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Reportajes

CADEM: las denuncias que pueden terminar con el negocio de la encuestadora favorita del gobierno

Desde el inicio del Gobierno, Cadem ha cerrado tratos por más de $736 millones con el Estado. Pese a esto, le empresa enfrenta una serie de denuncias por temas laborales que podrían obligarla a dejar el mercado público. Aquí, los reclamos de quienes cada semana sondean los anuncios de Palacio.

Por 14 de Mayo de 2019

Las cifras no mienten. La reconocida empresa de encuestas Cadem sigue siendo la favorita de La Moneda a la hora de medir el pulso ciudadano: desde junio de 2018 la compañía ha obtenido contratos con la Secretaría General de Gobierno prácticamente todos los meses.

Según datos de Mercado Público, desde el regreso del Presidente Sebastián Piñera a Palacio, Cadem ha cerrado tratos por más de $736 millones con diferentes reparticiones públicas. La cifra es más que una buena noticia para la empresa, después de las constantes críticas que han puesto en duda lo más fundamental de su negocio: la metodología de sus encuestas, la precisión de sus resultados y su independencia política.

Pero en las oficinas de Cadem no todos festejan. La alta cifra de ingresos que ha circulado por la prensa desde inicios de 2019 hizo estallar una bomba entre los trabajadores que integran el sindicato. “Es algo que no se explica”, dice Jessica Angulo, su presidenta.

Esto, porque a inicios de 2018 la compañía comenzó una reestructuración interna que ha reducido de forma drástica la cantidad de trabajadores que asisten diariamente al call center de la firma ubicado en Providencia. En las oficinas donde alguna vez hubo 140 encuestadores, hoy predominan las sillas vacías. “Ya quedamos menos de 50”, asegura Jessica Angulo.

¿Las razones? Desde la gerencia de Asuntos Públicos de Cadem indican que la transformación digital está impactando con fuerza en el mercado de las encuestas, reemplazando operadores telefónicos por formularios online. Pero los trabajadores del call center cuentan una historia distinta.

Acusan que la empresa comenzó a contratar encuestadores para que trabajen desde sus casas a través de boletas de honorarios. “Un negocio redondo por donde se le mire. No tienen que pagarles AFP, ni salud, ni seguro de cesantía, tampoco vacaciones, ¡nada! Se ahorran hasta los equipos, la luz y el agua”, dice una ex encuestadora que hoy está en tribunales para exigirle a Cadem la indemnización que le corresponde por más de seis años de servicio.

El problema, dicen los trabajadores, es que su sueldo se sostiene en función de la cantidad de encuestas realizadas y esa cifra se fue a pique: ya no pueden hacer horas extras y son los trabajadores de casa los que tienen la prioridad cuando se abre un nuevo sondeo. Entre los trabajadores sindicalizados del call center la remuneración mensual ha bajado en hasta un 50% durante el último año y la respuesta de la empresa la califican como una “encerrona”: renunciar para irse a trabajar desde sus hogares o negociar el despido.

Los antecedentes de Cadem en la Dirección del Trabajo revelan un problema sostenido en temas laborales. En los últimos cinco años acumula 17 multas por un total de $18,6 millones. Algunas de las razones, por no pagar remuneraciones, incumplir contratos, no detallar cómo se calculan los sueldos, tener servicios higiénicos en malas condiciones, entre otras.

En los juzgados laborales la historia se repite. Según datos del Poder Judicial, desde 2012 la empresa ha sido demandada 27 veces por despidos injustificados, remuneraciones no pagadas y prácticas antisindicales, entre otras materias. La mayoría ha terminado en acuerdos conciliatorios: Cadem ha pagado más de $30 millones en acuerdos con trabajadores despedidos. Un camino alternativo mucho menos dañino, ya que de ser condenada podría perder la posibilidad de realizar contratos con el Estado.

El desplome del Call Center

Jacqueline Landeros, encuestadora y tesorera del sindicato, lleva más de 9 años en la empresa. Antes de los últimos cambios no había mayores problemas, dice: “Teníamos mucho trabajo. Ganábamos alrededor de $500 mil, hasta $700 mil mensuales. Trabajábamos hartas horas extras, pero era parte del acuerdo con la empresa”.

Ella trabaja 30 horas semanales haciendo encuestas en las oficinas de Cadem. Es su único trabajo. En marzo de 2019 el sueldo bruto de la encuestadora llegó a los $297.155 (vea esa liquidación). Casi la mitad de los $515.494 que alcanzó en octubre de 2018, trabajando la misma cantidad de días (vea esa liquidación). La remuneración está compuesta por un pago base de $184.000 y va subiendo una vez que las trabajadoras cumplen una cuota mínima de encuestas. “El problema es que cada vez cuesta más superar esa meta. Yo ahora no he faltado ningún día, he cumplido con todas las horas y voy a hacer $210 mil”, explica Jacqueline.

Liquidación marzo 2019 – CADEM by on Scribd

Liquidación octubre 2018 – … by on Scribd


Fue a comienzos de 2018 que las condiciones empezaron a cambiar. “Un día pasó una coordinadora puesto por puesto preguntando si teníamos notebook en la casa, si teníamos internet y qué velocidad tenía”, relata la presidenta del sindicato, Jessica Angulo. “El plan de la empresa era que nos fuéramos a trabajar desde la casa, pero dijimos que eso no correspondía, porque no era lo que decía nuestro contrato”, agrega la dirigente.

La postura del sindicato fue que para irse a las casas, debían pagarles el finiquito. Pero la respuesta de la empresa fue un portazo: si querían trabajar desde la casa debían renunciar y por ende perder lo que les correspondía por sus años de servicio.

Después de eso todo se puso cuesta arriba, según las trabajadoras. Despidieron al turno de los fines de semana y se acabó el contrato con el Banco de Chile, uno de los estudios más preciados, porque era una encuesta corta que permitía sacar más comisión. Comenzaron a ver cómo llegaban personas externas a capacitarse, que luego trabajaban desde sus casas. Se acabaron las horas extras y continuaron los despidos.

Pero el golpe de gracia, según las trabajadoras, fue el cambio en la calidad de la base de datos, que es el conjunto de números telefónicos dispuestos para cada encuesta. “Cuando se abre un estudio, la base de datos está limpia. Fresquita. Ahí es cuando más rinde. Pero ahora nos dan acceso a la base de datos después de que haya pasado por la gente que trabaja desde la casa”, dice Jessica Angulo. En la práctica, explican, eso es trabajar con “lo que botó la ola”: las cuotas más difíciles, los números que no funcionan y los encuestados que más cuestan.

Las trabajadoras se encogen de hombros y aseguran que sus colegas están endeudadas, agotadas y frustradas. “Las encuestas son largas, tú puedes estar con un cliente 25 minutos y te pagan dos mil pesos. Los computadores están malos, se quedan pegados y perdemos encuestas, tiempo. La gran mayoría somos mujeres separadas que llevamos la casa y cuando tu sueldo baja un 50%, un 60%, no dejas de comer ni de vivir, dejas de pagar. Eso colapsa a cualquiera”, concluye Jacqueline.

Si no le gusta, se va

Según las trabajadoras, el sindicato le pidió explicaciones al gerente de Operaciones, Víctor Solervicens. Los sueldos habían caído drásticamente, pero ellas veían cómo semana tras semana llegaban nuevos encuestadores externos a capacitarse. La respuesta no fue alentadora:

Nos dijo “miren chiquillas, yo creo que la mejor opción es que ustedes negocien su despido, porque después nos vamos a estar mirando las caras y me van a reclamar que no hay trabajo”, asegura Jessica Angulo.

Pero para las trabajadoras que llevaban más años, negociar el finiquito era ir a pérdida. “El gerente nos adelantó que la empresa no tenía dinero suficiente para pagar lo que correspondía y que nosotras debíamos presentar una oferta”, relata Angulo.

En enero de 2019, el diario La Segunda publicó la cifra que percibió Cadem durante 2018 solo gracias a contratos con el Estado: más de $956 millones. En el cuerpo del reportaje, Roberto Izikson, gerente de Asuntos Públicos de Cadem, sostenía: Esos $956 millones solo hablan del prestigio y la capacidad que tiene nuestra empresa para hacer estudios de todo tipo. Tenemos un call center de 100 posiciones”.

“Le llevamos el artículo al gerente de Operaciones, pero él dijo que eso era solo venta y que en realidad pedían préstamos para pagarnos los sueldos. Para mí eso es una burla, porque todas las semanas sigue llegando gente a capacitarse para las casas”, sostiene la dirigente.

Consultados por El Dínamo, desde la empresa señalaron que no han incurrido en incumplimientos laborales: “Si una señora que trabaja en el call center no está satisfecha con el sueldo que gana, tendrá que buscar trabajo en otro lado. Qué más podemos hacer si viene a trabajar y todos los meses se le paga el sueldo que está pactado en su contrato”, argumentan.

La realidad desde casa

No está claro cuánta gente ha sido contratada por Cadem para trabajar desde el hogar, pero hay un grupo de coordinación en Whatsapp que puede dar una idea: tiene más de 100 integrantes.

Paula es una de ellas. Trabaja hace tres meses desde su hogar. Le pasaron el dato y postuló a través de la web de Cadem. La entrevistaron y le explicaron las condiciones del trabajo: sin contrato, sin sueldo base y con boleta de honorarios. Tomó el empleo, porque lo necesitaba. Tiene 28 años, estudia y debe mantener a su hijo, sola. Dedica en promedio 5 horas al día a las encuestas y en el mejor mes ha sacado $190 mil.

“El mejor momento es cuando llegan los estudios nuevos. Después de unos días ya baja la producción, entonces una sabe que hay que aprovechar y sacar más cuando se abre la base de datos. Después ya es mejor desconectarse”, explica.

La historia se repite conversando con más personas que se han sumado al teletrabajo. Francisca tiene 24 años y una hija. Las encuestas representan su único ingreso. El padre dejó de pagar la pensión, porque quedó sin empleo, dice. El teletrabajo le acomoda, porque en la mañana estudia en un instituto y luego se dedica a las encuestas entre las dos y las seis de la tarde, mientras su hija está en el colegio. Así consiguió alrededor de $150 mil en el último mes.

“Me hicieron la capacitación por cinco días en las oficinas de Cadem y ahí me dijeron que el pago dependía del tipo de estudio, pero la verdad es que todavía no sé cuánto me deberían pagar por cada encuesta que hago”, dice.

Los encuestadores que trabajan desde la casa están dedicados a dos tipos de estudio: las encuestas de calidad de servicio de la compañía de telecomunicaciones WOM y la encuesta política Plaza Pública, que regularmente hace noticia en los medios por el nivel de aprobación del presidente, los políticos mejor evaluados y el impacto de los anuncios de La Moneda.

Álex (22) comenzó hace poco más de un mes, no tiene hijos y decidió dedicarle todo su tiempo a las encuestas. En Cadem le dijeron que si se conectaba entre cuatro y cinco horas de lunes a domingo podría sacar $250 mil. Quería más, así que se conectó desde las 9 am hasta las 7 de la tarde, con una hora de colación, incluso sumándole el sábado, pero cuando vio el saldo, desistió: sacó $140 mil. Fue a reclamar a la empresa y ahí se enteró de que le habían anulado algunas encuestas.

“Me dijeron que no sondeaba, que no preguntaba más, que no redondeaba. Pero en Plaza Pública, por ejemplo, te hacen preguntar lo mismo de cinco formas distintas, que si el presidente lo ha hecho bien, que si el presidente ha generado más empleo, incluso si la gente dice ‘Piñera’ tú tienes que pedirle que diga el nombre completo y ahí la gente te corta”, asegura el joven.

Otro obstáculo, según Álex, es que el sistema que le instalaron en el computador para hacer las encuestas se cae permanentemente. “Yo le pregunté a una coordinadora por qué pasaba eso y me dijo que era porque había mucha gente conectada desde la casa”, explica.

La historia que se cuenta en Tribunales

Las disputas laborales entre empleador y empleado no son algo nuevo para Cadem. Desde 2012, los juzgados de trabajo ubicados en el centro de Santiago acumulan 27 demandas hechas por ex trabajadores en contra de la reconocida empresa de encuestas. Los motivos son principalmente despidos injustificados, sueldos impagos, vulneración de derechos fundamentales e incluso una demanda por multirut que fue ganada por el sindicato en 2016. El fallo obligó a considerar como una sola unidad a las dos razones sociales que se habían fusionado en 2012 -Cadem e Iccom SpA- y a pagar casi un millón de pesos.

Fallo Multirut Cadem S.A. – Iccom SpA by Gabriela Pizarro on Scribd

Sin embargo, hasta el día de hoy la empresa actúa por separado en la práctica. Las operadoras del call center están contratadas por Iccom, mientras que los encuestadores de casa envían sus boletas de honorarios a Cadem S.A.

De las 27 demandas pesquisadas por El Dínamo, siete han sido rechazadas, mientras que en nueve la empresa ha llegado a un acuerdo conciliatorio con quien demanda antes de que se dicte sentencia. Esos acuerdos le han costado a Cadem más de $30 millones.

En algunos casos la empresa ha pagado incluso más de lo que se exigía originalmente en la demanda. La explicación para esto puede estar en el riesgo que correría el negocio frente a una condena: si es hallada culpable de prácticas antisindicales o vulneración de derechos fundamentales, Cadem quedaría inhabilitada para contratar con el Estado durante dos años.

Según la Ley 19.886 (artículo 4) “podrán contratar con la Administración las personas naturales o jurídicas, chilenas o extranjeras, que acrediten su situación financiera e idoneidad técnica conforme lo disponga el reglamento, cumpliendo con los demás requisitos que éste señale y con los que exige el derecho común. Quedarán excluidos quienes, dentro de los dos años anteriores al momento de la presentación de la oferta, de la formulación de la propuesta o de la suscripción de la convención, según se trate de licitaciones públicas, privadas o contratación directa, hayan sido condenados por prácticas antisindicales o infracción a los derechos fundamentales del trabajador, o por delitos concursales establecidos en el Código Penal”.

Entre las que sí han llegado a sentencia, está el caso de un encuestador en terreno que fue despedido injustificadamente después de trabajar más de cinco años para Cadem, sin contrato. La empresa desconoció el vínculo laboral en tribunales e incluso argumentó que el hombre había dejado de prestar servicios “porque así lo quiso”. El tribunal de primera instancia le dio la razón al trabajador, decisión que fue ratificada por la Corte de Apelaciones de Santiago, obligando a Cadem a pagarle más de $4,2 millones (vea ese fallo).

Fallo Corte Apelaciones Ruiz by on Scribd

Entre los cientos de archivos en tribunales aparecen otras historias como la de una encuestadora que trabajó durante 20 años sin contrato en la empresa. La mujer no tuvo derecho a prenatal durante su primer embarazo, trabajando hasta el día anterior al parto, y tampoco derecho a descanso tras el segundo embarazo, debiendo trabajar con una depresión post parto. Al ser despedida, según se lee en la demanda, la amenazaron con incluirla en una lista negra si recurría a tribunales. La mujer demandó a Cadem por vulneración a sus derechos fundamentales, pero la empresa le ofreció $3 millones y consiguió un acuerdo antes de que se dictara sentencia.

Demanda Sandra Morales by Gabriela Pizarro on Scribd

Entre las nueve demandas que siguen en curso, existe una por despido indirecto interpuesta por 10 trabajadores del call center que optaron por la vía judicial frente a las nuevas condiciones que impuso Cadem durante el último año (vea esa demanda).

Autodespido 10 Trabajadores… by on Scribd

También está en pleno desarrollo la demanda por prácticas antisindicales interpuesta por el sindicato de Cadem, donde acusan que los despidos durante el último año han afectado principalmente a sus afiliados. Uno de los antecedentes relevantes en esa causa será el último contrato de Cadem con el Estado: $190 millones por levantar información telefónicamente durante 2019 y 2020 para el Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (SENCE).

Según la información disponible en Mercado Público, la nómina de empleados entregada por Cadem en esa licitación incluye solo a los trabajadores que participaron de un convenio colectivo entre la empresa y un grupo negociador paralelo al sindicato.

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