excavación no era una tarea fácil y todos lo sabían. Al fin, el logro obtenido por el grupo compensó cualquier adversidad enfrentada. “Es muy arriesgado trabajar en esa zona. Por eso estoy tan contenta. Más allá de la excavación, de que todo resultó bien y salimos sanos y salvos”, destacó Judith Pardo, que considera esa expedición el mayor desafío de su vida hasta ahora. Para ella, encontrar una universidad que apoyara el trabajo y la gente para ayudar a ejecutarlo son parte importante para el proceso exitoso.

Aportes científicos

Fiona, la “joya recuperada”, tiene cuatro metros de largo, se encuentra completa y con embriones en gestación. Ella fue descubierta en 2009 por la paleontóloga Judith Pardo durante el último día de campaña de una expedición al Glaciar Tyndall. Ahora, la recuperación de la ictiosauria aportará datos  importantes para la paleontología respecto a su especie.

Los reptiles marinos denominados ictiosaurios vivieron durante la era del Mesozoico, entre 250 y 90 millones de años atrás. Ellos tenían una aleta caudal y una dorsal, dos aletas anteriores y dos posteriores. Su cuerpo era similar al de los delfines actualmente. Además, eran vivíparos, tenían pulmones y una gran capacitad de adaptación al ambiente marino.

Tras la campaña realizada este año, el material recuperado fue enviado al Museo de Historia Natural de Río Seco, en Punta Arenas, donde el fósil deberá ser sacado de la roca. Como es un trabajo bastante delicado, el proceso debe llevar unos dos años, según Pardo, quien a partir de ahora se dedicará a las publicaciones científicas. “Estoy tremendamente feliz de que todo salió bien y siento también una responsabilidad tremenda”, afirmó la científica. 

 Reconstrucción basada en Fiona. NIKOLAY ZERKOV

 
 

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