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El Dínamo

“Esa vieja loca maravillosa”: carta de estudiante chileno por Juan Gabriel es lo más compartido del día

Un estudiante de historia dedicó algunas palabras al artista que falleció ayer producto de un infarto.


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29 de agosto, 2016

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La carrera de Juan Gabriel llegó a su fin ayer tras fallecer producto de un infarto. Millones de fanáticos en todo el mundo lloraron su partida, mientras que otros decidieron homenajearlo de la mejor manera posible.

Así quiso hacerlo el estudiante de Historia, Luis Guichard, quien a través de un post en su cuenta de Facebook le dedicó sentidas palabras a quien fuera conocido como el “Divo de Juárez”, por la influencia que tuvo en él y en la comunidad LGBT.

Es así como comienza su relato señalando que con su deceso, es inevitable poner en perspectivas sus “experiencias maricas”, las que en sus 25 años, todas tienen relación con “esa vieja loca maravillosa”.

“Cuando era más chico, debo confesar que Juan Gabriel me provocaba mucho rechazo: en su personalidad afeminada, en sus gestos y su voz aguda percibía todo aquello que no quería ser, pero que en el fondo identificaba como rasgos de mi propia personalidad. El rechazo –y quizás hasta repulsión– que me producía se multiplicaba al escuchar las burlas y gritos que los hombres adultos a mi alrededor proferían en su contra, y que me indicaban todo lo que no debía ser“, indicó.

Posteriormente, ya más adulto, “y específicamente el encuentro con el feminismo, me permitió acercarme a su vida, y ver en él a un ídolo indiscutible, un modelo a seguir, digno de admiración por todo lo que enfrentó en su vida“.

“Aceptar su imagen es vivir de manera positiva todo aquello que me enseñaron como errado o abyecto: un color de piel, una apariencia física, una forma de habitar el cuerpo desde lógicas que escapan a ese macho latinoamericano símbolo de violencia y miserias varias”, prosiguió.

Antes de concluir, reflexionó: “Juanga es la loca más grande entre las locas. La que más insultos aguantó, la que más se expuso en contra de esa idea de vivir “piola y en privado” en tiempos en que aquello era mil veces más difícil que hoy. Por eso y más le debemos mucho. En su ambigüedad y carisma, las colas aprendimos a encontrarnos con nuestras madres, en aquella banda sonora almodovariana que son nuestras vidas de pobres, cada domingo escuchando “Querida” entre el almuerzo y las mañanas de aseo”.

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