Hacia una nueva generación de técnicos innovadores

Análisis empíricos muestran que las empresas que participan en sistemas de entrenamiento de aprendices son más innovadoras que aquellas que no lo hacen.

Por Felipe Jara Director de Innovación, Transferencia y Emprendimiento de Inacap › Actualizado: 20:23 hrs
Estudiantes de liceo técnico perteneciente a la SOFOFA (Agencia UNO/Archivo)
Estudiantes de liceo técnico perteneciente a la SOFOFA (Agencia UNO/Archivo)
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Un nuevo actor irrumpe hoy con fuerza en el panorama de la innovación y el emprendimiento en Chile: la educación técnico profesional como agente de innovación y difusor de tecnologías para la sociedad.

Análisis empíricos llevados a cabo en países líderes en innovación y formación técnico profesional, como Suiza y Alemania, muestran que las empresas que participan en sistemas de entrenamiento de aprendices son más innovadoras que aquellas que no lo hacen (Rupietta, C. & Backes-Gellner, U., 2012).

La implementación de sistemas de alternancia es un elemento central para incorporar tecnología y conocimiento –desde el punto de vista de la empresa– y proveer educación práctica y un contacto laboral temprano, desde el punto de vista de la institución de formación técnico profesional y del estudiante.

La nueva Estrategia Nacional Formación Técnico Profesional en Chile plantea la alternancia como una forma de acortar la brecha entre las necesidades del mercado laboral y las capacidades de los estudiantes y egresados de la formación técnico profesional. Esta estrategia va en la dirección correcta para permitir que empresas no solo incorporen conocimiento y técnicas para “estar al día”, sino que nuevas capacidades para innovar en mercados actuales o nuevos.

Los mecanismos de alternancia permiten conectar a los estudiantes con el mundo laboral de forma temprana, intercalando experiencias de aprendizaje en el trabajo con la enseñanza teórico-práctica provista por la institución de educación en sus laboratorios, salas de clases y talleres.

La alternancia permite a la empresa contar con talento joven, dispuesto a aprender y a aportar desde el nuevo conocimiento obtenido en sus estudios. Los estudiantes potencian los procesos de difusión de conocimiento que son probadamente necesarios para que las empresas se actualicen, adopten nuevas técnicas y metodologías y así avancen a estadios de mayor eficiencia y competitividad.

La alternancia permite contar con verdaderos agentes de cambio capaces de sintetizar una mirada externa basada en su currículo –alineada con las cualificaciones requeridas por el mercado laboral– con una mirada interna, una vez que ha logrado incorporarse a procesos y rutinas que le permitan aportar conocimiento y soluciones durante su entrenamiento (Rupietta et al., 2021).

Estos agentes de cambio, con la adecuada preparación teórica, espacio de influencia en la empresa y el contacto interdisciplinario y colaborativo con otros técnicos y profesionales, son capaces de influir en el desarrollo e implementación de nuevas prácticas y procesos organizacionales.

Asumiendo que los estudiantes “aprendices” cuentan con una buena preparación teórico-práctica para ser un aporte en la difusión y adopción de conocimiento y tecnologías en la empresa, es necesario que concurran al menos algunos de los siguientes elementos culturales y socio-organizacionales a nivel empresarial:

– Un espacio de alternancia bien estructurado donde el estudiante pueda desplegar sus capacidades tanto técnicas como transversales (habitualmente llamadas “blandas”).

– Un adecuado liderazgo y valoración de su mentor o quien cumpla el rol de jefatura mientras dura la alternancia.

– Un balance entre tareas mecánicas y complejas, que permitan generar aprendizajes significativos al estudiante y posibles soluciones incrementales para la empresa.

– Un espacio laboral que valore y acoja las buenas ideas que surgen desde niveles operativos.

– Una adecuada capacidad de absorción de nuevo conocimiento.

Tanto la Nueva Ley de Educación 21.091, como la Estrategia Nacional Formación Técnico Profesional, son impulsos que van en la dirección correcta para lograr más y mejores aprendizajes para los estudiantes que eligen este curso de educación y para las empresas que necesitan incrementar sus niveles de innovación y competitividad en el mercado.

Países como Suiza y Alemania, conocidos por el diseño e implementación de políticas sistemáticas y consistentes de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación, han confiado tradicionalmente en estos sistemas de alternancia para provocar innovaciones. Ahora le toca a Chile.