Inclusión y habilidades socioemocionales

No puede haber inclusión en la sociedad sin competencias socioemocionales en sus miembros y viceversa. Ojalá algún día dejemos el analfabetismo emocional de lado y hablemos todos un mismo lenguaje inclusivo, y logremos valorar la riqueza que se esconde tras la diversidad.

Por Denise Sznaider Psicóloga Fundación Liderazgo Chile › Actualizado: 20:43 hrs
"Todos queremos construir y convivir en un mundo más amoroso, entonces, debemos tomar este desafío y llevar esos valores y competencias humanas a la práctica de la vida misma". AGENCIA UNO/ARCHIVO
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Quizás te preguntes qué tienen que ver estos dos conceptos -entre sí- y está bien, porque a simple vista son dos temas separados. Mi intención es mostrarte cómo ambos son dos caras de la misma moneda. Y lo haré desde algunos ejemplos prácticos de la vida cotidiana.

¿Conoces a alguien con alguna discapacidad que se esté privando de algo que tú no, solo por ser distinto? Imagina entrar a un local donde hay dos cajas de atención al público. Una de ellas andida por una simpática joven Down, y la otra por un antipático y cansado señor. ¿Por quién crees que elige ser atendida la mayoría de la gente? ¿Qué oportunidades se les brinda a los jóvenes Down? ¿Por qué tienen menos opciones de ser contratados? Y no me refiero a sus limitaciones (¿quién no las tiene, en todo caso?), sino a los prejuicios sociales que giran a su alrededor.

Y hablando de prejuicios, ¿tienes algún amigo que se sienta discriminado por sentirse diferente en su género o religión, entre otros? ¿Acaso no tiene derecho a sentir lo que siente? ¿Y hacer lo que decida con su sexualidad? ¿O a vivir sus costumbres sin que lo discriminen? ¿Quiénes son los demás para juzgarlo y criticarlo? Menos derecho existe de hacerle bullying, pero eso pasa y más de lo que desearíamos. Basta con revisar los alarmantes datos estadísticos en salud mental.

Ahora, yendo al ámbito escolar, ¿cómo crees que se sienten los estudiantes con necesidades especiales en un aula que no lo incluye? ¿Pueden por sí solos superar las barreras que se levantan en sus procesos educativos? ¿Quién los apoya? ¿Qué pasa con su autoestima? Y, por otro lado, ¿cómo hace el docente para crear climas emocionales adecuados en sus aulas, integrando y valorando la diversidad? ¿Cómo acompaña las emociones de sus alumnos si no cuenta con herramientas para gestionar las suyas primero? ¿Cómo trasmite la valoración y el respeto por sobre el éxito y la competitividad, cuando, por ejemplo, un niño que trabajo en dupla con otro, lo insulta diciendo “tonto e inútil, por tu culpa no ganamos”?

Resulta triste y fácil ver en los ejemplos el porqué es importante, entonces, la educación socioemocional: para combatir la indiferencia social, la falta de empatía y compasión por el otro; para luchar contra la discriminación y el odio, la falta de educación, el miedo a lo desconocido y los prejuicios que generan mucho daño. La competencia por encima de la colaboración y trabajo en equipo, del éxito por encima del esfuerzo, la falta de códigos de convivencia, entre otros.

Como psicóloga me toca ver mucho de este padecimiento y por eso trabajo en la creación e implementación de programas de educación socioemocional para instituciones educativas, capacitando y dando herramientas a los docentes y alumnos. Para que así las nuevas generaciones no tengan que enfrentarse con estos obstáculos en el futuro. Y, a su vez, el docente gane integrando prácticas pedagógicas más inclusivas para esta sociedad cada vez más diversa.

Todos queremos construir y convivir en un mundo más amoroso, entonces, debemos tomar este desafío y llevar esos valores y competencias humanas a las aulas y a la práctica de la vida misma. Sin ellas, seguiremos reflexionando, sufriendo e incluso viviendo, pero la inclusión que tanto anhelamos seguirá siendo eso: un deseo, una necesidad.

No puede haber inclusión en la sociedad sin competencias socioemocionales en sus miembros y viceversa. Ojalá algún día dejemos el analfabetismo emocional de lado y hablemos todos un mismo lenguaje inclusivo, el del amor, y logremos valorar la riqueza que se esconde tras la diversidad. 

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