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El Dínamo

La increíble bitácora de un deportista en el Cerro Torre, uno de los más difíciles de la Patagonia

Este relato y fotos corresponden a la aventura de Diego Señoret en la popular montaña de 3133 msnm ubicada en el borde oriental del Campo de hielo Patagónico Sur.


Deporte Aventura

10 de noviembre, 2016

Autor: Diego Señoret

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Lugar: Cerro Torre

Altura: 3.133 MSNM

Cordada: Seba Rojas – Andrés Zegers – Diego Señoret

“El Andrés viene mirando una ventana en Chaltén, parece que se vienen como 8 días buenos y quiere hacer el Torre”, me decía el Seba terminando la llamada con Andrés. Lo pensamos unos momentos, vimos que efectivamente había una ventana muy buena y dijimos “el Cerro Torre lo vale, dejemos todo y vamos”. Estaba todo lo que necesitábamos, ahora había que solo partir.

Ese mismo día a las 12 de la noche figurábamos los tres en el aeropuerto para llegar al vuelo de Andrés a las 02.00 am. Con Seba volábamos a las 05.00 am y el plan era juntarnos como a las 13.00 en Puerto Natales para comprar la comida y preparar las mochilas en la casa de Steve Schneider, un gringo escalador que va todos los años a Torres del Paine con su mujer Heather. Ellos son muy buenos amigos nuestros y también de Andrés, con quien han compartido desde hace muchos años.

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Ese día salimos como a las 16.00 hacia El Calafate, donde llegamos ya de noche. Nuestro itinerario estaba medio justo ya que esto era un día miércoles 6 de enero y Andrés tenía su pasaje de vuelta para el lunes 11… teníamos los días contados para poder lograr la hazaña.

Una hora después, tomamos rumbo hacia el campamento Niponino, y luego de 4 horas de caminata, ya estábamos instalados en nuestro primer campamento. El día siguiente era clave, teníamos objetivos bien claros y teníamos que lograrlos a toda costa:

  • Cruce de glaciar
  • Cruzar campos de hielo sur por el Col Standhart
  • Bajada de glaciar hacia Circo de Los Altares
  • Subir hasta base del Cerro Torre por lado Oeste

La caminata empezó como a las 03.00 y no paró hasta las 11.00, momento en que quedamos parados frente al Cerro Torre. Hacía harto calor ese día y nos preguntábamos cómo estaría el hongo del último largo, cómo estaría la calidad del hielo. Entonces decidimos que el último largo, que es el más difícil, había que hacerlo temprano, antes de que el sol lo derritiera y lo hiciera menos consistente.

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Descansamos todo ese día y a las 12.00 de la noche nos pusimos a escalar. Cuando despertamos, me di cuenta que las pilas de mi frontal se habían enfriado y no prendía la linterna. Tuve que escalar las primeras 5 horas sin luz, pero no fue gran inconveniente ya que el color blanco del hielo se contrasta con la noche y se puede ver. Además Andrés y Seba me alumbraban en las pasadas más difíciles.

La estrategia se ejecutó bien; hicimos toda la primera parte en simultáneo hasta El Elmo, ahí comenzamos a asegurar y cuando amaneció como a las 05.00 estábamos terminando los largos de mixto y ya estábamos en la parte alta de la pared, donde aparecen los largos de hielo más impresionantes que he visto en mi vida. Hielo sólido, 90 grados verticales y unos hongos que parecen de otro planeta. La escalada es bonita, muy limpia. Los seguros quedan muy sólidos, los piolets y los crampones entran firmes en el hielo y avanzábamos rápido, sin contratiempos. Nunca había estado en una cordada tan decidida y comprometida con el objetivo, todos sabíamos lo que nos habíamos jugado para ir al viaje y lo costoso que era. Cumplir este sueño era algo que no podíamos dejar pasar.foto-4-1

Llegamos al último largo como a las 10 de la mañana después de haber pasado por unos túneles increíbles de hielo azul. Ahí estábamos, en el último paso para llegar al momento más esperado. Andrés agarró la punta de la cuerda y se puso a escalar. El hielo no estaba tan sólido en algunas secciones y le costaba poner protecciones. Después de más de una hora dándolo todo se metió en ese túnel final y salió. Ahí recién me di cuenta que ya estábamos. Andrés ya estaba arriba y a nosotros nos quedaba sólo un paso para llegar a la cumbre de uno de los cerros más lindos y difíciles de la Patagonia. Andrés nos aseguró a mí y al Seba y yo me puse a escalar lo más rápido que podía. El último largo es difícil, es técnico y es sicológico. Tiene secciones de nieve vertical e incluso desplomado y eso lo hace un desafío muy difícil y mental para en que va de primero.

Me acuerdo que paraba sintiendo los dedos muy fríos y los brazos cansados. Miraba para arriba y veía que quedaba cada vez menos. Crucé el último túnel después de la travesía y me encontré con Andrés que nos aseguraba desde una ante cumbre, entonces me dijo: “anda a la cumbre Diego, espéranos allá”. Seba venía harto más atrás así que ni lo pensé y empecé a caminar a la cumbre. De repente vi la cumbre a unos pasos. A mi cabeza llegaron todos esos momentos de sacrificio que he hecho por la escalada, todos los momentos difíciles de la vida, los años de escalada y experiencia para llegar a esto, el recuerdo de los seres queridos. Un momento muy emocionante, estaba cumpliendo uno de mis sueños en ese cerro. Cuando llegué a la cumbre me puse de rodillas y me quede mirando todo el impresionante alrededor.

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Al rato veo que viene el Seba, muy feliz. Su cara lo decía todo, nos dimos un tremendo abrazo. De ahí venía el Andrés… su cara también lo decía todo, no podíamos estar más felices y emocionados. Todo este gran momento me hizo dimensionar el significado de esta cumbre para todos.

Después de ese momento único de la vida, bajamos. Durante la bajada vimos el empeoramiento del clima, los últimos rapeles los hicimos con viento, nieve y poca visibilidad. Llegamos al campamento como a las 5 de la tarde y la maratón seguía. Ese día bajamos hasta Circo de los Altares donde hicimos un campamento, muy cansados. Al día siguiente quedaba el día más agotador. No paramos de caminar desde las 5 de la mañana hasta las 8 de la tarde para llegar exhaustos Chaltén, muy felices. Pizza y Cerveza, sus festejos entre nosotros y a dormir. Al día siguiente teníamos que tomar el bus a las 07.00 para El Calafate, donde nuevamente no encontramos pasajes en bus, esta vez de vuelta a Natales. Taxi, cerrar los ojos y pagar una vez más.

En la tarde llegamos a Natales, nos tomamos un par de cervezas en el clásico local Baguales mirando las fotos y al rato Andrés se tomó un bus para el aeropuerto, su pega y su familia lo esperaban. Con Seba nos quedamos una noche más donde nuestro amigo Chalo, que siempre nos recibe allá. Al día siguiente viajamos a Santiago. Cansados pero felices después de haber hecho esta locura que nos llevó a cumplir un sueño. Una locura y una montaña que quedará en nuestros recuerdos y que valdrá la pena por el resto de nuestras vidas.

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