El nuevo Boric

La violencia y destrucción de lo común no es ni será nuestro camino; dijo con fuerza -y esta vez sin matices- el candidato de Apruebo Dignidad frente a la violencia y destrucción del último 18-O. Una declaración que sorprende tomando en cuenta su pasado reciente y a quienes lo rodean.

Por Verónica Munita Periodista. Analista de Actualidad
Boric intenta caminar hacia el centro tratando de parecer creíble con socios y con un pasado que lo torpedean cada vez más. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Boric intenta caminar hacia el centro tratando de parecer creíble con socios y con un pasado que lo torpedean cada vez más. AGENCIA UNO/ARCHIVO
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Un nuevo candidato asoma en la carrera presidencial. Bien peinado, chaqueta y camisa casual, además de anteojos cuadrados que le entregan un look antiguo e intelectual, reflexivo y contenido. El mismo que hace siete años llegó a la Cámara de Diputados a revolucionarlo todo, desde el look de los honorables hasta su forma de trabajar. Hoy se ha vuelto irreconocible en los debates y con sus últimas declaraciones. Su última estrategia es mostrar moderación y ganar votos del centro. Esos que Yasna Provoste abandonó.

Es Gabriel Boric, quien hoy condena sin matices la violencia desatada durante las celebraciones del 18 de octubre: “La violencia y destrucción de lo común no es ni será nuestro camino”. En los debates, ha asegurado que no le va a temblar la mano para castigar los actos de delincuencia en La Araucanía. Pero es el mismo que hace dos años increpaba a los militares que salieron a intentar poner orden en medio del caos al inicio del llamado estallido social. Quien se negó a apoyar el proyecto contra barricadas y saqueos y uso de fuegos artificiales.

No era sorprendente esa posición, como sí lo es la que hoy tiene como candidato presidencial. Porque su historia política carga con hechos relacionados con el terrorismo que hoy prefiere queden en el olvido y por los cuales ha tenido que pedir más de una vez perdón. Como cuando se reunió con uno de los asesinos del senador Jaime Guzmán y se fotografió riendo con una polera donde aparecía el fundador de la UDI con un disparo en la cabeza. Y cuando se comprometió a defender el legado del Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

Más tarde ha defendido reiteradamente la liberación de los supuestos presos políticos que ellos llaman de la “revuelta”, e incluso recibió una agresión cuando fue a visitarlos a la cárcel para entregarles su apoyo.

Su nueva actitud antiviolencia también es contradictoria con la que exhibe hoy el Partido Comunista, uno de los pilares de lo que podría ser su gobierno si logra llegar a La Moneda. Durante las manifestaciones del lunes 18, se vio a Jadue y a otros personeros en Plaza Italia acompañando las celebraciones, que se fueron de control y terminaron ocasionando innumerables daños.

Miembros de su equipo más cercano también fueron parte de esas manifestaciones. Doris González, quien trabaja en su comando y es muy cercana a Nicolás Maduro, hizo un activo llamado a salir a las calles, como también lo hicieron varios representantes de Apruebo Dignidad.

El día anterior, además, el presidente de ese partido, Guillermo Teiller, había señalado que el 15 de noviembre ellos no estuvieron por la paz, sino sólo por una nueva Constitución. Una nueva justificación para el uso de la violencia como medio legítimo para lograr objetivos políticos. Avanzar sin tranzar, han repetido sus compañeros, mientras Jadue amenaza con que no permitirá que se mueva una coma del programa que aún no suben nuevamente a Internet tras bajarlo para ajustarlo.

Algo que complica la estrategia del candidato, que no sólo trata de mostrar apoyo a la paz, sino que también gobernabilidad frente a sus pares de Apruebo Dignidad. Obliga a recordar lo vivido por Allende, cuando a diferencia de la realidad actual, el PC era el moderado, mientras los socialistas presionaban por cambios más radicales.

Así, Boric intenta caminar hacia el centro tratando de parecer creíble con socios y con un pasado que lo torpedean cada vez más, apretándolo y condenándolo. 

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