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“Solo en casa”, por Santiago Maco

La luz llega directo a mi cara y me duele la cabeza. Nauseas. Apenas puedo abrir los ojos. A los 30 años deberían prohibirte la entrada a las discoteques. Sería una buena política de salud pública. Son las tres. Demasiado tarde para evitar la caña, porque tengo el sol en el cerebro. El sol y un ratón vivo que se pelea con un guarén para ver quién se come primero mis sesos. ¿Por qué te fuiste, Manolo? 

Por:  El Dínamo

La luz llega directo a mi cara y me duele la cabeza. Nauseas. Apenas puedo abrir los ojos. A los 30 años deberían prohibirte la entrada a las discoteques. Sería una buena política de salud pública. Son las tres. Demasiado tarde para evitar la caña, porque tengo el sol en el cerebro. El sol y un ratón vivo que se pelea con un guarén para ver quién se come primero mis sesos. ¿Por qué te fuiste, Manolo?

Un día lejos de mi marido y me pierdo en la noche. No me acuerdo cómo llegué a la cama. La mente no funciona, así que la única opción es el teléfono. “Santiago, lo dimos todo anoche. Hace mucho que no estábamos todas las amigas en la ciudad”, me dice Rodrigo. Es cierto. Felipe en Londres con su novio de internet, yo con mis suegros y el resto dando vueltas por las costas chilenas. El clan estaba desperdigado y necesitaba reunirse.

“Parece que bailamos un poco”, le digo. Los recuerdos surgen como escupidos por los roedores que habitan mi cráneo. “Estaba lleno. Uy. ¿De dónde salen todos esos maricones?”. Sólo un mes fuera de las pistas bastó para que nacieran más homosexuales. De todas las razas: osos, deportistas, intelectuales, famosillas, de todo. Son miles, así que hay que ir con cuidado. “Sí, estaba repleto el lugar. Eso sí, estuvimos un poco fuertones”. No sé en qué minuto pensé que bailar agachado y con la cabeza por el piso era algo cool. Llevo tiempo haciéndolo. Es como mi gracia en la pista de baile. Una que debería acabar. Lo prometo.

La cosa es que los carretes maricas son un horror. Algo pasó con la comunidad gay que, de haber tomado rumbo directo a la modernidad y la vanguardia hace un par de décadas, se perdió en el camino. Madonna, Britney y Lady Gaga nos tendieron una trampa. “Shakira es la líder”, dice Rodrigo. Por culpa de ellas estamos atrapados en la música comercial, en las poleritas de Armani Exchange, en los pelos parados, los collares de bolitas y los perfumes de duty free.

“Para variar, éramos las más divertidas de la fiesta. Es como si los maricas lo pasaran mal cuando salen. ¿Qué les pasa? ¿Por qué tienen esas caras, como shenshuales?”. No sé. Todas se creen las más lindas del lugar. Alguna vez, un beatnik escribió: “Los maricones son muñecos de ventrílocuo que se introdujeron en el cuerpo de su creador y usurparon su personalidad. Se sientan en su bar de locas con su cerveza en la mano y parlotean incansablemente moviendo sólo la boca mientras el resto de su cara de muñeco permanece rígida”. No se equivocó. Eran los años ’50, pero el paso del tiempo no cambió nada. Siguen las mismas caras tiesas. “Quizás el rictus sea efecto de las drogas”. Puede ser. Debe ser.

“Amigo, te corto. Necesito ir a buscar un vaso de jugo”, le digo. La casa está más vacía que nunca y yo sigo mareado. ¿Por qué te fuiste, Manuel? No lograré sobrevivir a esta caña sin ti. De vez en cuando me quedo solo. Manolo está de viaje fuera de Chile. Ahora somos Martín, el perro/gato, y yo. Mi idea era aprovechar el feriado conyugal y hacer cosas productivas en la casa, como dormir o ver tele en la cama. Comer viendo tele en la cama. Quedarme dormido con la bandeja en la guata. Ser un asco. ¿Qué hubiera hecho Macaulay Culkin en mi lugar? Buscar el equilibrio entre Home Alone y Party Monster. Desgraciadamente, opté por la última.

No sé si podré llegar hasta el refrigerador. ¿Por qué anoche nadie me bajó del auto con una patada y me liberó de este calvario? “Martín, no te acerques, puedo vomitar”. Cresta. Hay alguien en la puerta. Son testigos de Jehová. Mierda. Esto es el fin.

Santiago Maco es
un publicista gay de 30 años, trabaja en Santiago en una de las
agencias más importantes del mundo. Fue a un colegio católico/británico y
durante dos años vivió en Italia, mientras estudiaba arte. No deja de
ser conservador: ha tenido sólo dos relaciones largas en su vida y ahora
lleva cinco años de noviazgo con Manuel, un catalán.
 

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