Política

Carmen Gloria López: "TVN fue el lugar más solapadamente machista donde me tocó trabajar"

No es trivial que sea la primera mujer en dirigir el canal estatal entre 2014 y 2016 quien haga esta declaración. La periodista y escritora acaba de lanzar “Ojos que no ven: ensayos sobre sesgos de género”, donde lo que más impresiona es la honestidad con que comparte sus propios prejuicios inconscientes, así como su experiencia personal de violencia de género. Un libro ad hoc para estos tiempos. 

Carmen Gloria López fue la primera mujer en ser nombrada como directora ejecutiva de TVN.Carmen Gloria López fue la primera mujer en ser nombrada como directora ejecutiva de TVN.
Carmen Gloria López fue la primera mujer en ser nombrada como directora ejecutiva de TVN.

“Me cuesta escribir sobre este tema porque fui una mujer golpeada. CORRIJO. Me golpeó una pareja que tuve por varios años. CORRIJO. Una pareja que tuve por varios años me gritó, me garabateó, me tiró el pelo y, en los últimos meses de nuestra relación, me dio puñetazos y patadas. Aguanté tres episodios de violencia física. No uno. Tres. Fue un número que puse en mi cabeza por algún estúpido motivo. A la tercera se acabó, pero cuando miré hacia atrás... ay, cuando miré hacia atrás, supe que había sido lo que yo misma llamo a veces una mujer maltratada”.

El texto es tan visceral, tan doloroso, como los golpes que recibió la reconocida, autónoma e inteligente periodista, guionista y escritora Carmen Gloria López (55), quien entre sus éxitos profesionales cuenta el haber sido la primera directora ejecutiva de TVN. La autora de la primera temporada de “Sitiados”, coproducción de TVN y Fox (2014), de las novelas “Fugitiva”, “La venganza de las cautivas” y “Cómo sujetar mi alma para que no roce la tuya”, además de consultora de los guiones de las series “Los archivos del cardenal” y “El reemplazante”, presentó esta semana “Ojos que no ven: Ensayos sobre los sesgos de género”.

Ahí, en el noveno y último ensayo del flamante libro que nace de la adaptación de libretos de podcast sobre la realidad de la mujer en Chile y el mundo, devela esa desgarradora y para ella vergonzante etapa de su vida: cuando fue una mujer maltratada. El título es elocuente: “La violencia, mi capítulo pendiente” y así me explica por qué decidió contar lo que vivió:

-Duro capítulo, ese. Me costó escribirlo, porque es un tema que nos da vergüenza. Yo vengo discurseando del tema de la desigualdad de género en los podcast, en mis clases en la Universidad Diego Portales, pero le hacía el quite al tema de la violencia, aunque venía de un proceso largo. Me decidí a contarlo, porque así demuestro que también he estado ciega, que soy parte de esta cultura sesgada, que estoy dentro de esta misma trampa cultural. Yo no soy la más chora de las chorísimas; he estudiado sobre esto, pero también lo viví. Pensé que no debía avergonzarme, porque sentir eso es como si me diera vergüenza que me hubieran atropellado. Este tema ha estado siempre muy callado, con un estigma social muy potente, lo que ha dejado a un montón de mujeres muy desvalidas y como ahogadas.

Carmen Gloria tiene dos hijas de un primer matrimonio: Antonella (26) y Rafaella (24), a las que les dedica el libro, y tres “postizas”, como llama a Esperanza (31), Nieves (28) y Elisa (26), hijas del empresario y ex conductor de televisión, Raúl Alcaíno, su segundo marido, a las que menciona en los agradecimientos de la publicación. “Son puras mujeres con más power que no sé qué”, afirma, dejando en claro que ni el padre de sus hijas ni Raúl Alcaíno, su actual marido, son esa primera pareja que la agredió físicamente en tres oportunidades hace muchos años.

-¿Les contaste a esos miembros de tu círculo cercano –a tus hijas propias y postizas, a Raúl, tu marido, a tus padres y hermanos– que escribirías sobre el episodio?

-Sí, claro. Me di hartas vueltas. Raúl me preguntó si estaba segura de que quería hacerlo, porque él se muere de nervios, es muy privado, muy íntimo. Bueno, pregunté mucho y, después de escribir el capítulo, quedé como aturdida durante un mes. Como que entré de nuevo en esa sensación brumosa en que uno vive cuando experimenta violencia en una relación de pareja.

En el capítulo insiste en esa idea de la niebla, de la bruma. Lo narra así: “Están bien hechas las películas que enmudecen el sonido en los momentos de ataques físicos, porque el tiempo toma otra velocidad, los sonidos se alejan, todo se vuelve nebuloso y una parte muy poderosa de la mente se repite a sí misma una y otra vez «esto no está pasando». Y en un territorio muy profundo, aparecen las ganas de vivir o, más bien, el instinto de supervivencia. El no oponer resistencia, para no morir”.

Toallas higiénicas para las presas

Este último capítulo del libro, el más personal de los nueve, expone la consecuencia más lamentable y brutal de los sesgos de género que arrastramos hombres y mujeres, y que, pese a los avances en la materia, siguen traduciéndose en femicidios y violaciones en grupo, como la que sufrió en el barrio de Palermo, en Buenos Aires, una joven hace un par de semanas.

-Ese caso es terrible, lo mismo que el de La Manada, en España. Muchas feministas radicales, de esas que sostienen que los hombres no pueden ir a marchar junto con las mujeres, argumentan que los seis atacantes de la chica en Buenos aires, los violadores, en sus redes sociales se declaraban casi feministas, machos de-construidos. Hay toda una corriente feminista que plantea: “¿Viste? No se puede confiar en ningún hombre que haya sido criado en esta cultura”. Me parece terrible ese pensamiento. Conozco a muchas mujeres que tienen muchos argumentos filosóficos para defender esa postura y varios ejemplos para confirmarla, pero a mí no me hacen sentido, quizás porque he estado rodeada de muchos hombres buenos. Y creo que la bondad y la maldad se distribuyen equitativamente en ambos sexos, si bien hay uno que tiene un entrenamiento histórico y cultural de mayor dominio, que tiende a mirarnos un poco para abajo, pero no creo que todos los hombres sean unos depredadores sexuales.

Como queda claro en sus ensayos, donde cita varias veces los ejercicios y desafíos que les plantea a sus alumnos en su cátedra de género en la UDP, tiene una mirada más bien compasiva de lo que ella llama “la jaulita” en que están atrapados los hombres. Esa que les impone el estar siempre disponibles para el sexo, ser depredadores sexuales y de la naturaleza, dominantes, violentos, valientes. “Ellos sienten todas esas presiones, tal como me lo confiesan mis alumnos”, explica.

Es una convencida de que terminar con los sesgos de género pasa por un trabajo conjunto, de hombres y mujeres. “El feminismo a muy grandes rasgos busca que el sexo con el que naces no determine tu desarrollo humano. Eso es lo que hay de fondo tras la petición de la igualdad de los sexos. Pero esta demanda tiene distintas manifestaciones, un poco como la religión. Yo no soy feminista radical separatista: creo que esto es como la lucha por los derechos civiles de los negros en Estados Unidos, donde si no participan blancos y negros, la lucha no tiene sentido. Y creo de verdad que igualdad de los sexos va a liberar a hombres y a mujeres. A ellos más incluso.

-¿Por qué dices eso?

-Porque creo que cuando vayamos liberándonos de estas jaulitas que nos inventamos para definir qué es ser hombre y qué es ser mujer o, más bien, las ampliemos, ellos van a ser los más felices y beneficiados. Hoy las mujeres tenemos todas las opciones: podemos estudiar física cuántica o enfermería o pedagogía básica. Los hombres, en cambio, no tienen abierto socialmente el mundo de la educación inicial. No se usa o no es bien visto que sean parvularios y eso atenta contra los modelos masculinos potentes que requieren los niños en esa etapa clave, más cuando hay tantos que tampoco tienen un papá en la casa, porque son criados por una madre sola. Hoy una mujer teóricamente puede todo. La cajita de ellos, en cambio, sigue siendo muy estrecha y yo encuentro que es a-go-ta-do-ra, porque deben ser dominantes, sabérselas todas.

Carmen Gloria no es una feminista rabiosa, como se ve. Su aproximación al tema es muy del tono de “Comunidad Mujer”, fundación a la que considera un “gran aporte”. Así lo explica: “Comunidad Mujer ha hecho mucho. No es una organización activista, sino investigadora de la realidad de la mujer en distintos ámbitos. Le pone números a muchas cosas y desde esas investigaciones hace propuestas con perspectiva de género para las políticas públicas”.

-Sin embargo, es un grupo de élite, muy poco representativa de ese feminismo militante, callejero, activista y vociferante que vemos en la calle.

-Nadie en Chile encarna el feminismo completo. Nadie puede agarrar el feminismo y ponérselo debajo del brazo como quien se lleva una carpeta para la casa. El abanico es muy amplio: feministas liberales, de derecha, de izquierda, de centro. Algunas creen que el género no existe para nada, están en esa parada que dice que al final del camino del desarrollo los géneros deberían desaparecer. Y que cada mujer debería ser lo que quiera ser, y lo mismo cada hombre.

La periodista es miembro del directorio del Hogar de Cristo y en ese sentido le preguntamos si tanto las estudiosas como las radicales están preocupadas de las mujeres más pobres y vulnerables. Esas a las que el feminismo como concepto les pasa por el lado porque están ocupadas de sobrevivir, como las que viven en calle, con problemas profundos de salud mental y consumo, las con discapacidad mental, las privadas de libertad. Dice: “Conozco a muchas feministas haciendo trabajo específico por las más pobres y excluidas, como Red Acción Carcelaria, un grupo que se dio cuenta de que Gendarmería no tiene ni una perspectiva de género en los penales y se dedican a llevarles toallas higiénicas a las reclusas, porque en pandemia hubo poca visita y nadie pensó en que necesitaban ese recurso que ya nadie les llevaba”.

Putin y Trump

“Un reguetón que dice vamos a abusar, a agarrarte por el pelo... ronca de santa, es senda putilla”.

“En la primera página de una revista, cuatro hombres sostienen a una mujer en el piso por las muñecas, y no es la denuncia de una violación en pandilla, sino un aviso de Dolce & Gabbana”.

Por la calle, “el afiche de una discoteque propone: Invítala a bailar pero bien curá y otro muestra a una mujer inconsciente tirada sobre el piso, la invitación en este caso es que te piquen los minos, no los mosquitos. En el Metro, te topas con la media mina de Tritón, literalmente es la mitad inferior de un cuerpo femenino, que camina ofreciendo galletas, la publicidad en vivo insinúa que nadie podría resistirse a esto: solo unas piernas y un culo, sin cabeza ni boca, ¿la mujer perfecta es una descuartizada?”.

Estos ensayos de sesgo de género de Carmen Gloria López primero fueron podcast y, por lo mismo, están llenos de referencias pop, como las anteriores: series de TV, canciones, películas, avisos publicitarios, que demuestran el ninguneo y la cosificación de la mujer en los medios y en la cultura popular, así como la perpetuación de los estereotipos de género. Hace notar que “los monitos” de su infancia: Pedro Picapiedra y Los Supersónicos presentan una familia cavernícola y una situada en el futuro, el año 2062. En ambas el rol de la mujer es el mismo, el de la que sirve la comida y lleva la casa, pese a las muchas modernidades y tecnologías de punta que anticipa la serie sobre la familia Sónico. Y entrega datos notables sobre la presencia dominante de los hombres en contenidos “serios”, el rol decorativo de la mujer y mucha valiosa información cuantitativa recogida en estudios notables que acá no se conocen y menos se hacen, como los que desarrolla la fundación de la actriz Geena Davis en Estados Unidos. “Acá hay poco de eso, pero fíjate que alguno que se hizo sobre las teleseries chilenas dice que son poco machistas y destacan a las mujeres como personajes fuertes, quizás porque reflejan la realidad del país: mujeres solas haciéndose cargo. Ocupándose”.

-La televisión es una de las principales responsables de la mantención de prejuicios y estereotipos sobre la mujer. ¿Cómo fue en ese sentido estar a la cabeza de TVN, entre 2014 y 2016?

-Yo había trabajado antes en el 13 y debo decir que no he conocido ambiente más patética y solapadamente machista que el de TVN. Esa condescendencia con la que me encontré se tradujo en que me demoré mucho tiempo para lograr que me dijeran por mi nombre y dejaran de tratarme de Yoyita. Este tema lo desarrollo en el libro. El estereotipo de que los hombres son competentes y las mujeres, esforzadas. Que los hombres que son buenos en matemáticas en porque son brillantes y las mujeres que destacan son mateas. La Yoyita en el 7 era matea. Y porque ella misma está marcada de manera inconsciente por esos prejuicios se quedaba hasta las tantas trabajando; o sea, yo no soy competente, soy trabajólica, por estoy aquí. Finalmente renuncié.

-Además estaba la escoba en TVN. Las pérdidas eran cuantiosas.

-Sí, estaba la escoba y uno siente la carga. Entonces me dieron muy duro en la prensa, pese a que (Cristián) Bofill estaba perdiendo más plata que yo en el 13, lo mismo que Jaime de Aguirre en Chilevisión. Fue una etapa en que todos perdimos plata. Pero se instaló una cosita como “es ella la que pierde plata”.

Yoya, como le dicen, cuenta que la llamaron de TVN cuando “había tres planes y yo era el tercero. Aunque ya me había retirado del mundo ejecutivo, inconscientemente sentí que si llevaba años predicando por puestos de poder para las mujeres, no me podía negar y acepté. Pisé el palito”.

-¿Pudiste hacer algo por cambiar los estereotipos de mujer que muestra la televisión?

-Pude hacer bastante menos de lo que creí. Cuando acepté ese cargo pensé que podría pintar las paredes de TVN de otro color, pero cuando di el primer brochazo, las paredes se derrumbaron, porque el área dramática que era lo que sostenía el edificio se había ido a Mega.

La autora de “Ojos que no ven” prefiere no seguir hablando de TV, matinales, noticieros y teleseries. “No quiero pelar a la gente con que trabajé”, afirma y pasamos entonces a la vida real y lo que tiene hoy al mundo de cabeza, la guerra.

Afirma: “El mayor sesgo de género, que desconoce completamente la ansiada co responsabilidad para educar a los hijos, es que todos los ucranianos mayores de 18 años tengan que quedarse a defender su país frente a la invasión rusa. Hemos visto a los padres separarse de manera desgarradora de sus hijos pequeños y sus mujeres. ¿Por qué eso es así? ¿No sería razonable que los padres con niños menores migren junto con ellos, porque el futuro y el destino de esos niños es lo que importa y se quedan a pelear los hombres y mujeres que no tienen hijos pequeños? Realmente es un tema que me parece importante plantear. Si creemos en la igualdad de los sexos, en la responsabilidad compartida de los padres, lo que hemos visto en esta horrible guerra me parece incomprensible".

-¿A quién responsabilizas de lo que está pasando?

-A Vladimir Putin, a hombres como él y como Donald Trump. A ellos, que representan la masculinidad tóxica en su máxima expresión. Hombres que ponen su esencia en el poder absoluto y en el dominio sobre otros, que ningunean a las mujeres y todo lo que se ha asociado culturalmente a nosotras: la colaboración, la sensibilidad y la preocupación por otros.

-En ese sentido, debes estar contenta con el nuevo gobierno que asume mañana, el de Gabriel Boric, que se declara feminista y pro mujer. ¿Cuáles son tus expectativas? ¿Tienes esperanzas?

-Un día sí y otro no. Así estoy. Confío en él. Me gusta Boric. Los que me hacen dudar son varios de los que lo rodean.

Ximena Torres Cautivo

Periodista y escritora.+ info

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