Para ningún amante del buen vino es novedad que Chile siempre sobresalga a nivel mundial y es que las características únicas que favorecen las cosechas, tienen que ver principalmente con la gran diversidad de valles y el reconocimiento de sus cepas tintas y blancas en rankings internacionales.
La enóloga y gerenta de vinos premium de Emiliana, de origen español, Noelia Orts, conversó con Mujeres D sobre esta industria que terminó por cautivarla a través de los sentidos y que la mantiene hace 15 años viviendo en nuestro país, del cual dice que se enamoró.
Crisis hídrica que se arrastra por años y los efectos del cambio climático son factores importantes a considerar para todo aquel que trabaje la tierra y Noelia nos cuenta cómo enfrentan estos temas.
—¿Noelia, usted es española, en su tierra también producen vino, por qué decidió venir a Chile y quedarse acá?
—Bueno, vine a trabajar a una vendimia supuestamente por tres meses y luego viajar por América Latina, pero la verdad me llamó mucho la atención el país, el encontrar viñedos integrados con la naturaleza, los distintos tipos de clima de norte a sur y de cordillera a mar, que terminé quedándome.
También aquí existe esa libertad de poder plantar la variedad de uva que tú creas conveniente. Claramente tiene que pasar un proceso por el SAC y todo eso, pero no estaba esa limitante de las denominaciones de origen. Y lo último, me cayeron bien los chilenos (ríe).
—Justamente usted menciona el clima como algo que le gustó de nuestro país, pero hoy en día el cambio climático impacta en todos los frentes. ¿Cómo describiría usted su impacto en la vitivinicultura nacional?
—Hemos visto lluvias o sequías muy prolongadas o años de mucha lluvia y en periodos cortos de tiempo. También se está viendo mucho las olas de calor no solo en verano, sino en primavera y eso también afecta mucho al desarrollo fenológico de la vid y por tanto todos estos eventos no traen solo problemas de plagas y enfermedades como hongos, por ejemplo, sino también traen problemas como que se dificulta la madurez.
Por ejemplo, si tienes olas de calor, la planta se bloquea y no continúa haciendo su fotosíntesis.
—Hay estudios que sugieren hacer mezclas entre uvas maduras e inmaduras
—Yo diría de cosecha más temprana que inmadura. Por ejemplo, yo hago un 100% Carmenere, un 100% Cabernet y obviamente empiezas a cosechar a lo mejor un poco más temprano, entonces por ejemplo rescato la acidez, pero a lo mejor no rescato el volumen en boca, y luego las que vienen después me van a dar volumen en boca, entonces, ahí tú juegas también. Es como un ensamblaje de la misma variedad cosechada en distintos momentos.
—¿Cuáles son los cambios visibles que usted ve con este efecto del cambio climático?
—Hemos visto bastante heterogeneidad. Cada año es distinto, no hay como un patrón constante.
Si hemos notado que las ventanas de cosecha se adelantan mucho, esa es la norma. Hay algún año excepcional que se puede retrasar un poco, pero en general son cosechas más adelantadas y más comprimidas. Otra de las cosas que también hemos evidenciado, es el daño que hace el sol en la piel de de las bayas.
—¿Pero se sigue manteniendo la vendimia entre marzo y abril?
—Depende de donde tengas tu viñedo. Por ejemplo en Colchagua parto en marzo, pero puede que un año muy caluroso parta la última semana de febrero. Tengo una uva en Limarí, que el primero de febrero ya estamos cosechando, pues es un clima y un suelo distinto.
—Hasta hace muy poco se hablaba de crisis hídrica que podría estar afectando a los viñedos, hoy ya no sabemos si esa crisis sigue o existe un superávit porque básicamente ha llovido de forma irracional ¿Cómo les ha afectado la escasez de agua en el manejo de los viñedos y de la producción?
—Nuestros cultivos no son de los que más necesitan agua. Usan mucho menos que un cítrico o los paltos. Lo que empezamos a hacer desde hace ya bastantes años es que todas las decisiones de riego se basan en mediciones técnicas.
Tenemos sondas en los viñedos donde monitoreamos la humedad en tiempo real en un computador. También usamos cámaras Scholander que miden la cantidad de agua que hay dentro de la planta, entonces sabes que tan estresada está, si necesita más o menos agua.
También hacemos calicatas, que son perforaciones en el suelo. Por ejemplo, después de haber hecho un riego o a la semana de un riego lo hacemos para evaluar si realmente llegó a la profundidad que tú quieres o si está suficientemente húmedo o no. Aunque llueva mucho, hay que ser súper razonables con el uso del agua.
—¿Y cómo lo han solucionado en años de escasez?
—Regando en los momentos más precisos. En Limarí por ejemplo decidimos hacer algo más boutique, de pequeña producción y se utiliza mucho menos agua. Le tienes que dar lo justo y necesario.
—¿Y los últimos episodios climáticos afectan los viñeros?
—Hasta ahora todo lo que ha llovido es beneficioso, porque estamos en un proceso en el que se está empezando a formar la flor, todavía no se abre. Hasta ahora estamos bien.
Lo que si hace la lluvia es enfriar el suelo, entonces eso retrasa un poco el desarrollo y vamos un poco más lento, pero implementamos cultivos de cobertera de distintas especies sembrados entre la viña y el camino. Estos absorben el agua y hacen que en lugar de correr se filtre, por tanto el suelo se mantiene húmedo y eso nos ayuda a empezar a regar más tarde.
—¿Cuánto sería regar más tarde?
En este campo de Colchagua podríamos estar regando los primeros días de enero y cosechamos en marzo.
—¿Estos cambios se reflejan de alguna manera en la calidad o sabor de los vinos?
—Lo que yo he evidenciado es que las acideces se van mucho antes, y claro, las acideces están en muchas variedades. Hay variedades que aguantan mejor y otras que las pierden antes, entonces tienes que estar muy atento.
—¿Qué medidas están tomando al respecto?
—Si bien la agricultura es un rubro que siempre ha estado a merced de los eventos climáticos, yo creo que somos los más acostumbrados a tener sorpresas. Básicamente las medidas es todo lo que hemos hablado. Agua, manejo de canopia, selección de variedades y también que nos hemos movido más al sur, en Biobío porque aunque son zonas en las que llueve más y en el verano igual hace calor, pero dura menos.
Entonces, hemos migrado y muchas de las viñas también están haciendo eso, pero también soy fiel creyente de que no podemos estar arrancando todo el tiempo.
¿Cómo proyecta o cómo ve la vitivinicultura nacional quizás de aquí a 10 años ?
Mira, estamos en un escenario que no es el más favorecedor porque a nivel global hay un descenso en el consumo de vino. Me imagino a Chile achicándose en el tema vitivinícola, no siendo el productor del nivel actual, sino produciendo menos.
Creo que van a sobrevivir aquellos productores que tienen ese vínculo en particular con este mundo del vino, porque la van a pelear hasta el final y me imagino un Chile no de producción tan masiva, me imagino un Chile de vinos más premium, así como también más producción de vino blanco, porque es la tendencia y todos estamos girando hacia allá.