Algunas claves a la hora de hablar de portafolios de inversión

Un portafolio o cartera de inversión, es la forma de agrupar diversas clases o tipos de activos -como acciones, bonos y activos alternativos- con el propósito de invertir un patrimonio y alcanzar, en algún plazo previamente estipulado, un objetivo personal dada ciertas condiciones de riesgo.

Por Pablo Méndez, gerente de Portafolios de Inversión de LarrainVial Estrategia
Algunas claves a la hora de hablar de portafolios de inversión
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Las inversiones para muchos es un concepto etéreo. Por ello, es primordial entender aspectos fundamentales de su manejo y discutir respecto a las buenas prácticas involucradas en el proceso.

El primer concepto que todo inversionista debe entender y adoptar es el de portafolios. Un portafolio (o cartera de inversión) es la forma de agrupar diversas clases o tipos de activos -como acciones, bonos y activos alternativos- con el propósito de invertir un patrimonio y alcanzar, en algún plazo previamente estipulado, un objetivo personal dada ciertas condiciones de riesgo.

Los beneficios de un portafolio de inversión, en términos simples, es equivalente al concepto de sinergia: la suma del conjunto es mayor que el agregado de sus unidades por separado. Esto, al igual que en un equipo multidisciplinario, se logra mediante una correcta selección de sus componentes. Los retornos esperados y el potencial de diversificación son los atributos a estudiar de los activos financieros.

Posiblemente, cuando leyó el concepto diversificación asoció las inversiones a la clásica frase: “no ponga todos los huevos en la misma canasta”. Es cierto. Los dichos populares llevan consigo una enorme sabiduría. En el ámbito financiero su aplicación es que, dado nuestros sesgos personales y la propia incertidumbre, somos incapaces de predecir con certeza el futuro de las clases de activo y, por consiguiente, es apropiado diversificar el dinero invertido. Sin embargo, vale la pena realizar una pequeña corrección al dicho: no todos los huevos tienen el mismo peso.

Suponga un portafolio global que tiene un 60% invertido en bonos y un 40% en acciones globales. Bajo la máxima popular y la misma teoría financiera, el portafolio está diversificado. No obstante, se sorprenderá al saber que la mayor parte de la volatilidad del portafolio (aproximadamente el 90% según documenta la literatura) se explica por el 40% de las acciones.

Como podrá haber constatado, el proceso de inversión no sólo significa invertir en los mejores activos, sino que también implica entender acabadamente la relación entre ellos y su aporte al riesgo. No es un trabajo fácil, tampoco imposible, pero lo apropiado, dada las distintas aristas del tema, es recibir la recomendación de expertos.

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