Secciones
Opinión

Delirios de poder

En un país tan rico, como diverso, perverso y desigual, sucedió que un hombre cuya voluntad de poder es delirio, su pasión es fanatismo y su determinación es autoritarismo, fue presidente. Trump es el culpable de darle el golpe de nocaut al país que hizo de la democracia su buque insignia.

La grandeza no es un atributo que abunde en los supuestos “líderes” mundiales que hoy conducen los destinos de los países que influyen en el rumbo del quienes habitamos este planeta. Esta afirmación que hace un tiempo hubiese sido un supuesto, hoy es comprobable, al menos por quienes tenemos una parte de la percepción de la realidad.

Desde finales del siglo XIX, los constructores de los sistemas en los que vivimos, nos enseñaron a apoyarnos en pilares que no han podido soportar incursiones violentas e impredecibles, producto de acciones individuales que rompen con la inercia de la tradición, del inexorable cambio tecnológico, del progreso económico y social, de la sustentabilidad y hasta de la eterna discusión acerca de cómo resolver el flagelo de la desigualdad, que es en definitiva el factor determinante de la aparición de oportunistas disfrazados de falsos profetas. Algunos, los llamarán populistas, para mi gusto personal; “falsos profetas”.

El siglo XX tuvo ejemplos claros que quebraron los sistemas, como Hitler o Stalin, y otros de menor relevancia que demostraron a los diseñadores de modelos que los seres humanos pueden tener la ductilidad para mover lo que supuestamente está establecido.

Y para esto, se requieren tres capacidades: voluntad de poder, pasión o fanatismo y fuerte determinación para la ejecución de sus intenciones. Hasta finales del siglo pasado, parecía que el país más influyente, poderoso e imperial de los últimos doscientos años, era el único que no había puesto en riesgo sus dos pilares fundamentales: la democracia y la libertad. Más allá de las diferencias entre republicanos y demócratas, y de algunas situaciones confusas que salieron a la luz en cuentagotas (asesinatos, poder mafioso, espionaje, persecuciones étnicas e ideológicas), los preceptos de país libre y democrático seguían indemnes.

Pero en un país tan rico, como diverso, perverso y desigual, sucedió que un hombre cuya voluntad de poder es delirio, su pasión es fanatismo y su determinación es autoritarismo, fue presidente. Y como todo falso profeta, no acepta nada que tenga que ver con su fracaso personal, no hay derrota para evaluar y, por lo tanto no hay aprendizaje, por ende, el falso profeta es tan ignorante como violento.

Trump es el culpable de darle el golpe de nocaut al país que hizo de la democracia su buque insignia, aunque esa democracia no se vea reflejada en un espacio de convivencia. Porque la inequidad social es la que llevó a un personaje como Homero Simpson (El reflejo del hombre ordinario americano), a elegir un falso profeta que lo saque del abismo, sin pensar en que se estaba profundizando un abismo mayor: la intolerancia y la violencia de grupos a los que la integración social les importa poco.

¿Se puede hablar de democracia y libertad en un país tan próspero en recursos materiales y tecnológicos, como tan pobre en términos de racismo, de elitismo, de inequidad económica, de una sociedad salvaje en la que sólo sirve la supervivencia del más apto, o el más violento? Queda demostrado que, en un país en el que casi la mitad de los votantes eligió a Trump para ser reelecto, la democracia y la libertad no representan los conceptos que aprendimos. Tal vez porque con esa democracia no todos conviven pacíficamente, no todos pueden comer, no todos se educan y no todos se curan.

El asalto frenético y fanático al Capitolio es el acto de fanatismo que ha dejado al descubierto las fisuras de una gastada superpotencia que ahora deberá intervenirse a sí misma, haciendo foco en las profundas debilidades materiales y emocionales de una sociedad quebrada, de la que Trump se aprovechó con su locura de poder eterno, sus verdades absolutas y disparatadas, y su potencial para comprar voluntades. Tal vez, Trump sea el Nerón del siglo XXI, incendiando en un día lo que se construyó en casi tres siglos.

Surge ahora la pregunta: ¿Quién salvará al mundo “libre”? Lo único que podemos asegurar hoy es que, el país que es cuna del marketing va a necesitar un reposicionamiento. Y es urgente. Y tal vez a partir de este fin de ciclo se requiera de un nuevo concepto de lo que significa la democracia y la libertad. Ahí estará el trabajo de marketing.

Por nuestra parte y desde nuestro lugar en el mundo, preocupémonos por entender las realidades que nos tocan vivir y aprendamos de esta lección, en la que derecha e izquierda son lo mismo en manos de delirantes, por lo tanto, evitemos las fantasías de los falsos profetas. Pensemos.

Notas relacionadas







Alberto Fuguet:

Alberto Fuguet: "Si hay un escritor en la familia, es porque hay algún problema en esa familia"

Si la amistad entre un hombre y una mujer se midiera por cuantas veces han tenido una conversación, se podría decir que María José Viera-Gallo y Alberto Fuguet son “viejos amigos”. Desde los años 90 han conversado en persona y por chat, en cafés y bares, caminando de día por la Alameda o de noche por Manhattan. Últimamente suelen cruzarse en los pasillos de la Escuela de Literatura Creativa de la Universidad Diego Portales, donde ambos hacen clases. Esta conversación, sin embargo, ocurre por llamada telefónica vía chat Gmail en un afán, dice la entrevistadora, por reencontrarse con la era predigital, off camera, donde se sitúa el último libro de Fuguet: Ushuaia (Tusquets). Una novela, tal como lo describió esta revista, “emocionalmente precisa sobre lo que se arrastra y no se dice, sobre finales y comienzos y sobre dos destinos melodramáticos”.

María José Viera-Gallo

La innovadora propuesta tributaria de Jorge Claro:

La innovadora propuesta tributaria de Jorge Claro: "Hay que pensar fuera de la caja"

El empresario inmobiliario, financiero, agrícola, del reciclaje y las telecomunicaciones, fundador del grupo Prisma, exdueño del Canal del Fútbol, tiene como preocupación principal (“hobby”, dice él) el desarrollo de las políticas públicas. Ha pasado horas, días, meses, calculando una reforma tributaria alternativa. Una que busca recaudar a través del consumo y que reduciría la tasa corporativa del 27% al 10%. Todo eso, dice, sin estresar las cuentas fiscales. “Este sistema que yo propongo no se va a hacer en este gobierno ni probablemente en varios más. Pero al final se va a hacer. Porque a la larga la lógica termina imponiéndose”, dice convencido.

Gabriela Villalobos
El jefe del Partido Sin Filtros

El jefe del Partido Sin Filtros

Aunque ha prometido mejorar las formas, pocos esperan que cambie su estilo atropellado, entre otras cosas porque ha sido exitoso: Poduje es el ministro más conocido y apreciado del gabinete, el que de alguna manera lleva la llama de la esperanza, el único con la energía insultante y combativa que aprendió en Sin Filtros, ese programa de televisión que hoy es el único think tank que sostiene, y al mismo tiempo atormenta, al gobierno.

Rafael Gumucio


Cómo hablar de lo difícil

Cómo hablar de lo difícil

Eso es lo que separa la propaganda de la credibilidad. Un liderazgo puede equivocarse, e incluso impulsar medidas impopulares, pero cuando comunica algo en lo que genuinamente cree y logra explicar con claridad hacia dónde conduce el camino, transmite coherencia.

Foto del Columnista María José Naudón María José Naudón