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Sepa por qué algunos no dejarán que sus hijos sigan viendo Bob Esponja

Un estudio de la Universidad de Virginia dice que el personaje amarillo causa hiperactividad, nerviosismo y lagunas en la concentración.

Por:  El Dínamo

Lleva los pantalones escolares del guitarrista de AC/DC y es el dibujo favorito de alguien tan egomaniaco como Liam Gallagher. Pero no son las malas compañías las que le han generado una dudosa fama. Después de los ataques epilépticos que supuestamente provocó el capítulo 38 de Pokémon a unos 700 niños japonenes y de las quejas de las asociaciones de padres por los alegres calvos de Shin-Chan, es el turno de Bob, la esponja amarilla que vive en una Piña en el fondo del mar.

La Universidad de Virginia ha publicado un informe en el que cuestiona al personaje que cocina cangreburgers. Si bien el teórico pop Raúl Minchinela explicó en el texto ‘Economía sumergida’ que lo que le alarmaba del personaje era la felicidad con la que este se sometía a la rutina de los trabajos basura, estos académicos critican el ritmo frenético de la serie que podría provocar hiperactividad, nerviosismo y lagunas de atención entre los niños.

Angeline Lillard, catedrática de psicología de la Universidad de Virginia, respondió la consulta de si, realmente, Bob Esponja es dañiño para los más pequeños. “Afecta directamente a su atención. Es decir, después de ver Bob Esponja, su habilidad para focalizar y comprender disminuye considerablemente.”, señaló.

¿A qué se debe?

Bob Esponja tiene un ritmo muy rápido y los niños no son capaces de asimilarlo. No pueden concentrarse y más si han visto un episodio, como suele suceder, justo antes de ir a la escuela.

¿Y dosificando los minutos de visionado?

Los niños tienden igualmente a identificarse con el personaje. Y, en este caso, es hiperactivo, histriónico y frenético. Tratarán de imitarlo.

Entonces, ¿qué dibujos son recomendables?

Todos aquellos que calmen y eduquen de una forma pausada. Un buen ejemplo es Caillou.

¿Deben los padres tener más cuidado?

En general, sí. Sobre todo en función de la edad del niño. La televisión debe ser percibida como una actividad pasiva y, aunque se ha demostrado que puede generar mejor vocabulario y otros efectos positivos, no hay que abusar.

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