Los cambios que debemos impulsar en la industria de la climatización

Deberíamos preocuparnos de incentivar el uso de las tecnologías avanzadas. Ellas serán cada vez más demandadas, en la medida que puedan ser reconocidas. Pero es muy difícil lograr el reemplazo de los equipos obsoletos en materia de eficiencia e impacto medioambiental, si la regulación no nos acompaña.

Por Javiera Trebilcok Trabajadora Social › Actualizado: 19:04 hrs
Enfrentaremos períodos de calores exacerbados y los inviernos seguirán imponiendo la necesidad de calefacción. En ese sentido, la tendencia indica que se requerirán más equipos. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Enfrentaremos períodos de calores exacerbados y los inviernos seguirán imponiendo la necesidad de calefacción. En ese sentido, la tendencia indica que se requerirán más equipos. AGENCIA UNO/ARCHIVO
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Asumimos el duro golpe que significó el informe recientemente publicado de la ONU sobre el cambio climático. Ante el daño irreversible que la humanidad ha generado sobre el planeta, todas las industrias deberíamos reconocer nuestra cuota de responsabilidad y trabajar duramente para detener el impacto negativo. Es por eso que, desde el sector de la climatización, debemos reconocer que tenemos nuevas obligaciones, partiendo por el tipo de tecnología que promovemos y por la forma en que entregamos información a los consumidores para que puedan distinguir entre alternativas con impactos medioambientales muy diversos.

Nuestra obligación es urgente, porque sabemos que el uso de tecnología para la climatización de hogares y oficinas crecerá mucho junto con el proceso de calentamiento global. Es un hecho que enfrentaremos períodos de calores exacerbados y los inviernos seguirán imponiendo la necesidad de calefacción. En ese sentido, la tendencia indica que se requerirán más equipos, no menos. Y, por ello, la tarea de impulsar el uso de dispositivos más eficientes, que no generen impacto sobre la capa de ozono y que tengan un menor potencial de calentamiento atmosférico, es todavía más urgente.

Entre los esfuerzos más importantes que la industria debe asumir, está la promoción de sistemas eficientes en el uso de energía y que generan ahorro en el corto plazo. Nuestro aporte en este sentido consiste en reducir la presión sobre la matriz eléctrica. Nos referimos a los equipos que usan la tecnología Inverter, que permiten climatizar de manera inteligente, con bajo consumo energético y promoviendo fuentes de generación de energía eléctrica renovables.

Los equipos utilizados en la industria de la climatización también pueden distinguirse por el tipo de gas refrigerante que emplean. Es muy distinto un gas compacto, como el R32 empleado en Europa y que aún no se introduce de manera masiva en Chile, que el tipo de refrigerantes predominantes en los sistemas comercializados hoy en día en el país, denominado R410. El gas R32 puede ser reutilizado fácilmente en su totalidad porque es 100% puro, tiene 0% de potencial de agotamiento sobre la capa de ozono, es 10% más eficiente y lo más significativo, impacta un 70% menos sobre el calentamiento global que el R410.

Deberíamos preocuparnos de incentivar el uso de las tecnologías avanzadas. Ellas serán cada vez más demandadas, en la medida que puedan ser reconocidas. Pero es muy difícil lograr el reemplazo de los equipos obsoletos en materia de eficiencia e impacto medioambiental, si la regulación no nos acompaña en este esfuerzo, ya que dependemos de motivaciones diversas y de la buena voluntad de las empresas.

Actualmente, los equipos más eficientes en el uso de energía se catalogan con los mismos sellos que los menos eficientes. La norma de climatización está atrasada en 20 años respecto de Europa. Y, asimismo, las etiquetas de los productos son poco claras y no informan ni diferencias la eficiencia de los equipos.

Nuestra industria tiene que promover el cambio para detener el daño. Esto pasa por tomar la valiente decisión de impulsar el reemplazo tecnológico, ofreciendo lo más eficiente y lo que genera menos impacto. Pero nuestro sector también requiere un marco legal, regulatorio y de etiquetado que permita hacer las distinciones necesarias para que el consumo de estas tecnologías pueda hacerse de manera responsable y con total conocimiento por parte de los consumidores.