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Madurescencia: La etapa que invita a resignificar la segunda mitad de vida

Por entre los 45 y los 65 años se transita un período de reinvención personal que desafía los estereotipos sobre la madurez y la vejez, el cuál cada vez se vuelve más popular.

Los tiempos han cambiado. A menudo escuchamos frases como: “los 40s son los nuevos 30s” para referirnos a la vitalidad con la que hoy se viven las distintas décadas. Para las mujeres, a lo largo de la historia, la edad es un tema que algunas prefieren omitir a toda costa, mientras otras optan por ponerle vida a los años.

De acuerdo con un informe de World Population Review —basado en datos de la ONU, el Banco Mundial y la OMS—, la esperanza de vida de las chilenas alcanza un promedio de 83,5 años. Esto supera en más de cuatro años a la de los hombres, cuyo promedio se sitúa en 79. Sin embargo, antes de ingresar formalmente a la vejez, se atraviesa un período poco difundido, pero estudiado desde hace dos décadas: la madurescencia.

¿Qué es la madurescencia?

Este concepto define una suerte de segunda “adolescencia”, que experimentan quienes transitan entre la adultez y la vejez (aproximadamente entre los 45 y 65 años). Según detalla el medio Infobae, este hito viene acompañado de profundos cuestionamientos sobre la reinvención personal, la búsqueda de nuevos propósitos y la revalorización de la experiencia acumulada.

El término tiene su origen internacional en 2006, cuando los investigadores Robert Morison, Tamara Erickson y Ken Dychtwald publicaron en la Escuela de Negocios de Harvard el estudio “Managing Middlescence” («Gestionando la mediana edad»). En él analizaron a profesionales de entre 35 y 55 años que experimentaban agotamiento, estancamiento y cansancio en sus roles laborales habituales.

En el ámbito local, la periodista, escritora y gerontóloga Trinidad Ried es una de las pioneras en poner este concepto sobre la mesa. A través de su novela para adultos “Encuentro con la soga“, busca abrir espacios de conversación sobre un proceso que afecta tanto a hombres como a mujeres, aunque —según observa— son ellas quienes se muestran más dispuestas a dialogar al respecto.

“Pensé como mucha gente lo hace, que solo me estaba pasando a mí este cuestionamiento de cómo había vivido hasta ese minuto y cómo quería seguir viviendo. Empecé a pasarlo muy mal, porque venía en piloto automático, como una locomotora”, relata Ried sobre el momento en que identificó lo que le ocurría.

Su libro encarna estas inquietudes a través de 13 mujeres que enfrentan las ataduras que les impiden avanzar hacia una vida plena. En la ficción, las protagonistas son invitadas a un misterioso encuentro en una hacienda en Santiago, donde mujeres mayores y sabias las guían para liberarse de sus ataduras.

“Ese fue el punto de inflexión para darme cuenta que yo ya estaba saliendo de una madures, pero para construir una nueva identidad para mi vejez, dejando atrás lo malo y que no hacía sentido conmigo”, reflexiona la autora. La obra busca incentivar una conversación interna para que cada persona identifique qué resuena realmente con sus metas en esta etapa.

Los desafíos organizacionales y personales

Los hallazgos de la Escuela de Negocios de Harvard apuntan a que las empresas e instituciones también deben adaptarse a esta realidad. En una fase donde se cruzan la experiencia acumulada con la necesidad de reinvención, se vuelve crucial que el entorno laboral adopte un rol activo, ofreciendo nuevos desafíos, capacitación continua y la oportunidad de ejercer roles que aprovechen estratégicamente el conocimiento de sus colaboradores más experimentados.

Sin embargo, el desafío más profundo no es laboral, sino personal. La madurescencia propone dejar de mirar la segunda mitad de la vida como un declive inevitable o una simple cuenta regresiva. Al contrario, se presenta como una oportunidad única para despojarse de expectativas ajenas, tomar el control del propio relato y entender que envejecer no es perder vigencia, sino ganar la libertad de decidir quién se quiere ser en adelante.

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