Política

Pedro Cayuqueo y el conflicto mapuche: “A Boric le puede pasar lo mismo que a Allende con el Cautinazo”

Por eso le recomienda que lea sobre el caso y rescate el informe de la Comisión de Verdad Histórica y Nuevo Trato, que impulsó Aylwin y Lagos le dejó a Bachelet, quien lo guardó en un cajón en La Moneda. Y agrega otra iniciativa huinca positiva: “Cuando el ministro Alfredo Moreno, en Desarrollo Social, se enfocó en restablecer confianzas con el mundo indígena”. Todo se fue al trasto con el crimen de Catrillanca.

Pedro Cayuqueo, periodistaPedro Cayuqueo, periodista
Pedro Cayuqueo, periodista

Lo conocí en 1999. Tenía 24 años, estudiaba Derecho en la Universidad Católica de Temuco y era secretario de la Coordinadora de Comunidades en Conflicto, en una región de La Araucanía que parecía una taza de leche al lado de lo que se vive hoy en ella y en la vecina región del Biobío, e incluso en la de Los Ríos. Entonces lo describí así para un reportaje titulado “Entre el celular y el kultrún”: “Buenmozo, joven, apasionado. Por look, de más podría ser el comandante Marcos que los periodistas andamos buscando con tanto afán”. 


“Hasta ahora me echan tallas por eso", dice hoy el periodista y escritor Pedro Cayuqueo (46), autor de 10 libros, entre los que se incluye la saga que está a punto de ampliarse a un tercer tomo, “Historia Secreta Mapuche”, y que explica el conflicto que hoy altera la llamada macrozona sur y también el Puelmapu, en Argentina, a través de un repaso histórico desmitificador. El juvenil y combativo dirigente de ayer, desde hace tres años está radicado en la Región de Valparaíso. “Me siento como O´Higgins exiliado en Perú”, comenta semi serio, y cuenta que es a causa del trabajo de Angélica, su mujer, directora del Hospital Doctor Eduardo Pereira de Valparaíso, que se encuentra tan lejos de su querido Ragnintuleufu, en la provincia de Cautín, donde creció.  


Pedro es el menor de tres hermanos, criados por Jacinta, su madre, debido a la temprana muerte de su padre, y por su abuelo, Alberto, su gran figura paterna y muy presente en su obra. Cuenta: “Soy mucho más Millaqueo que Cayuqueo. Ragnintuleufu, donde está la comunidad de mi abuelo, es muy tranquila, aunque tuvo tiempos alborotados durante la Reforma Agraria. Mucha gente piensa que el conflicto actual empezó ahora, pero entre los años 1960 y 1970 se vivió lo que se conoce como el Cautinazo. Los mapuche de la provincia de Cautín desbordaron la Reforma Agraria y pusieron en aprietos el gobierno de Allende. Pero en la época en que yo nací y viví mi infancia y adolescencia, había vuelto a ser una zona de mucha tranquilidad y bonanza, incluso económica. 


-En ese sentido, eres un mapuche afortunado, que pudo estudiar, llegar a la universidad. 
-Nosotros somos tres: dos hermanas y yo, que soy el menor. La mayor vive en Inglaterra desde hace casi treinta años. Se fue de adolescente a vivir a Londres, donde nosotros tenemos unos tíos que migraron en los años 80. La menor es tecnóloga médica del Hospital Regional de Temuco. Hay generaciones mapuche que en los años 90 irrumpieron en las universidades llenas de brío. Ese es un fenómeno súper interesante. Es una generación cuyos padres y abuelos tuvieron la lucidez de inculcarnos el estudio del conocimiento huinca como una herramienta de lucha. Y nosotros desde muy jovencitos en la Universidad empezamos a luchar todos los días desde dentro. ¿Te acuerdas que tú me entrevistaste en el Hogar Estudiantil Pelontuwe, donde había unos cien estudiantes? Esa era una toma, una casa okupa y, desde ese lugar, que era un recinto oficial, financiado por el Estado, han salido casi siete mil profesionales en los últimos veinte años. Muchos de los mapuche que hoy hacen política y son incluso convencionales constituyentes tienen su origen en ese recinto. 
Entre ellos, menciona a “la abogada Rosa Catrileo, que está muy vinculada al Hogar Indígena. Ella es la mujer del ex dirigente del Hogar, Julio Marileo. También la profesora huilliche  Carmen Jaramillo Gualaman, que salió electa constituyente, pero por cuestión de paridad, debió ceder su cupo. Y en el ámbito de la cultura y las letras hay muchos ex miembros del Hogar en la escena pública actual”.

El récord Guinnes de los camiones quemados


“Tras cursar una precaria enseñanza básica en una escuela unidocente y seguir estudios secundarios con un esfuerzo titánico, tanto en lo económico como en lo que significa dejar su comunidad e insertarse en un medio que lo rechaza, es comprensible que el primer despertar de conciencia de un joven mapuche sea de rebeldía. En la universidad, se produce esa reacción donde se mezclan el orgullo de haber llegado con el resentimiento de lo difícil que fue. Y es complicado cuando se confunde conciencia con resentimiento. De ese error suelen surgir malos líderes, gente que puede provocar mucho daño”, nos dijo una alta autoridad eclesial de la zona a fines de los 90. ¿Hubo algo de presagio en sus palabras? Se lo planteamos y así responde:
-Algunos tuvimos ese combustible inicial del resentimiento. Yo estuve en la fundación de la CAM (Coordinadora Arauco Malleco), de la que me retiré en 2001. El mismo estudio y conocimiento, el mismo roce con el mundo huinca, te va haciendo más moderado con el paso del tiempo y hoy uno entiende que este es un conflicto que se resuelve con política, dialogando, no con represión ni presencia militar. El conflicto más violento se retroalimenta cada cierto tiempo de generaciones nuevas, de jóvenes mapuche que por un idealismo exacerbado participan de actividades radicales. Eso por un lado; y por el otro, hay un Estado que niega e incluso criminaliza una protesta y unas reinvindicaciones que en cualquier democracia avanzada serían demandas de toda lógica. Hablo de peticiones económicas, políticas, territoriales, culturales, de un pueblo que necesita tomar las riendas de sus propios asuntos, tal como lo han podido hacer las tribus originarias en Estados Unidos, los maoríes en Nueva Zelanda, los indios cuna de Panamá o los pueblos indígenas de Nicaragua… Hay muchísima experiencia a nivel mundial de un trato diferente a las naciones originarias, incluso en países con los que a Chile le gusta compararse, como Nueva Zelanda. Los  discursos radicales mapuche vistos en perspectiva no son tan radicales, los métodos son los que se van volviendo radicales al no ser escuchadas esas peticiones. 


-¿Quiénes son los que están detrás de acciones tan violentas como la que vimos hace una semana contra el conductor de un camión en Curanilahue en un video que se hizo viral; las quemas de viviendas, iglesias, maquinarias; los asesinatos y secuestros?
-Las organizaciones radicales son por todos conocidas. Tienen nombre y apellido, han publicado libros con sus reivindicaciones. Hablo de la CAM, que es histórica y está liderada por Héctor Llaitul, que tiene un discurso y un objetivo muy claro: expulsar a las forestales del Wallmapu.  Ellos nunca han tenido bajo su responsabilidad la muerte de civiles, pero sí han debido lamentar la muerte de sus militantes a manos de Carabineros. Otras organizaciones radicales son la Resistencia Lafquenche y Weichán Anka Mapu, cuyas acciones van desde  el sabotaje hasta la propaganda armada vía redes sociales o comunicados, pero las acciones de estos grupos se mezclan y se confunden con otros fenómenos asociados a delincuencia, que en este caos actual y en la ausencia total de autoridad que hay, tienen un amplio campo abierto para operar. Existe bandidaje rural, abigeato, robo de madera, microtráfico de drogas, y la prensa mezcla todo como si fuera lo mismo. Así, casos como el secuestro y homicidio en Collipulli, tan publicitado, es un caso de delincuencia rural y no tiene nada que ver con las demandas mapuche y eso hay que dejarlo súper claro. Yo difiero además con quienes ponen estas acciones en un marco de guerra civil o insurgencia armada o terrorismo.


Los diez libros publicados por Pedro Cayuqueo buscan aclarar estos puntos. Despojar a los huincas del tupido velo del prejuicio, el racismo y la ignorancia sobre la historia que dificulta la comprensión del conflicto. “Las nuevas autoridades harían bien en leerlos, porque si no hay disposición a entender las demandas mapuche, si no existen autoridades dispuestas a oír a todos, esto no se va arreglar nunca. Si el Ministerio del Interior tiene problemas severos de inteligencia en la zona y mete todo en la misma bolsa, no habrá salida. Héctor Llaitul ha planteado varias veces durante los últimos cinco años la disposición de la CAM a dialogar con el Estado sobre tierras, autonomía y la expulsión de las forestales de un territorio antaño bendecido por la naturaleza que hoy está convertido en un verdadero vivero forestal al aire libre. Y esto lo comparten muchos de los habitantes no mapuche de la zona sur, que concuerdan en que las forestales han desarrollado hectáreas de monocultivo súper dañinas para el ecosistema y la vida humana. Las autoridades deberían empezar a leer bien el conflicto y no seguir creyendo que las organizaciones radicales mapuche hacen violencia por deporte. Ellos no andan en busca del Récord Guinness de camiones quemados. Ellos lo que buscan es llamar la atención de las autoridades y lograr ser escuchados, lo que no ha sucedido en los últimos veinte años. 


-¿Cómo te imaginas que se den las cosas con el nuevo gobierno? ¿Esperas que se abra ese diálogo?

-Yo estoy demasiado bien informado como para tener muchas esperanzas. Esto requiere de dos, tres o cuatro gobiernos que lo aborden con seriedad, porque este conflicto no se resuelve ni con bonos ni con represión policial o militar. Requiere de un cambio cultural. Yo veo que el gobierno de Boric tiene todo el entusiasmo por abrir un camino diferente, pero ese entusiasmo puede durar hasta que le toque enfrentar el próximo gran atentado en el sur. Y cuando eso suceda es clave seguir conversando, dialogando, incluso existiendo violencia. Esa es la gran barrera a superar. Siempre el gran escollo ha sido la suspensión del diálogo y los acercamientos ante el primer hecho de violencia. Sin duda, el nuevo gobierno tiene un complejo escenario por delante, pese al entusiasmo ambiente.

Historiador de facto, tras dos décadas de estudios autónomos, Cayuqueo le recomienda al presidente electo, “que es un gran lector de historia”, repasar lo que significó “el Cautinazo” para Salvador Allende y el gobierno de la Unidad Popular. Y dice: “Militarizar, judicializar, cortar el diálogo, conduce al despeñadero total”.

No al racismo buena onda


Pedro se disculpa. Reconoce que su camino actual puede parecer “poco romántico, poco heroico”, pero explica que transitó del radicalismo del inicio y optó por seguir estudiando y convertirse en un profesional útil a la causa de su pueblo. Explica así su transformación: “Yo me sigo sintiendo un radical mapuche, porque sueño con un país mapuche, con que la lengua de mi pueblo sea la que respiremos, pero creo que las herramientas para lograrlo pueden ser mucho más diversas, como lo demuestra la historia. Los mapuche hemos practicado muchas estrategias, desde parlamentar hasta la lucha armada. Mi camino es la información, el hacer pedagogía desde los medios y los libros a la sociedad chilena, porque hay mucho desconocimiento”.

-¿Y qué dicen los tuyos de tu opción? ¿Te quieren o no te quieren?

-Mientras me quieran en mi casa y en mi familia, todo bien, porque los mapuche somos una sociedad que se sostiene en sus clanes. Los Cayuqueo y los Millaqueo me quieren. Quizás haya otros clanes que tengan una mirada negativa. No lo sé. Pero en mi carrera como escritor, como historiador, siempre he recibido el cariño de la gente mapuche. En los últimos años he entrevistado al líder de la CAM, Héctor Llautil, en varias ocasiones lo que implica un respeto por mi trabajo.

-¿Ves dentro de todo ese conflicto algunos avances en la percepción que tiene la sociedad chilena actual del pueblo mapuche, menos prejuiciosa, menos racista?

-Ciertamente, observo avances culturales en muchos ámbitos. Tener a Elicura Chihuailaf como Premio Nacional de Literatura es un paso gigante, considerando que el mundo de la cultura chileno es eminentemente blanco y metropolitano. Es notable que un mapuche que vive en Cunco, en la ruralidad, aislado, haya recibido ese reconocimiento.  Hoy la bandera mapuche flamea en todas partes, en todas las marchas. El que la Convención Constituyente cuente con escaños reservados para los pueblos originarios y que la primera presidenta haya sido Elisa Loncon, una mujer mapuche con altos grados académicos, trilingüe, son signos muy positivos. Eso me hace sentir muy optimista sobre los cambios sociales, pero respecto de los políticos tengo una desesperanza aprendida. Por eso es tan importante resolver el conflicto violento, que es una cuña clavada profundamente, que impide la sana convivencia.  

Comentamos el más reciente ensayo de José Bengoa, antropólogo e historiador chileno que mucho sabe de la causa mapuche. En él, Bengoa sostiene que la rabia explica el estallido social de octubre de 2019. Pedro hace notar que el illkun o enojo mapuche estalla a fines de los 90, pero se venía incubando desde el siglo 19. “Los dolores y heridas acumulados a causa del racismo cultural de los chilenos son de mucho tiempo. Temuco era a los mapuche lo que Alabama a los negros en los años 50 en Estados Unidos. Había violencia social, económica, física, de todo tipo contra el mapuche. Ese ilkun, esa rabia, fue una fuerza movilizadora que en los años 60 nos llevó a tener presencia en el Congreso, donde estábamos representados por Venancio Coñuepan, histórico ministro de Carlos Ibáñez del Campo, y por Rosendo Huenuman. Luego se produjo el golpe militar. Hoy yo veo un movimiento mapuche que busca desesperadamente por distintas vías dialogar: académica, intelectual, artística, donde la rabia, la violencia, es una más, y el Estado debe aceptar ese diálogo.

-El escritor y periodista argentino Martín Caparrós, en su ensayo “Ñamérica”, sostiene que hoy los que consiguen sus reivindicaciones son los que apelan a su papel de víctimas, y eso incluye a los pueblos originarios, abusados por los conquistadores españoles sí, pero previamente explotados por sus propios y crueles gobernantes. ¿Qué opinas de su tesis? 

-Es genial Caparrós. Estoy leyendo “Ñamérica” y estoy de acuerdo en que los mapuche no somos víctimas, menos de los españoles. La mirada del huinca de cierto estrato social está cargada de un racismo buena onda, un racismo tierno, donde prima la idea de que ellos están llamados a salvarnos y devolvernos nuestros derechos. Yo jamás diría que hay una victimización de los mapuche: al revés, hay un tremendo orgullo de nuestra historia. La gran paradoja del conflicto mapuche en Chile, y que la izquierda no lo logra entender, es que nosotros no queremos que el Estado nos salve y nos venga a solucionar nuestros problemas, lo que queremos es que nos quiten las manos de encima. La gente de izquierda se escandaliza y los liberales puede que nos entiendan mejor, porque el ideal del pueblo mapuche es la libertad, que nos dejen ser lo que somos. Ese enamoramiento mapuche de la libertad, tan bien expresado en el tercer poema épico más importante de la lengua castellana, La Araucana, puede volverse fanatismo, pero realmente es la libertad lo que nos mueve.


-¿Te han llamado las futuras autoridades para consultarte? ¿No te ofrecieron un cargo?

-Yo no soy militante de ningún partido y los gobiernos tienen que meter en la bolsa de trabajo estatal a los suyos. Pero como estoy en el mundo de la cultura ha sido habitual que, desde el gobierno de Ricardo Lagos en adelante, me inviten a conversar.

-Y desde Patricio Aylwin en adelante, ¿quién lo ha hecho mejor o menos mal en esta materia?

-Yo destaco dos momentos: cuando Ricardo Lagos organizó la Comisión de Verdad Histórica y Nuevo Trato -que presidiera justamente Patricio Aylwin hace dos décadas-, en la que participó gente de muy diversos mundos y durante varios años trabajaron en un informe de cinco tomos, muy interesante, con propuestas de soluciones, que hoy acumulan polvo en algún cajón en La Moneda, donde los puso Bachelet. Sería importante que Boric los pudiera leer y se diera cuenta de que no hay para qué hacer otra comisión y que deberían ser lectura obligatoria en los colegios. El segundo momento que yo destaco es la lucidez que exhibió el ministro Alfredo Moreno, cuando como ministro de Desarrollo Social en el segundo gobierno de Piñera, se enfocó en restablecer confianzas con el mundo indígena y se reunió con todos. Desgraciadamente, esa buena iniciativa fue boicoteada por el crimen de Camilo Catrillanca y todo volvió a punto muerto. Eso se debió a esa pésima estrategia que tienen en La Moneda, la de las cuerdas separadas; por un lado, está el diálogo social y, por otro, la represión en pos de la seguridad interior del Estado.

-Algunos dicen que al sacar del Comité Político al Ministro de Desarrollo Social y poner ahí a la Ministra de la Mujer, el tema mapuche queda todavía más abajo en el ranking de prioridades del nuevo gobierno.

-No creo que ese cambio tenga muchas repercusiones si es que el tema indígena se radica en el Ministerio del Interior. Me da confianza Izkia Siches, incluso por su declarada condición de descendiente aimara. Creo que ella aplicará sabiduría al tema.

También aplaude la nominación de Verónica Figueroa Huencho como Subsecretaria de Educación Superior, a quien califica de “una gran académica”. Y no se queda corto para alabar al senador Francisco Huenchumilla (de quien escribió el libro “Huenchumilla. La historia del hombre de oro”), al que llama “un viejo zorro”. Y finaliza destacando el rol de Elisa Loncon:

-Cuando éramos niños, jamás vimos a una alta autoridad que fuera mapuche. Verla a ella en distintos momentos de su presidencia en la Convención con la vestimenta y la platería mapuche bellísima tuvo y tendrá para siempre un valor simbólico poderoso. Acordarme de su discurso inaugural en algo tan inédito con la primera Convención Constituyente Paritaria fue un tremendo orgullo que me tuvo completamente emocionado muchos días.  
 

Ximena Torres Cautivo

Periodista y escritora.+ info

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