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Tierra de sangre

Muchas veces he señalado que es cada vez más difícil desarrollar guiones cinematográficos originales al punto que los grandes productores norteamericanos se dedican a los remakes y los reboots.

Hace ya bastantes años, cuando era niño, vi una película chilena (cuyo nombre no recuerdo) que mostraba a unos esquiadores a los que sorprendía la noche. Llegaban a una cabaña y una anciana, iluminada por una lámpara, les contaba una historia de amor y de violencia. Terminada la historia y llegado el día, los deportistas proseguían su viaje.

El esquema de Tierra de sangre, dirigida por el treinteañero norteamericano James Katz, es el mismo. Y es que el “racconto” es parte del cine mismo. Baste como ejemplo el famoso Titanic, de James Cameron (1997), y películas como Los sospechosos de siempre, de Bryan Singer (1995), que reservan una sorpresa final.

No voy a contar el argumento, sino que me voy a limitar a ejemplificar cómo – para uno como yo que ha visto más de tres mil películas en su vida – ciertos estilemas tienden a repetirse.

Lo que empieza como un filme romántico, con ambientación del siglo XIX, al estilo de Silvio Caiozzi o Raúl Ruiz, poco a poco empieza a transformarse en un producto que se inspira a Roger Corman y las realizaciones de la Hammer Films. Es así como de la suntuosa mansión con ejército de sirvientes se pasa a sótanos húmedos y lúgubres, de personajes ricamente ataviados a indefensos seres humanos que claman por sus vidas. Todo esto con referencia a los más sombríos cuentos de hadas europeos, como Barba Azul o aquéllos con bosques donde deambulan monstruos asesinos o se desplazan carruajes de la muerte.

A todo esto se agrega el monje taumaturgo, que cura con el vino especial que se produce en el lugar y que pretende exorcizar al demonio. Y – ¡atención! – nada de conflictos sociales o políticos.

Con un reparto cosmopolita (mexicanos, chilenos, norteamericanos y un francés de origen noruego) la película va a gustar a los que buscan entretenerse sin sorprenderse demasiado.

Muy convincentes las actrices (Aislinn Derbez, Camila Hirane); definitivamente sobreactuados los varones (Francisco Pizarro Saenz de Utury aka Cosmo Gonik, Aurélien Wiik, José María de Tavira).

(Tierra de sangre. 2014)

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Foto del Columnista Germán R. Pinto Perry Germán R. Pinto Perry