Política

Las sorpresas que encontró Luis Marcó al asumir como director de la ANI

La foto en LinkedIn del ex jefe de inteligencia, una máquina de Big Data incompleta, monitoreo de Instagram y Twitter, departamentos de contraespionaje, de terrorismo, de “violencia rural” y de anarquismo reducidos a su mínima expresión, fueron algunas hallazgos que habrían incomodado al nuevo director de inteligencia.

Uno de los guardias del edificio de Tenderini espera la llegada de visitas protocolares que recibió esta semana el nuevo director de la ANI.
Uno de los guardias del edificio de Tenderini espera la llegada de visitas protocolares que recibió esta semana el nuevo director de la ANI.

Luis Marcó, el nuevo director de la Agencia de Inteligencia (ANI), tomó posesión de su cargo y encontró con el siguiente panorama: carpetas secretas vacías en los computadores, departamentos de contraespionaje, de terrorismo islámico, de “violencia” rural y de anarquismo, 50 analistas monitoreando redes sociales buscando actividad delictiva propias de las policías y teléfonos satelitales sin emplear.

Para su sorpresa había más detalles incómodos heredados: sorprendentes relatos del 18 de octubre, despidos de civiles en puestos claves, con a lo menos cuatro juicios por despido injustificado que el servicio perdió en tribunales, un convenio para acceder a menores de edad del Sename, turnos extenuantes, una planta de funcionarios que no cabían en el edificio con comodidad causaron extrañeza en el nuevo jefe de la inteligencia.

Pero una de las cosas que más llamó la atención, era que varios funcionarios aparecían públicamente en redes sociales con un alto perfil. Y lo que más habría molestado a Marcó fue encontrar un llamativo perfil en LinkedIn del jefe de la división de inteligencia Alan Nettle , uno de los hombres de mayor confianza del ex director, el marino Gustavo Jordán. A juicio de Marcó, "un agente es discreto".

 

Entre sus primeras tareas, junto con el despido de militares traídos por Jordán, algunos de ellos considerados amigos personales, la recuperación del contenido de carpetas y la reestructuración de departamentos estratégicos internacionales olvidados, es retomar contactos para el intercambio de información con servicios del Mercosur y de Europa, considerados de primera importancia para el trabajo de la agencia.

Nuevos nombramientos y búsqueda paritaria 

A ellos se sumó un rápido casting para designar jefes de división y jefas de departamento principalmente en las unidades olvidadas por la administración anterior.

Rápidamente nombró a su equipo de confianza. Éstos están compuestos por funcionarios que habían sido despedidos, o que habían sido relegados a trabajos de iniciado, a pesar de que algunos tenían cerca de 20 años de experiencia en inteligencia.

Así, nombró jefe de división a Gastón Denis Prieto, quien llegó junto a él a tomar posesión del cargo y auditar las finanzas. A este se sumó como nuevo jefe de la división de inteligencia Marcelo Rojas, especialista en crimen organizado, violencia mapuche y narcotráfico.

En contrainteligencia despidió a dos militares y a dos oficiales de la PDI. Como jefe de la División dejó a uno de los funcionarios con más experiencia en el trabajo de grupos anarquistas y de personas extranjeras de interés.

Según indican funcionarios del Ejecutivo, como Marcó debía alcanzar paridad de jefaturas por instrucción de La Moneda, rápidamente nombró cuatro jefas de departamento, entre ellas la psicóloga Paz Martínez, la periodista Paula Vera y la abogada Jacqueline Díaz.

Recalcan desde La Moneda que se le solicitó al nuevo director de la ANI potenciar el análisis principalmente de grupos violentos en la Araucanía y de crimen organizado en la macro zona norte, macro zona sur y en Santiago

Otra de las sorpresas que encontró Luis Marcó fue un Centro de Unificación de Datos de inteligencia, vinculado a la División de Ciberinteligencia, con información que consideró de baja relevancia.

Por lo que la unidad fue prácticamente clausurada. No era del agrado de Marcó que una agencia civil y de análisis tuviera empleados, hasta secretarias, trabajando en turnos de 24 horas o más, y donde la producción de información estaba orientada a detectar o tratar de anticipar posibles manifestaciones por Instagram o twitter.

Comentan en el Gobierno que “muchas estas protestas nunca se realizaban” y que eran informadas a La Moneda, porque ante la sola posibilidad de que ocurriera el ex director Jordán “sobre reaccionaba a una amenaza que no era tal”.  Por ello, “la faena era una de las prioridades que había desarrollado el ex director Jordán con Allan Netlle y Humberto Senarega”, señalan desde el Ejecutivo.

El nuevo equipo de Marcó también recompuso la unidad secreta de barrido electrónico, encargada de chequear que no hubiera tecnología invasiva en oficinas gubernamentales, ministerios, en la Cancillería, y que en alguna ocasión también se empleó en La Moneda. 

La unidad data de los años de la Dirección de Seguridad Pública e Informacione (Dispi), y, con mejor tecnología, usualmente buscaba descartar la existencia de micrófonos. De hecho, pese a lo estilo 007, “según la leyenda urbana, uno fue encontrado en Palacio en 2003, bajo el Gobierno de Ricardo Lagos”.

Del grupo de funcionarios que desempeñaba la labor de barrido electrónico sólo quedaban dos empleados, en una oficina de tres por dos, dependiente de la unidad de Contraespionaje.

Fogatas a las afueras de la oficina de la ANI durante el estallido social.

Versiones del 18 de octubre que llegan a Marcó

El mismo modo algunos funcionarios comentaron a sus nuevos jefes como vivieron la jornada del 18 de octubre de 2019.

“En la agencia sólo existe una salida, como había desmanes en la puerta y fogatas, ante la posibilidad de que una horda reconociera de qué es este edificio se comenzó a diseñar un plan de evacuación por la azotea buscando salir algún edificio colindante, era la única forma, cuando estaba a punto de haber luz verde, se decidió esperar y finalmente el grupo que estaba en la puerta se alejó y se pudo evacuar “, relata desde el Gobierno un conocedor de aquella jornada.

Muchos de ellos debieron pernoctar durante tres días en el edificio de Tenderini 115. No sólo por la cantidad de trabajo demandada, sino que también porque había desmanes y fogatas en la única puerta de salida del servicio de inteligencia.

Ex agentes reconocen que la puerta es otra de las vulnerabilidades de  la ANI.

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