Nuevo conflicto entre Israel y Hamás: escalada mayo 2021

Sólo a través de un proceso de paz comprehensivo que lleve a la solución de dos Estados, y que termine con este largo status-quo, se podrá garantizar la coexistencia pacífica en esta región. Para ello, es fundamental terminar con la construcción de asentamientos judíos, negociar el estatus definitivo de Jerusalén y desarmar al movimiento Hamás.

Por Isaac Caro Director del Magíster en Estudios Sociales y Políticos de la UAH. Experto en relaciones internacionales › Actualizado: 19:56 hrs
Esta escalada ha sido de mayor intensidad, mostrando que los proyectiles de Hamás son ahora capaces de alcanzar gran parte del territorio israelí. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Esta escalada ha sido de mayor intensidad, mostrando que los proyectiles de Hamás son ahora capaces de alcanzar gran parte del territorio israelí. AGENCIA UNO/ARCHIVO
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Desde este lunes 11 de mayo de 2021, se ha producido una escalada en el conflicto entre Israel y Palestina, el que se ha manifestado en ataques de las fuerzas israelíes en contra de objetivos en la franja de Gaza en respuesta al lanzamiento de cohetes por el movimiento Hamás hacia territorio israelí. El detonante de la crisis actual está relacionado con los planes de desalojo por parte de Israel de seis familias árabes del barrio Sheij Jarrah de Jerusalén oriental. Sin embargo, este no es un conflicto nuevo, sino que tiene algunos precedentes importantes que responden a un largo bloqueo en el proceso de paz israelí-palestino.

En diciembre de 2008 y enero de 2009, las fuerzas israelíes llevaron a cabo la operación Plomo Fundido, que tenía por objetivo terminar con la infraestructura y armas de Hamás, así como con el lanzamiento de los cohetes utilizados por esta organización. Un nuevo enfrentamiento se produjo entre julio y agosto de 2014, tras una serie de eventos que se desencadenaron luego del asesinato de tres jóvenes israelíes en un asentamiento judío de Cisjordania. En la ocasión, Israel lanzó la operación Margen Protector sobre el territorio gazatí. En 2018, meses después de la denominada “Gran marcha del retorno”, protesta palestina en contra de Israel, tuvo lugar un nuevo enfrentamiento entre ambos actores.

De trasfondo, está la paralización en el proceso de paz palestino-israelí, lo que ha significado la no aplicación de los Acuerdos de Oslo de 1993, que visualizaban la creación de un Estado Palestino, perpetuando así la ocupación israelí de territorios palestinos. Al mismo tiempo, ha existido una creciente polarización política del lado israelí, con la presencia de una extrema derecha con retórica anti-árabe, y también del lado palestino, prevaleciendo la organización islamista Hamás. En este contexto, un punto de partida de los reiterados conflictos entre Israel y Hamás dice relación con la victoria de esta organización en las elecciones palestinas de 2006, y el posterior enfrentamiento armado entre esta entidad islamista y Fatah, principal partido político de la Organización de Liberación Palestina (OLP).

Como consecuencia de las tensiones entre estas dos principales agrupaciones palestinas, la Autoridad Nacional Palestina (ANP), representada en Fatah, gobierna la Cisjordania, en tanto que Hamás tiene el control de la franja de Gaza. Por otra parte, a diferencia de la ANP, que es partidaria de un proceso de paz con Israel bajo la fórmula de dos Estados, Hamás, considerado como movimiento terrorista por Estados Unidos y algunos Estados europeos, busca la constitución de un Estado palestino a partir de la destrucción del Estado de Israel.

Ahora bien, el conflicto actual cuenta con algunos factores que son nuevos y que lo diferencian de los eventos anteriores. En primer lugar, la escalada ha sido de mayor intensidad, mostrando que los proyectiles de Hamás son ahora capaces de alcanzar gran parte del territorio israelí, sin que el escudo antimisiles de Israel logre destruirlos a todos en el aire. De este modo, se muestra que las operaciones anteriores “Plomo Fundido” y “Margen Protector”, llevadas a cabo por Israel, han resultado en un rotundo fracaso, pues no lograron terminar con la capacidad ofensiva del movimiento islamista.

En segundo lugar, se registran enfrentamientos entre palestinos y judíos al interior de Israel, esto es entre ciudadanos israelíes. Estas tensiones, algunas de ellas violentas, se han dado en las ciudades de Haifa, Lod, Tiberías y Jaffa, muchas de ellas eran hasta ahora ejemplos de convivencia pacífica entre estas comunidades. La población musulmana de Israel, de alrededor del 20% del total, se identifica fuertemente con la causa palestina, mostrándose ahora más activa que antes. Sectores extremistas de ambos lados han avivado estos enfrentamientos intercomunitarios.

En tercer lugar, los nuevos eventos se dan en un contexto marcado por la suscripción de los recientes acuerdos de Abraham, por los cuales primero Bahrein y los Emiratos Árabes Unidos, y después Marruecos y Sudán, reconocieron al Estado de Israel estableciendo relaciones diplomáticas con este. Estos acuerdos fueron criticados por algunos Estados árabes y por la ANP, que señalaron que la resolución del conflicto palestino debía ser previa a cualquier reconocimiento al Estado judío. La escalada entre Israel y Hamás parece colocar en una situación incómoda a estos cuatro Estados, donde crecen las manifestaciones populares en contra de Israel y las voces que se oponen a este reconocimiento, que visualizan que el tema palestino es prioritario en la agenda del Medio Oriente.

En cuarto lugar, la escalada de mayo de 2021 tiene su origen en la situación que afecta a Jerusalén. Para Israel, es una ciudad “indivisible”, reunificada tras la guerra de los Seis Días (1967), capital del Estado. Para Palestina y gran parte de la comunidad internacional, es una ciudad que debe ser la capital de Israel y también de un Estado Palestino. En la práctica, es una ciudad sagrada para las tres religiones monoteístas y profundamente dividida, en términos históricos, culturales y religiosos.

Finalmente, se debe señalar que sólo a través de un proceso de paz comprehensivo que lleve a la solución de dos Estados, y que termine con este largo status-quo, se podrá garantizar la coexistencia pacífica en esta región. Para ello, es fundamental terminar con la construcción de asentamientos judíos, negociar el estatus definitivo de Jerusalén, desarmar al movimiento Hamás, y normalizar las relaciones entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina.