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La nefasta semana para la seguridad en los estadios

El caótico concierto de Daddy Yankee, la agresión al arquero Martín Parra y el colapso de una estructura del Estadio Monumental sembró las dudas sobre las medidas de seguridad desarrolladas para los eventos masivos en recintos deportivos.

La agresión al arquero Martín Parra y el desastroso arengazo en el Estadio Monumental marcaron la nefasta semana para la seguridad de los estadios. AGENCIA UNO/ARCHIVO
La agresión al arquero Martín Parra y el desastroso arengazo en el Estadio Monumental marcaron la nefasta semana para la seguridad de los estadios. AGENCIA UNO/ARCHIVO

Las industrias del fútbol y de los espectáculos cerraron una semana nefasta, marcada por los graves incidentes que se registraron en tres estadios del país, los que sembraron las dudas sobre las medidas de seguridad que se toman en los eventos masivos.

El caótico primer concierto de Daddy Yankee en el Estado Nacional dio inicio a días de inquietud entre las autoridades, las que luego se trasladaron hacia lo deportivo, con el violento accionar de las barras bravas, quienes volvieron a perjudicar el normal desarrollo de la Copa Chile y el Campeonato Nacional.

Todas estas situaciones también ocurrieron en la previa del ingreso a la fase de Apertura por la pandemia de COVID-19, que además de terminar con el uso obligatorio de mascarillas y el pase de movilidad, pone fin a los aforos.

El caos con Daddy Yankee

El primero de los tres históricos conciertos del reggaetonero puertorriqueño Daddy Yankee estuvieron marcados por el desorden, la violencia y la falta de organización.

El show inaugural del Big Boss había quedado programado para el martes 27 de septiembre en el Estadio Nacional, recinto que días antes había sido ocupado para los también masivos conciertos de la banda pop-rock británica Coldplay.

La fanaticada del intérprete de "Gasolina" se instaló desde temprano en las afueras del recinto de Ñuñoa. Muchos llegaron hasta el lugar sin entrada, con la idea clara de ingresar sin tener el ticket

La descoordinación fue tal que cerca de 4 mil personas que no habían comprado su boleto pudieron entrar incluso a los sectores VIP, que tenían valores por sobre los $200 mil.

La avalancha humana generó peligro entre los miles de asistentes al concierto, el que sobrepasó el aforo limitado. También se reportaron peleas, asaltos y presencia de comerciantes ambulantes al interior del recital.

La Delegación Presidencial de la Región Metropolitana, que horas antes del concierto había realizado una inspección al estadio, terminó asumiendo su responsabilidad en lo ocurrido, aunque apuntó al rol de la productora que organizó el evento, que a su vez aseguró que había cumplido con todas las exigencias de las autoridades.

En medio de esta discusión, cientos de personas que con su entrada comprada no pudieron ver al cantante debieron recurrir a organismos como el Servicio Nacional del Consumidor (Sernac) para tener asesoría e intentar recuperar el dinero invertido.

El violento clásico universitario

El día después del desastroso primer concierto de Daddy Yankee surgió un nuevo foco de tensión, el que nuevamente se radicó en las barras bravas del fútbol chileno.

Todo ocurrió en el tradicional clásico universitario entre Universidad Católica y Universidad de Chile, el que se disputó en el Estadio Elías Figueroa de Valparaíso. El encuentro correspondía a la vuelta de los cuartos de final de Copa Chile, y venía con un resultado 1-0 a favor de los azules.

Inicialmente el partido debía jugarse sin público, debido a que los cruzados -que hicieron de local en el recinto porteño- arrastraban una sanción por los graves incidentes protagonizados por su hinchada durante un partido anterior ante Audax Italiano. La dirigencia de la UC recurrió a los tribunales de disciplina de la ANFP y logró que autorizara la presencia de 7 mil seguidores del club, sin presencia de aficionados visitantes

El encuentro -que finalmente recibió a unos 4 mil espectadores- partió con polémica luego que se cobrara un dudoso penal a favor de la Universidad Católica a los 5 minutos. Segundos después de que el delantero Fernando Zampedri anotara el gol que permitía igualar la serie se observó cómo una bengala impactaba directamente contra el arquero de la U, Martín Parra.

El golero quedó tendido en el piso, mostrando las primeras señales de un trauma acústico severo. Los ánimos tanto dentro como fuera de la cancha se caldearon, e hicieron que el árbitro Felipe González suspendiera el encuentro.

Parra fue sacado en ambulancia y trasladado hasta una clínica, en donde permaneció internado y bajo observación toda una noche.

Tras el incidente, Carabineros logró capturar a cuatro barristas de la UC. A uno de ellos se le encontró una mochila llena de bengalas y elementos pirotécnicos, los que están prohibidos según la reglamentación actual.

El caso generó un intenso debate sobre la sanción que deberían tener los clubes cuyos hinchas cometen actos como estos. La Asociación Nacional de Fútbol Amateur (ANFA), que junto a la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP) organiza la Copa Chile, sugirió expulsar al elenco cruzado, pero finalmente se decidió reprogramar el encuentro en una fecha y lugar a definir.

El arengazo que terminó en desastre

El viernes, a pocas horas del reinicio del Campeonato Nacional tras la pausa por Fiestas Patrias y la fecha FIFA, las barras bravas volvieron a tomarse el protagonismo del espectáculo, con un hecho que podría haber terminado en una tragedia de grandes proporciones.

Durante la mañana de esa jornada miles de hinchas de Colo Colo llegaron hasta el Estadio Monumental para realizar el tradicional arengazo -instancia en donde el equipo entrena al aire libre y recibe el apoyo de sus hinchas-, pensando en el encuentro que disputará este domingo ante Universidad Católica.

El entusiasmo por este encuentro estaba justificado, ya que una victoria de los albos, junto con otros resultados paralelos, podrían significar la cosecha de un nuevo título de Primera División, el que había sido esquivo por cinco años.

La masiva llegada de hinchas a diversos sectores del recinto de Macul hizo que un grupo de ellos se instalara en el techo del sector Cordillera. Algunos fanáticos incluso se subieron a los letreros de la publicidad, los que terminaron doblados debido al peso que no podían soportar.

Finalmente, la acción de los hinchas hizo que la estructura colapsara, por lo que decenas de ellos cayeron directamente al piso. Otros, en tanto, fueron aplastados. Inicialmente se reportó sobre ocho personas que habían resultado lesionadas, en una situación que pudo haber sido peor.

Estadio Seguro, entidad del Gobierno encargada de la coordinación para el desarrollo de los partidos del fútbol profesional, decretó el cierre del sector afectado. Aquello complicó directamente las intenciones de la concesionaria Blanco y Negro, que buscaba que el estadio se llenara para el trascendental encuentro ante la UC.

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