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"Giorgio Jackson ya no duerme siesta"

Paniko.cl conversó con el presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica sobre su salto a la luz pública, en medio de un conflicto estudiantil que ya se prolonga por casi cuatro meses.

Por:  Cristóbal Bley

El presidente de la FEUC y vocero de la Confech vive días de superestrella. Se reúne con Piñera, se sube al escenario con Calle 13, la gente le pide fotos en el metro y las niñas le gritan cosas en la calle. Pero ser uno de los líderes del movimiento social más grande de los últimos veinte años no es puro éxito: “Yo soy dormidor de siesta, pero no me he dormido un hace un año”, dice. Conversamos con él.

Tres neopelolais se pasean por un pasillo de la Casa Central de la Católica. Neopelolais son esas que en esencia son las mismas de siempre, pero ahora vestidas a la última moda: botines de cuero, pitillos, camisa de mezclilla. Las cuatro se pasean, pero también conversan —y muy serias— sobre lo que más les preocupa ahora mismo:

—No, Algarrobo no, hueona. Se llena de pendejos flaites —dice una, haciendo sonar sus zapatos en la cerámica.
—Ay, sí. Es enana la hueá. ¿Y Pichilemu? —pregunta otra, peloliso castaño, voz de pito en si mayor.
—Pichilemu es la pura playa, te morís lo chico —termina la tercera, tan parecida a las otras dos.

Mientras esas cuestiones fundamentales se discutían en un pasillo del Patio de la Virgen, en una oficina, ahí mismo, otros jóvenes menos preocupados se pasan el día en asuntos tan vagos como cambiar el modelo de educación chilena. Un grupo de flojos que no estudia, que tiene congeladas sus carreras y que, según lo que dicen los que sí pagan sus aranceles en la del Desarrollo o la de los Andes, están financiados por partidos políticos tan oscuros como el Comunista. Son, más encima, estudiantes que ni siquiera tuvieron grandes puntajes en la PSU.

A esa oficina —la de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica, FEUC— llega Giorgio Jackson, un poco atrasado, acelerado; con la cara acalorada.

¿Qué te pareció el artículo del domingo en el Reportajes de El Mercurio, donde aparecen los puntajes PSU de algunos dirigentes estudiantiles, y qué creís tú que querían lograr con eso?
—Mira, no sé muy bien qué es lo que habrán querido lograr —dice Jackson, camisa blanca a rayas, ojos juntos que miran fijo—. No quiero hacer juicios de valor. Pero lo que sí se demuestra en el artículo es que somos un movimiento muy diverso y bastante representativo de lo que pasa en Chile. Tenemos estudiantes de todas las regiones, de distintos establecimientos educacionales, de distintos puntajes; y bueno, yo creo que una cosa común es que se deja en evidencia que los puntajes no tienen que ver ni con el liderazgo ni con las capacidades de las personas para poder hacer cambios. Yo lo veo de una manera más positiva que los otros creen que puede haber salido, porque te muestra efectivamente que la PSU no mide estas cosas tan importantes.

Jackson articula sin problemas, sin muletillas, sin lugares comunes. Sin un tono panfletario, tampoco. Todo lo contrario: es como si hubiera bajado de la montaña después de meditar un año en las alturas. No se percibe más que razonamiento en su discurso. No hay palabras de desprecio ni de descalificación, menos un tono irascible o algo de emotividad. Pura calma ingenua rellena de argumentos.

Por ejemplo:

¿Qué te parece a tí ver a algunos políticos de la Concertación, que pudieron haber cambiado todo este asunto hace años, marchando ahí al lado de ustedes, haciéndose parte y apropiándose un poco de todo esto? ¿No te da rabia?
—Es que sabís que si nos ponemos a que nos dé rabia ahora… la rabia es algo muy ególatra, es pa satisfacer algo mío. Entonces acá hay que poner todos los objetivos colectivos por sobre los personales. Si yo tengo rabia con alguien, y eso va a perjudicar en alguna medida que lleguemos a lograr el objetivo, hay que posponerla. No podemos dejar que esas rabias, ni la suma de esas rabias, sea lo que prime. Acá hay que poner un objetivo: si alguien se quiere sumar, bueno, después lo hablaremos, después le sacaremos las cuentas del oportunismo o lo que sea. Pero aquí hay que sumar todo, todo para llegar al objetivo. Yo no soy de la postura de cerrarle la puerta a nadie. Después, bueno: la ciudadanía no es tonta tampoco, juzgará con los hechos. Pero trato de no hacerme problemas previamente porque al final esas son maneras de autosatisfacerse y no contribuyen en nada al movimiento.

*

Giorgio Jackson llegó tarde porque a último minuto surgió una charla, junto a Camila Vallejo y Residente de Calle 13, en la Casa Central de la Chile. La noche anterior habían estado en el escenario del Arena junto al dúo portorriqueño, mandando mensajes para seguir con la lucha. La invitación surgió del propio Residente, que una vez que llegó a Chile se reunió con ellos y los invitó a una cerveza para conversar en el hotel. Ahí los alentó a subir al escenario, a decir algunas cosas, y así también se organizó esa pequeña conversación en la Chile.

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