¡No te metas con las niñas!

La pandemia y medidas de confinamiento han traído como correlato el alza en las cifras de violencia y abuso en contra de niños y niñas, siendo estas últimas las que según información entregada por la PDI constituyen el 85% de quienes han sido víctimas de este tipo de delitos.

Por Harry Grayde Director ejecutivo World Vision Chile › Actualizado: 19:08 hrs
"El confinamiento y la convivencia obligada con quienes son agresores agudiza y/o da continuidad a una situación preexistente". AGENCIA UNO/ARCHIVO
"El confinamiento y la convivencia obligada con quienes son agresores agudiza y/o da continuidad a una situación preexistente". AGENCIA UNO/ARCHIVO
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La violencia en contra de niños y niñas es una situación a la que lamentablemente nos vamos “habituando” en nuestro país, violencia que tiene múltiples expresiones, que van desde no validar sus opiniones –no reconociéndoles como sujetos de derechos- hasta la ocurrencia de delitos sexuales que les afectan en el espacio en la que niños y niñas deberían estar y sentirse protegidos/as, esto es en su familia, con toda la diversidad que este grupo representa en la actualidad.

La pandemia y medidas de confinamiento que han tomado las autoridades para lograr la disminución de las alarmantes cifras de contagio por COVID-19, han traído como correlato el alza en las cifras de violencia y abuso -5% en relación a 2020- en contra de niños y niñas, siendo estas últimas las que según información entregada por la PDI constituyen el 85% de quienes han sido víctimas de este tipo de delitos.

El confinamiento y la convivencia obligada con quienes son agresores agudiza y/o da continuidad a una situación preexistente que, al igual que en otras expresiones de violencia, tiene un componente que responde a un “orden de género” que cosifica el cuerpo de niños, niñas y adolescentes, en particular, que son las principales víctimas de quienes, muchas veces, van construyendo una relación de confianza que genera sentimientos ambivalentes en las niñas que no comprenden cómo alguien que las ama y cuida, es la misma persona que las “abusa”.

La cosificación del cuerpo de las niñas responde a una mirada adultocéntrica que, muchas veces, busca responsabilizarlas de la situación que viven; habitual es escuchar argumentos respecto de la vestimenta de las niñas y adolescentes, características físicas de las niñas abusadas como “causa” que busca justificar una conducta que bajo ningún punto de vista la tiene.

La prevalencia de una mirada adultocéntrica basada en un orden de género que desvaloriza a las mujeres y niñas está presente en la estructura social que se expresa en el ámbito público y privado, siendo este último el reflejo de una sociedad que no escucha y muchas veces busca silenciar las voces de niños y niñas. La violencia y el abuso tienen múltiples consecuencias en quienes la viven, afectando no sólo su presente, sino que puede comprometer su futuro. Así, la violencia contra los niños y las niñas tiene consecuencias a largo plazo y poco reconocidas para su salud, incluidos problemas de desarrollo social, emocional y cognitivo (OMS).

Por ello, es importante tomar medidas ahora y no continuar siendo testigos y cómplices de una situación que afecta a miles de niñas y niños de nuestro país. La sociedad civil tiene un rol importante en la prevención y promoción de los derechos y la protección ante vulneraciones y abusos sexuales contra la niñez y principalmente contra niñas.

Pero también necesitamos al Estado siendo enérgico, pues hasta ahora no ha logrado dar una respuesta de políticas públicas a la altura de lo que las niñas y niños merecen. Necesitamos un Estado que tenga “alertas tempranas activas” en salud primaria, escuelas y comunidades; un Estado activo en la movilización de la comunidad como actor preventivo, protector, pero también denunciante; un Estado que fortalezca las competencias y habilidades de los propios niños, niñas y adolescentes para autoprotegerse, buscar ayuda y también alertar a sus adultos protectores cuando estén siendo amenazados y amenazadas; necesitamos un Estado activo judicialmente en la acusación y posterior condena de quienes cometan delitos; un Estado que genere acciones de cambio cultural y erradicación del predominio de las culturas de dominio de género y adultocéntricas.
En World Vision creemos y trabajamos por un Estado promotor de derechos y preventivo; más promoción y prevención es menos vulneración.

Debemos hacer frente a una situación que nos debe no sólo conmover para hacer campañas por redes sociales o pegar carteles en las calles, sino que nos debe hacer cambiar, transformar nuestras concepciones y acciones, y movilizarnos como sociedad hacia el respeto profundo de los niños, niñas y adolescentes y sus derechos.