Semana de cuatro días laborales

Es de conocimiento común y aceptado que la productividad chilena per cápita está entre el 20 y 25 por ciento de la de un país desarrollado del OCDE; o sea, una chilena o un chileno produce entre una cuarta y quinta parte que su homónimo, por ejemplo, alemán. Y, bajando la jornada de trabajo, se producirá menos, habrá menores ingresos, se contraerán los impuestos que recibe el Estado.

Por Tomás Szasz Por un lado, se agarran de un supuesto informe que apela a que Chile presenta una de las prevalencias de enfermedades mentales más altas de mundo; o sea, que estamos por enloquecernos y la causa es haber trabajado demasiado últimamente. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Semana de cuatro días laborales
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La lenta recuperación económica, la liberación de las restricciones sanitarias como resultado de la excelente política anti-COVID que, a pesar de la críticas de la oposición, realizó el Gobierno – y que fue destacada por la opinión internacional como ¡la mejor del mundo! – está dando sus primeros resultados: durante el último mes se crearon más de 400.000 empleos, la mayoría contratados. El PIB aumentó. A pesar de la evidente inflación la moneda chilena se mantiene bastante firme. Todo esto alarma a la oposición, por un lado porque su principal argumento para ganar las próximas elecciones es señalar el desastroso empeño que hizo el régimen actual y, por el otro lado, el descontento general que, en la medida que disminuye y se normalice el mercado laboral, le quita argumentos electorales.

El canto de sirena de Boric incluye grandes promesas y ofertones que – y esto es lo malo – sus proponentes saben a ciencia cierta que nunca podrán realizarse. Son una mentira falaz, prefabricada y engañosa, como la zanahoria colgada frente al hocico del burro que tira del carro. El propósito es siempre el mismo: generalizar la pobreza para que sea el Estado omnipotente y omnipresente que se encargue de todo y haga dependiente de su voluntad al pueblo. Así se quiere nivelar la cancha: para abajo, excepto evidentemente para los jerarcas del régimen y sus inmediatos lacayos. Esto ya está totalmente claro, conocido, innegable en todos los regímenes dictatoriales o quasi-dictatoriales que todos conocemos.

Ahora aparece el candidato de la extrema izquierda, naturalmente secundado – y posiblemente inspirado – por el Partido Comunista con un último invento, que aparte de descabellado e irracional, atenta directamente contra la recuperación económica y un salario digno que permita, por lo menos, vivir en forma sin mayores problemas: trabajar cuatro días por semana en vez de 5. El argumento ya no es ridículo: es directamente ofensivo porque atenta contra la más mínima lógica.

Por un lado, se agarran de un supuesto informe que apela a que “Chile presenta una de las prevalencias de enfermedades mentales más altas de mundo”; o sea, que estamos por enloquecernos y la causa es haber trabajado demasiado últimamente, por lo que tenemos que descansar más y así evitar que el país se transforme en un manicomio de 19 millones de dementes. Por otro lado, tratan de aplicar a Chile un informe del OCDE según el que quien trabaja más, produce menos. En este punto ya realmente estoy ofendido: me creen tan tonto al igual que a la mayoría de las y los compatriotas como para creerlo. Finalmente, aseguran que trabajando menos, ¡aumentará su productividad! y se estará más feliz. Esto ya es rocambolesco.

Es de conocimiento común y aceptado que la productividad chilena per cápita está entre el 20 y 25 por ciento de la de un país desarrollado del OCDE; o sea, una chilena o un chileno produce entre una cuarta y quinta parte que su homónimo, por ejemplo, alemán; y es simple, infantil matemática que, si en vez de cinco días produces solo cuatro por semana, eso caerá debajo del 20%.

Si el lector cree que es todo, se sorprenderá pues ahora viene el colmo, la guinda de la torta. Para suplir la disminución de productividad por rebajar con 20% las jornadas laborales, se ofrecerán subsidios, presupuestos y protección al empleo.

Disculpe, pero ¿cómo dijo? Bajando la jornada de trabajo, se producirá menos, habrá menores ingresos, se contraerán los impuestos que recibe el Estado y, a pesar de esto, ¡se dispondrá de fondos para destinar subsidios que complementarán los sueldos disminuidos por trabajar menos. No, no puedo creerlo. No. No puedo creerlo. Gabriel Boric, candidato preferido según las actuales encuestas no sabe contar hasta cinco, o sí, sabe contar, pero o cree que nosotros no, o pretende que olvidemos cuánto es cinco menos uno. Que estemos convencidos que es seis. Y lo acompañan estadistas de renombre en esta hazaña, naturalmente incluidos e incluidas varios personajes comunistas de triste trayectoria.

Bueno, no tuve que pensar mucho cuáles son los propósitos de la iniciativa. Sigue la ya conocida línea de los retiros de pensiones en los que vamos por el cuarto. Veo claramente dos: el ya mencionado plan de emparejar la cancha hacia abajo para regir sobre la población; y ya que estamos en elecciones, publicar un proyecto que le gustará a muchos electores: trabajar menos y su sueldo disminuido será suplido por el Estado, lo que provocará nuestro grito -yo ya estoy gritando – y donde sobre los de buen sentido, que pensamos en un país mejor – tanto los del centro como de derecha, centroderecha y centroizquierda -se señalará que estamos por la explotación, y así quitarle votos a los adversarios de Boric.

Se comprueba de nuevo que en la política sucia todo vale. Vale mentir conscientemente, preparar las grandes mentiras, afirmar que cinco menos cuatro son seis, embaucar cada día más y más a un lamentablemente ingenuo electorado. Nunca creí que se podía llegar tan bajo.